Las muertes jóvenes evitables

Por: Osvaldo Pepe

Si hay un estigma trágico, difícil de sobrellevar para cualquier sociedad, es el de las muertes jóvenes que no son producto de enfermedad o de lo que el lugar común denomina como "la fatalidad". Con diferente sentido, magnitudes y circunstancias, un repaso rápido dibuja en el país una lista que golpea conciencias y lastima memorias: los desaparecidos, Malvinas, los boliches Cromañón y Kheyvis, el viaje solidario del colegio Ecos de Villa Crespo. Muchas muertes juntas, que debieron y pudieron evitarse.

Este miércoles, a casi cinco años de aquel horror, la Justicia se expedirá sobre Cromañón. Puede ser un plazo razonable en un proceso judicial tan complejo. Es dudoso que para los familiares de ese holocausto adolescente haya sido otra cosa que una insoportable dilación burocrática, un calvario de corazones destrozados.

Las más recientes de esas tragedias colectivas, la que costó la vida de 9 chicos y una docente en una ruta de Santa Fe está hoy, a casi tres años, trabada en la Justicia. Los familiares, cuya movilización y denuncias llevaron a unificar parte de la legislación nacional del tránsito, denuncian que un juzgado de Reconquista dilata su sentencia y sólo apunta al conductor alcoholizado del camión que embistió al micro estudiantil y murió en el choque. Ellos, en cambio, señalan una cadena con más responsables e intereses. Por eso piden una audiencia con el juez para el viernes próximo y quieren llegar hasta el gobernador Binner. Un dato: Santa Fe, con elevado índice de siniestros en las rutas, aún no adhirió a la Ley Nacional de Tránsito. El miércoles se espera un fallo sobre 194 muertes jóvenes. El viernes, un pedido de audiencia sobre otras 10. Una sola muerte sería suficiente para una Justicia más rápida y, valga la paradoja, más justa.

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