A muerte con Kirchner y en guerra con Cobos

En el ámbito político, Jaque se peleó con los intendentes del PJ, se apoyó en el sanjuanino Gioja y tuvo un fugaz romance con el PD.
Sí, Cristina.

El vínculo entre el gobernador Celso Jaque y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner comenzó a crecer a medida de que su enemigo político, el vicepresidente Julio Cobos, se alejaba de la Casa Rosada.

Antes del “voto no positivo” del ex gobernador Cobos, a Jaque le costaba llegar a los Kirchner. En su primera visita a la provincia como presidenta, el 11 de febrero, Cristina sólo se limitó a oficializar la prórroga del impuesto al champán.

El mandatario mendocino esperaba que le otorgara los 40 millones de pesos que le había prometido para mejorar la seguridad de los mendocinos, de acuerdo a los spots electorales de Jaque. Pero debió conformarse sólo con un convenio de ayuda tecnológica para la Policía.

Cuando estalló el conflicto por las retenciones móviles a las exportaciones de granos, el Gobierno nacional, con el ex presidente Néstor Kirchner a la cabeza, propulsó un duro contraataque contra los ruralistas. Jaque marcó asistencia perfecta en cada acto oficial que se organizó para pegarle al campo. Jaque viajó a Buenos Aires para instalarse en el escenario junto a los Kirchner el 1 de abril, el 27 de mayo, el 17 de junio y el 15 de julio.

Pocos días después del desempate de Cobos en el Senado a favor del campo, el 7 de agosto, se concretó la segunda visita de la Presidenta a esta tierra. Cristina llamó “gran gobernador” a Jaque frente a una multitud que la esperó afuera de la Casa de Gobierno.

Habilitó el gasoducto Beazley-La Dormida (que aún no estaba terminado) y nombró al frente del Instituto Nacional de Vitivinicultura a Guillermo García, un jaquista que reemplazó al cobista Juan Carlos Jaliff, desplazado tras el voto del vice.

El enemigo

El período desde el 28 de octubre de 2007, día en el que Jaque ganó la elección, hasta el 9 de diciembre, cuando asumió, fue un anticipo de cómo sería la relación entre los dos máximos referentes políticos de la provincia. En esa transición, el gobernador electo anunció que apenas asumiera haría una auditoría de la gestión de Julio Cobos, con quien compartió la lista. Y cumplió: bajó contratos y sacó conclusiones negativas de varias áreas, como salud y seguridad.

“Va a ser la última vez que hablaré de la herencia recibida”, lanzó Jaque el mismo día de su asunción. No cumplió. Esa alusión al pasado se repitió durante todo el año. “Nos costó arrancar por los desórdenes que dejó el gobierno de Cobos”, justificó el mandatario en su primera asamblea legislativa del 1 de mayo. Al otro día, el Vicepresidente envió un comunicado acusando a su sucesor de faltar a la verdad.

Pocas veces se encontraron cara a cara. El 31 de mayo los hizo a coincidir el almuerzo de fin de cosecha en Rivadavia. Luego vinieron varios desencuentros. Jaque evitó ir a los actos en donde Cobos estuvo. Se volvieron a ver el 27 de noviembre, durante el festejo por los 125 años de Los Andes. Apenas se hablaron.

Esa misma semana, el Gobierno acusó a la gestión anterior de haber contratado aviones de la Fuerza Aérea sin comprobantes y no pagarlos, de haber hecho un desmanejo y compras innecesarias en la OSEP y de ser responsable de una aparente estafa cometida con fondos de un programa de salud nacional.

A esa altura, el ex presidente Néstor Kirchner ya le había encomendado a Jaque y los intendentes peronistas, durante una reunión en Buenos Aires, que le ganen al cobismo en las legislativas 2009.

Vecinos y amigos

“Si tuviera que votar en Mendoza, votaría por Jaque”, pronunció José Luis Gioja durante la campaña electoral de 2007. El hombre que fue reelecto como gobernador en San Juan, se acercó a Mendoza todas las veces que lo sintió necesario para apoyar a “su amigo”.

Apenas electo Jaque, ambos se propinaron señales de que la amistad política se traduciría en acciones conjuntas. En la transición, hablaron de crear “un banco regional” (que aún no se concretó) y ahora planean un seguro agrícola para las dos provincias.

Cada vez que pueden, prometen la doble vía Mendoza-San Juan. Y como señal política, Gioja se declaró a favor de una promoción industrial “integral” y en contra del régimen que perjudicó a Mendoza.

Ese alineamiento se empezó a sentir con más fuerza cuando de Cobos se trataba. El 11 de enero pasado, cuando el cobista Juan Carlos Jaliff asumió su breve mandato como titular del Instituto Nacional de la Vitivinicultura, los gobernadores de Mendoza y San Juan decidieron no asistir y enviaron delegados.

Dentro del PJ, también se mantuvieron juntos. Gioja y Jaque, junto al gobernador riojano Luis Beder Herrera, conformaron el bloque Cuyo Andino para marcar presencia partidaria. Los tres viajaron juntos, a principios de junio, en una misión comercial a México. El liderazgo de Gioja volvió a sobresalir, aunque el sanjuanino prefiere hacerse el distraído cada vez que lo interrogan sobre este asunto.

Caciques rebeldes

Entre amores y odios. Esa dicotomía marcó el vínculo entre el Gobernador y los intendentes justicialistas durante estos últimos 363 días. Actos de respaldo, reclamos, promesas y divisiones conformaron la relación entre los jefes comunales y el primer mandatario durante este año.

El estilo hermético de Jaque generó una muralla entre la Casa de Gobierno y los municipios. Los intendentes estaban ávidos de compartir las decisiones con el Gobernador, pero en varias ocasiones se quedaron afuera. La primera decepción para varios fue la designación del Gabinete, plagado de figuras sin experiencia política y que explicitó la alianza con el PD.

Los fondos fueron el motivo de la gran disputa. En abril, los justicialistas se abroquelaron con intendentes opositores para pedir un fondo extra de 100 millones de pesos. La discusión duró varios meses, hasta que la Legislatura aprobó una partida de 40 millones, que dependían de que hubiera mayor recaudación, para repartir entre los municipios a fines de julio.

Terminando setiembre, el dinero se retrasó y todos los jefes comunales pusieron el grito en el cielo. Entonces, el lasherino Rubén Miranda se animó a ponerle un un “5” en gestión a Jaque y ardió Troya.

El pacto sorpresa

Para sorpresa de muchos, Celso Jaque eligió en diciembre pasado al demócrata Juan Carlos Aguinaga para hacerse cargo del Ministerio de Seguridad. Esa designación abrió las puertas a un pacto con el PD que duró hasta el 16 de abril y se reflejó en el respaldo que la fuerza provincial le brindó al oficialismo en la Legislatura. Esa alianza generó cuestionamientos a Jaque, quien en su campaña dijo tener un plan de seguridad propio que bajaría los delitos.

La promesa de campaña de Jaque de bajar 30% la inseguridad en 6 meses fue el primer distanciamiento entre el demócrata y el oficialismo. “No es parte de nuestro programa”, se defendió Aguinaga dos días después de asumir.

El mes posterior, entró en otra polémica. Aguinaga aconsejó a los vecinos del barrio Santa Teresita que usaran la fuerza y si era necesario las armas en defensa propia para repeler a los usurpadores de sus viviendas. A esa altura, los intendentes del PJ ya pedían en secreto la renuncia del ministro y planeaban su remplazo.

El lábil apoyo del PJ que recibió esa alianza (especialmente de los intendentes) y los cuestionamientos desde la Nación y el propio gabinete al subsecretario de Seguridad Carlos Rico por denuncias vinculadas a su supuesta participación en la última dictadura militar desencadenaron el final.

Estas acusaciones, con pedido de renuncia incluido, fueron militadas por los organismos de derechos humanos, que tenían como aliados a los funcionarios del Ministerio de Gobierno Diego Lavado y Pablo Salinas, quien incluso participó en una marca contra Rico.

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