Un muerto y un pueblo sin sus fábricas

En Río Cuarto, un hombre perdió la vida al combatir el fuego. En Charras se destruyeron una cerealera y una metalúrgica.
Charras. "Es el día más triste de mi vida. Es una tragedia tremenda porque se han quemado las dos principales fuentes de trabajo del pueblo. Agradezco a Dios que no ha habido víctimas fatales y a todos los que han colaborado. En este momento, ya se hizo de noche, y estoy viendo las llamas de 30 metros de alto en Olega. Se está destruyendo. Es dantesco", transmitió Roberto Berós, intendente y médico de la localidad.

Charras tiene apenas mil habitantes, está ubicada unos 37 kilómetros al nordeste de Río Cuarto. Es un pueblo unido que vive de la agricultura y del empleo que genera Olega y, en menor medida, su metalúrgica Tecnoline. Ayer, a las 14 se le abrieron las puertas al infierno. Ardientes ráfagas de viento trajeron el fuego a bocanadas desde Carnerillo. Las llamas avanzaron cercando el pueblo hasta ensañarse con las fábricas que le dan vida.

Oscar Gallo, ex intendente y actual encargado de compras de Olega, reveló que la planta tenía ayer, en sus distintas celdas (galpones de 70 metros de largo por 30 de ancho) entre 60 y 70 mil toneladas de maní en caja y cinco o seis mil toneladas de maní confitería terminado, listo para exportar. Gallo testimoniaba a media tarde: "Está irrespirable. Los bomberos ya no pueden ingresar. Esto es un desastre para el pueblo, si se quema la mercadería no hay qué procesar. Y acá trabajan 220 personas. Tenemos miedo que explote el zepelin que se usa para el secado de maní", expresó.

Como médico de su pueblo, Berós atendió a más de 50 personas ayer, la mitad con problemas respiratorios y el resto con irritación ocular. "Hubo algunos también con crisis nerviosas, es gente que tuvo que abandonar su casa, hemos tenido que evacuar a todos los que están a menos de 500 metros de Olega, los tenemos en el club", relató, mientras no cesaban las explosiones de materiales acumulados en la industria manicera en llamas.

Con los ojos rojos, tanto por el humo como por lágrimas de impotencia, los empleados de la firma y productores de la región compartían historias de los estragos que se viven en la zona rural, ya azotada por la sequía. "Recen por nosotros", imploró Leandra Malacarne por teléfono. La mujer, madre de dos nenes, de seis y dos años y embarazada de cinco meses, contó que las mujeres y los chicos del pueblo se pasaron toda la tarde refugiados en sus casas, con trapos húmedos en las ventanas, por temor a la intoxicación. "Está tan sucio el ambiente por el hollín, el humo. Los hombres están ayudando a los bomberos, pero mucho no pueden hacer. Vienen oleadas de viento que dan miedo. No sabemos cómo vamos a pasar la noche", dijo.

Mirta Losano expresó: "Nunca pasó algo así. A la 1 o las 2, llegó el incendio y se vio que todos los camiones disparaban. Es impresionante el fuego en la planta. Los bomberos no se pueden ni arrimar. Y en el pueblo no se puede respirar. El viento es muy fuerte. Yo tengo mi hija que trabaja en Olega y ahora se queda sin trabajo".

Otros pobladores referían que, años atrás, cuando se quemó una de las celdas de Olega (tiene cuatro) por siniestros originados por el mismo cereal, el maní estuvo ardiendo más de un mes. "No pudimos pararlo. Tratamos de evitar que llegue, hicimos cortafuegos pero no pudimos hacer nada. Nos saltó", explicó Adrián Mellano, jefe de Bomberos de General Cabrera.

Antecedentes fatales

Durante el año pasado, los incendios y el humo fueron los factores que desencadenaron dos episodios fatales.

El martes 26 de agosto, volcó un camión cisterna que iba a un incendio entre El Manzano y Candonga, y murió el bombero voluntario Mauro Ceballos (21).

Un día después, el miércoles 27 de agosto, fuego, humo, tierra y viento se combinaron en otra tragedia. En la ruta provincial 17, cerca de Villa de Fontana, chocaron un camión y un auto.

A raíz de ello murieron cuatro personas: Mario Navarro, Vicenta Ibarra (57), René Audet (61) y Rosa Céliz (58).

Comentá la nota