El mundo de la fantasía K

En muchos aspectos, el oficialismo parece vivir en el mundo de la fantasía. ¿Y en qué radica esta aseveración? Todos los analistas serios coinciden que aún no se vio lo peor de la crisis financiera internacional y la Argentina no quedará exenta de las esquirlas de la eclosión mundial. Pero los encargados de conducir los destinos del país pareciera que no quieren o no pueden darse cuenta de la gravedad de lo que viene.
El Gobierno nacional aún no definió ni un sólo lineamiento estratégico de cómo hará para que la economía del país, que ya manifiesta fuertes signos de retracción y desaceleración, no sucumba en caso de que se confirmen los pronósticos y se profundice el crac internacional.

La Casa Rosada tiene todas las fichas apostadas a quedarse con los millonarios recursos de la AFJP, y por eso el proyecto de reestatización que podría comenzar a definirse en los próximos días en el Congreso nacional. Paradojas del destino: muchos de lo que aprobaron la privatización, ahora respaldan el proyecto K.

La creación del régimen de jubilación privada en los años ‘90 constituyó una nefasta entrega de los aportes de los trabajadores, y terminó por pulverizar las futuras jubilaciones en manejos que, en varias ocasiones, estuvieron avalados e impulsados por el poder de turno. Pero hacer un cambio radical del sistema previsional, en medio de una crisis caracterizada por la incertidumbre generalizada, es poco inteligente y por demás arriesgado. Cada día que pasa, la medida está generando mayor polémica y la Casa Rosada corre serio riesgo de sufrir un nuevo cachetazo en el Congreso nacional, lo que pondría en serio riesgo la gobernabilidad.

Un país que se precie de serio no puede cambiar las reglas del juego de un día para el otro. Y vulnerar los derechos de propiedad de los miles de aportantes que optaron, hace pocos meses, por permanecer en el régimen privado.

Ante la delicada situación que atraviesa la Argentina, se hace necesario impulsar mecanismos que inyecten confianza y los K están haciendo todo lo contrario. Se esfuerzan sólo por hacer caja, para encarar las elecciones de 2009. Pero la opinión pública, a medida que se deteriora la economía, se muestra cada vez más reticente.

El gobierno bonaerense no se despega de la Casa Rosada. Ni siquiera tiene un diagnóstico que le permita afrontar el complejo panorama futuro en materia económica, que ya está repercutiendo en territorio bonaerense con empresas e industrias que están suspendiendo personal, adelantando vacaciones y reduciendo la producción.

En la Provincia, gran parte de la dirigencia política está enfrascada en la insólita interna del Partido Justicialista, que se realizará el próximo 30 de noviembre. En una actitud que roza la irresponsabilidad absoluta, el plazo de presentación de listas, que finalizó el último miércoles, provocó una parálisis de la gestión. La Legislatura no sesionó, y así se postergó el tratamiento de proyectos que habían sido considerados claves por el propio Poder Ejecutivo, como es la reforma penal. Esta iniciativa fue reflotada ante la creciente ola de inseguridad, que sigue golpeando con fuerza a todos los sectores sociales, sin excepción.

A diferencia de otras ocasiones, los intendentes están adquiriendo cada vez mayor protagonismo en los reclamos por la seguridad. En muchos casos se han puesto al frente de las protestas populares, pese a que forman parte del oficialismo. A su vez, Eduardo Duhalde, que ha optado por mantenerse al margen de la interna, ya tiene su propia ambulancia para ir recogiendo a los heridos y los desilusionados del proyecto K. El ex presidente sueña con un armado en el que convivan Cobos, los radicales orgánicos, Felipe Solá, Francisco De Narváez, Mauricio Macri y los peronistas disidentes.

El recrudecimiento de la violencia en los hechos delictivos, pusieron en una verdadera encrucijada al gobernador Daniel Scioli que insiste con el proyecto de bajar la edad de imputabilidad para ponerle un coto al delito cometido por menores. La iniciativa, que está destinada a caer bien en los sectores que piden mano dura, le generó un dolor de cabeza al Poder Ejecutivo. Incluso se pusieron de manifiesto marcadas internas en el seno del gobierno bonaerense y Scioli tuvo que soportar, el viernes último, una marcha de organismos de derechos humanos.

La ola de delitos, que no cesa, provocó que se reflotaran los rumores sobre posibles cambios en el gabinete provincial. Incluso ayer, si bien insinuó algunas críticas a las políticas de seguridad, tuvo que salir a respaldar al ministro Carlos Stornelli, cuya posible salida se comentó en los pasillos gubernamentales luego de las movilizaciones populares que tuvieron lugar en San Isidro y La Plata.

Difícilmente, el flagelo de la inseguridad pueda solucionarse con recambios ministeriales y políticas de mano dura. La situación de miseria y pobreza que cada vez afecta a mayor número de argentinos, constituye una verdadera fábrica de delincuentes que en su mayoría son personas desclasadas con mínimas posibilidades de insertarse en el sistema.

La conjunción de recesión económica e inseguridad, sino se adoptan medidas de fondo, derivará en una crisis social. Y puede ocasionar profundos cambios políticos e institucionales.

Juan Gossen

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