El mundo debe ayudar a Obama

Por Thomas L. Friedman

De The New York Times

NUEVA YORK. El otro día hablaba con un amigo iraní sobre lo desconcertante que debe de ser para los habitantes de Medio Oriente ver que, siete años después del 11 de Septiembre, los norteamericanos eligieron presidente a un hombre llamado Barack Hussein Obama.

Sin duda, Estados Unidos debe de ser el único país del mundo que en el transcurso de una misma década es capaz de declararle la guerra a un presidente llamado Hussein (Saddam, de Irak), de amenazar con el uso de la fuerza a una nación cuyo mártir religioso más reverenciado lleva el nombre de Hussein (Irán) y después elegir a un presidente cuyo segundo nombre es Hussein.

¿Acaso no somos un gran país?

Mucho se ha escrito sobre las celebraciones en todo el mundo por la victoria de nuestro Hussein de Illinois, cuyo primer nombre, Barack, significa "bendición" en árabe. Efectivamente, es una bendición que tantas personas de tantos lugares diversos vean algo de ellos reflejado en Obama, ya sea en el color de su piel, en la religión de su padre, en su herencia africana o en su infancia de pobreza como hijo de una madre soltera. Es probable que, gracias a eso, la luna de miel del mundo con Obama dure más de lo habitual.

Pero no hay que exagerar. No bien Obama tenga que hacer uso del poderío militar norteamericano en algún lugar del planeta, el contragolpe no se hará esperar, de eso no hay duda.

Por ahora, sin embargo, su biografía, sus modos y su voluntad de probar al régimen de Irán con la vía diplomática lo convierten en alguien mucho más difícil de demonizar que George W. Bush y Dick Cheney.

"Para la línea dura de Teherán, un presidente de Estados Unidos con voluntad de diálogo plantea una dilema mucho mayor que un presidente que busca el enfrentamiento", opina Karim Sadjadpour, especialista en temas iraníes del Carnegie Endowment. "¿Cómo exigirle a la multitud que coree «Muerte a Barack Hussein Obama»? Parece más la consigna del verdugo que de la víctima.

"Obama no encaja en el discurso islámico radicalizado que presenta a Estados Unidos como un pueblo racista y sanguinario cuyo único propósito es oprimir a los musulmanes de todo el mundo. Es una disonancia cognitiva, un argumento que hace ruido, como si Hollywood eligiera a Sidney Poitier para encarnar a Charles Manson. Simplemente no encaja."

Pero mientras el mundo parece dispuesto a conceder a Obama una prolongada luna de miel, la pregunta que queda sobrevolando es todavía más importante: ¿cuánto durará la luna de miel de Obama con el mundo?

A todos esos europeos, canadienses, japoneses, rusos, iraníes, chinos, hindúes, africanos y latinoamericanos que felicitan por e-mail a sus amigos norteamericanos porque con la elección de Obama "Estados Unidos ha regresado", yo tengo una sola cosa que decirles: "¡Muéstrenme el dinero!".

No me muestren sólo su cariño. No me regalen sólo sonrisas. Su amor es voluble y durará hasta que Obama ordene el primer ataque aéreo contra una posición de Al-Qaeda en Paquistán.

No, no y no: muéstrenme el dinero. Demuéstrenme que están dispuestos a apostar y no a aprovecharse de la situación. Que están dispuestos a ser socios y accionistas en las difíciles y costosas iniciativas que el gobierno de Obama deberá poner en marcha para garantizar la libertad y estabilidad del planeta en tiempos en que nuestros recursos son escasos.

Un ejemplo: comprendo perfectamente a los extranjeros que objetan la invasión norteamericana a Irak y los groseros errores de la posguerra. Pero estoy seguro de que todo el mundo aspira a que Obama, que se opuso a la guerra desde un principio, pueda concluirla de manera digna y definitiva, especialmente ahora que existe la posibilidad de que Irak emerja, aunque caóticamente, como la primera democracia del riñón del mundo árabe musulmán.

Obama se opuso a esta guerra, pero será el responsable de llevarla a término, así que nuestros aliados bien podrían ofrecer lo que esté a su alcance -dinero, fuerzas policiales, mano de obra, tropas, apoyo diplomático- para contribuir a que el conflicto tenga un final digno. Y lo mismo puede decirse de Afganistán.

Las Naciones Unidas no quieren que Irán se convierta en una potencia nuclear y tampoco que Estados Unidos use la fuerza para impedirlo. Estoy de acuerdo. Justamente por eso, me gustaría que toda esa gente contenta en China, Francia, Rusia, la India y Alemania salga a la calle y pida a sus gobernantes que hagan uso de su enorme injerencia económica en Irán, para que los iraníes sepan que si Teherán sigue con su plan para conseguir armas nucleares pese a las resoluciones de Naciones Unidas, deberá afrontar sanciones económicas reales y efectivas.

Nada, y lo repito, nada ayudaría más a que el presidente electo lograra sellar un acuerdo diplomático con Irán que saberse respaldado por las fuertes sanciones económicas que China, la India y la Unión Europea podrían imponerle a ese país.

Justamente porque fue demonizado con tanta facilidad, Bush logró que cualquiera sintiese que podía sacar provecho del poderío norteamericano, y el pueblo norteamericano pagó el precio. Con Obama no será tan sencillo.

La libertad no es gratis

Así que a todos los habitantes del mundo yo les digo: gracias por los aplausos para nuestro nuevo presidente. Me alegra que sientan que Estados Unidos "ha regresado". Sin embargo, si aspiran a que Obama tenga éxito, no sólo demuestren su amor.

Muestren su generosidad. Muéstrenla con tropas, con esfuerzos diplomáticos. Muestren que están dispuestos a ser nuestros socios económicos. Muestren algo más que una sonrisa espontánea.

Porque la libertad no es gratis, y la excusa que tenían para no hacer todo lo que podrían hacer se va de la ciudad el 20 de enero.

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