Una multitud fue a la misa en apoyo del cura amenazado

Una multitud fue a la misa en apoyo del cura amenazado
Unas 2000 personas se congregaron en la iglesia de la villa 21 y vivaron al padre Di Paola
Fue en la calle, como siempre que hay una ocasión importante. Y ésta lo era. En la misa dominical, al aire libre, frente a la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, en plena villa 21, unas 2000 personas, vecinos del lugar y fieles de otras zonas de la Capital, se solidarizaron con el sacerdote José María Di Paola, amenazado de muerte por narcotraficantes el lunes pasado.

Bajo un intenso sol, en Osvaldo Cruz al 3400 se vivió ayer un clima de fervor, entusiasmo y emoción. Chicos, jóvenes, familias enteras manifestaron su amor hacia el padre Pepe. Y Di Paola, agradecido, devolvió ese amor y, como en la presentación del documento en el que los curas de los asentamientos aseguraron que en las villas la droga está despenalizada de hecho y que su consumo destruye a los jóvenes, a los que hace caer en la violencia y en el delito, hizo un nuevo llamado.

"Esta es una sociedad que muchas veces piensa que el problema son los menores, pero nosotros decimos: «Pensemos, porque el problema es de los grandes». Tenemos que hacer una sociedad mejor, en la que todos los chicos tengan la misma posibilidad de ir a la escuela, ir al club y tener lo mínimo indispensable, de soñar con metas y objetivos", dijo.

Tras la misa, Di Paola dijo a LA NACION, emocionado: "Estoy tranquilo. La comunidad de la villa 21 es mi familia. El amor y el cariño de la gente es muy importante. Esto me da mucha fuerza para seguir adelante".

El padre Facundo Berretta, que desde hace cinco años forma parte del equipo de curas de la villa 21-24, explicó a LA NACION: "Los vecinos del barrio pidieron la celebración de la misa expresamente para darle apoyo al padre Pepe. Es una persona muy querida por todos aquí. Y no sólo están presentes los vecinos de aquí, sino también de otras villas".

La celebración eucarística fue presidida por monseñor Oscar Ojea, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires, y concelebrada por diez sacerdotes que viven y trabajan en las villas de emergencia.

A las 11.20, apareció Di Paola. Los primeros vecinos que lo descubrieron se acercaron a saludarlo con un beso y un abrazo. Durante varios minutos, se escucharon prolongados aplausos y cánticos para él. Luego, una joven le dijo, con una voz de agradecimiento quebrada por el llanto: "Usted es nuestro padre".

Delante del altar, los fieles habían colgado una decena de cartulinas con leyendas. "Padre Pepe, su vida es testimonio y ejemplo"; "Dios te dé fuerzas para seguir con nosotros"; "Calla, reza y trabaja. Este es tu lema, ¿Pepe, por esto te persiguen?".

En el sermón, monseñor Ojea destacó: "Ustedes están haciendo una manifestación de amor al padre Pepe y al equipo de curas en las villas. La semana pasada, fue tocada la familia de Caacupé y de toda la ciudad de Buenos Aires. El documento de los sacerdotes de las villas es un sí a la vida, una apelación a lo más noble del corazón humano. Es una invitación al diálogo en un problema muy complejo. Ante la tríada tremenda denunciada por ese documento (muerte, delito y droga) no podemos mirar para otro lado.

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