Una multitud dejó bien en claro cuál es la mayor preocupación de Olavarría

La marcha por la seguridad se convirtió en la más importante que se haya realizado alguna vez en Olavarría. Todos los sectores políticos con aspiraciones y posibilidades reales de poder estaban presentes, pero no hubo pancartas ni consignas políticas. Todo transcurrió sin incidentes, aunque hubo algunos momentos de tensión, que pasaron inadvertidos para la mayoría.
Entre 6.000 y 7.000 personas transformaron la marcha por la seguridad en la movilización popular más importante en la historia de Olavarría, el signo más claro del nivel de importancia que tiene este tema para vastas franjas de la sociedad. En esa multitud se mezclaban víctimas y funcionarios, empleados y empresarios, jóvenes y viejos, hubo muchas banderas y unas pocas pancartas, alguna insultante, otra conteniendo un único, conmovedor, lacerante, reclamo de justicia por un crimen que sigue impune.

Tal como se preveía, fueron muchos los que tenían intenciones de hacer de esa marcha un espacio francamente opositor, pero sus intentos no lograron mayor eco, salvo sobre el final, cuando se hizo visible que la marcha no tenía conducción, mucha gente se quedaba porque no sabía muy bien qué hacer, nadie indicaba el momento de la desconcentración, la noche cálida invitaba a quedarse al aire libre y los más exaltados comenzaron a reclamarle al intendente José Eseverri que "dé la cara", desconociendo que el jefe comunal, después de más de media hora de estar entre la gente, había decidido irse caminando por San Martín y no estaba encerrado en su despacho como suponían muchos manifestantes.

Las coincidencias básicas de la multitud fueron el Himno Nacional, que se cantó al comienzo del acto y después que las columnas de manifestantes regresaron después de dar una vuelta por el centro, y las banderas argentinas. Después se advertía fácilmente que había oficialistas y opositores, gente que quería plantear pacíficamente su reclamo y gente con una bronca muy grande dentro del pecho, que muy probablemente hubiera estallado si el contexto hubiera sido favorable a cualquier tipo de violencia.

"A mí el sábado me robaron todo", gritaba un hombre en uno de los escasísimos incidentes que pudieron derivar en un episodio lamentable, después de haber intentado correr con intenciones beligerantes detrás de otro que quizá protestó contra alguna pancarta o defendió a algún funcionario, pero fue retenido por amigos o compañeros ocasionales, que le palmeaban la espalda y poco a poco fueron tranquilizándolo.

Probablemente fueron autoconvocados quienes se fueron detrás de un remisero que le pidió a una mujer que estaba con productores agropecuarios que bajara una pancarta de neto corte antieseverrista, directamente insultante. Después hubo alguno que otro reclamo con voz destemplada, pero rápidamente quedaba ahogado por el murmullo de la multitud que se limitaba a hablar.

Sectores

Alrededor de las 19.30 ya había grupos dispersos en la plaza y alrededores, visiblemente distintos de los habituales grupos juveniles que pueblan el sector a la hora del crepúsculo. Era fácil advertir qué esperaban. Como la movilización carecía de conductores y las únicas consignas unificadas eran el Himno y las banderas nadie parecía saber muy bien qué hacer mientras el sol iba languideciendo poco a poco.

Poco a poco se fue poblando la vereda del Teatro Municipal, donde se veía a algunos miembros de la Multisectorial por la Seguridad, la primera entidad que convocó a la manifestación. En ese lugar estaba Ernesto Cladera (Coalición Cívica), por ejemplo. En el centro de la plaza estaban Nora Gelso, Margarita Arregui, Enrique Alfieri y Carolina Szelagowski, dejando en claro que en esa zona se estaban agrupando el oficialismo y sus simpatizantes.

Juntarse en la vereda del Teatro, las escalinatas del Palacio San Martín o el medio de la plaza parecía ser la señal visible de las divisiones existentes entre los manifestantes. A la hora de la convocatoria, las 20, ya la cantidad de gente sorprendía.

Dirigentes sociales y políticos, concejales y funcionarios, desaparecían en una multitud creciente que llegaba desde todos los barrios de Olavarría. Una mujer justificaba su presencia en ese lugar en que "a mí me robaron tres veces y nunca se aclaró nada" y hablaba con alguien que perdió nada menos que un hijo a manos de un asesino todavía desconocido y completamente impune: Graciela Alderete, la madre del adolescente Germán Esteban Navarro.

"Me mataron un hijo, pero además me robaron varias veces", recordó Graciela Alderete, mientras miraba el Palacio San Martín y se preparaba para una marcha cuya importancia nadie vaticinaba aún.

Por imprevisión o por no confiar en la capacidad de convocatoria de los organizadores, lo cierto es que a nadie se le ocurrió cortar el tránsito, una medida de seguridad que parece elemental a la hora de prevenir congestionamientos. A medida que la calzada se fue poblando de gente, el tránsito se cortó solo. Eso sí: había muchos policías, discretamente vestidos de civil, en el dispositivo de seguridad montado para prevenir situaciones lamentables.

El Himno Nacional en la voz de Jairo marcó lo que fue a la postre el comienzo de una manifestación sin libreto. Todos lo cantaron mientras fotógrafos, periodistas y camarógrafos se movían buscando capturar los mejores momentos del acto. Cantaban comerciantes que sufrieron el delito en carne propia, cantaban amas de casa temerosas por sus hijos y por entrar un día a su hogar y encontrarlo violado, cantaban funcionarios que miraban la muchedumbre con un leve toque de desconfianza en las miradas furtivas que paseaban por todos lados, cantaban los productores autoconvocados que acumulan una bronca añeja contra los gobiernos nacional, provincial y municipal, cantaban ancianos que tal vez recordaban aquellos tiempos en que se podía dormir con la puerta abierta y adolescentes que todavía no aprendieron a tener miedo pero que ya se saben en riesgo.

La concejal Liliana Schwindt y el concejal Marcelo Urlézaga, opositores, cantaban el Himno, en la vereda del Palacio San Martín cantaban, codo a codo, el intendente José Eseverri y la diputada Alicia Tabarés de González Hueso.

Tal vez sea un signo de determinado estado de ánimo, tal vez fue un grito de desesperación, pero hubo muchas voces que levantaron el volumen hasta el riesgo de la disfonía al cantar "o juremos con gloria morir".

La marcha

Los dirigentes de la Multisectorial por la Seguridad salieron encabezando una marcha que salió por Rivadavia y dobló primero en Belgrano y después en Vicente López. A medida que avanzaba la columna crecía la sorpresa de quienes miraban con un poco de curiosidad y mucho de simpatía desde las veredas: la fila de personas no terminaba nunca. Se dobló por Dorrego, aunque algunos siguieron hasta Necochea. Cuando los primeros ya estaban regresando al lugar de concentración, los últimos aún iban por Belgrano.

Los dirigentes de la Multisectorial coreaban consignas como "seguridad, seguridad", en una postal de los tiempos, mientras en sus rostros se mezclaba el fervor militante con la satisfacción por lo que ya sabían que era un fenomenal éxito de convocatoria. Los sindicalistas, empresarios, ruralistas o fomentistas que forman parte de esa entidad dejaron en claro que está naciendo un movimiento cuya importancia puede ir creciendo a medida que pase el tiempo. Se juntaron, se abrazaron y comenzaron a saltar gritando "multisectorial, multisectorial" con una pasión que no podía vencer la evidente poco adecuada y no demasiado musical denominación de su grupo.

Para Julián Abad había unas seis mil personas. José Quintero, con la voz enronquecida, confesaba su imposibilidad de hacer cualquier estimación al haber estado siempre en el centro de la manifestación y haber carecido de perspectiva para calcular la gente.

Una multitud heterogénea conformaba las columnas de manifestantes. En la mayoría de los rostros había decisión pero no rabia, como si todos quisieran dejar asentado su reclamo de seguridad, de fin de la impunidad, pero sin rebasar ninguno de los límites de la tolerancia. Previsiblemente, había excepciones.

Fueron muchos, miles, los que después de cantar otra vez el Himno se quedaron frente al Palacio San Martín, muchos, centenares, comenzaron a gritar contra José Eseverri. Al principio de la movilización esas consignas agresivas fueron ahogadas por la multitud y desaparecieron sin dejar rastro. Después se hicieron notar más. "¡Que salga, que salga!" corearon unos cuantos, en cuyo lenguaje corporal se leía claramente que querían que saliera para, cuanto menos, silbarlo. Ya había habido algunos silbidos muy fuertes cuando alguien vio o creyó que veía a un funcionario. En realidad, los que silbaban lo hacían porque otro lo había hecho y no querían que se les escapara la oportunidad de repudiar a alguien.

"Que se vaya, que se vaya" fue una consigna que no tuvo mucho eco a pesar de que algunos pusieron mucho fervor en ella. "Ya empiezan con la política, yo me voy", decía una mujer, aunque prolongaba la charla con su amiga.

Más de la mitad de los manifestantes ya se había ido, pero otros seguían frente al Palacio esperando que Eseverri apareciera, muchos sin siquiera saber que el Intendente había estado en la manifestación, había hecho declaraciones de prensa diciendo que lo peor que podía pasar es que hubiera divisiones y que estaba conforme con la gente que se había reunido.

Siguieron los gritos hasta que la falta de respuesta los fue apagando.

Así terminó una marcha por ahora histórica por la cantidad de personas que se reunieron, aunque nadie sabe si también será histórica por haber servido para que los organismos del Estado responsables de proteger a los ciudadanos comiencen a cumplir su función con mayor eficiencia, conmovidos o asustados por la importancia de la manifestación.

Comentá la nota