La muerte crece bajo los escombros

La ONU contrató a una empresa privada de rescates para hallar los cuerpos de sus funcionarios. Las agencias norteamericanas cobran a las familias de víctimas extranjeras 50 dólares por cada 15 minutos de búsqueda entre las ruinas de Puerto Príncipe.
A pocos días de que se cumplan dos semanas del terremoto que devastó Haití, las cifras oficiales de muertos, aunque dispares, ya superaron las previsiones más pesimistas. La ministra de Comunicaciones, Marie-Laurence Jocelyn Lassegue, dijo que se recuperaron más de 150 mil cadáveres sólo en la capital, Puerto Príncipe, pero aclaró que nadie sabe cuántos muertos permanecen aún bajo los escombros. Horas después, su par de Sanidad, Alex Larsen, confirmó que los muertos son "120 mil". En todo caso, la discusión en Haití sobre el destino que han tenido los muertos durará años. Ante la envergadura de la tragedia, la reacción fue instintiva: había que sacar los cadáveres de las calles. La gente sacó con sus manos los que pudo de las ruinas y los amontonó fuera de los edificios colapsados. Esos cuerpos luego fueron recogidos por camiones blancos y llevados hacia las montañas, donde se cavaron inmensas fosas comunes y donde también fueron incinerados.

Se dice comúnmente que los cadáveres generan epidemias pero los especialistas lo niegan: los únicos que transmiten enfermedades son los cuerpos vivos, no los muertos. Sin embargo, el olor y su presencia son tan perturbadores que los haitianos, sin ningún tipo de apoyo internacional, se dieron a la tarea de deshacerse de los cuerpos. Fue una decisión automática, tomada en medio del terror. Algunos eligieron quedarse con sus muertos para quemarlos ellos mismos. Para hacerlo utilizaron ruedas de autos y camiones. En un país donde los velatorios duran una semana y donde en el interior la gente entierra a sus ancestros en los patios de las casas, la situación generará un trauma difícil de superar.

Ese mismo trauma también golpea a los familiares de los extranjeros que perdieron la vida en el terremoto, aunque ellos cuentan con otros recursos. Los rescatistas extranjeros que viajaron a Puerto Príncipe lo hicieron con doble agenda. Se hablaba de ayuda humanitaria, pero cada país viajó a buscar a sus muertos. Los haitianos en las calles paraban a los rescatistas como si fueran taxis, en cada esquina, pidiéndoles que revisaran edificios donde decían había vida. Era imposible dar respuestas a todos. Sin embargo, en las zonas donde se suponía había mayoría de extranjeros se amontonaban grupos de diversos países. En el hotel Montana, por ejemplo, había equipos de España, Rusia, Francia, Panamá, Estados Unidos e Italia trabajando a la vez.

Crítica de la Argentina tuvo acceso a un correo interno de la Academia Internacional de Medicina Legal en el que su presidente, Duarte Nuno Vieira, pide a los representantes de cada país que dejen de enviar gente hacia Haití. Vieira dice que no hay condiciones para trabajar, que no hay ningún tipo de coordinación y que "la ONU ha contratado a la empresa privada de rescates de riesgo Canyon para identificar los cuerpos de sus funcionarios y de ciudadanos extranjeros. Los cuerpos de los haitianos serán sepultados sin identificación".

La privatización de los rescates es una realidad sobre el terreno. La Universidad de Florida, que tenía un contingente de alumnos en un viaje de estudios, contrató a otra empresa para buscar a su gente. En Facebook los familiares de desaparecidos armaron redes donde narran su desesperación, conscientes de que en cualquier momento los haitianos comenzarán a remover las ruinas con palas mecánicas.

Las empresas de rescate, mientras tanto, ofrecen sus servicios. International K9 Rescue Services tiene una página web con el detalle de los costos. El viaje para todo el equipo, que incluye perros y máquinas, cuesta 25 dólares por hora desde la salida de la comitiva, más otros 50 dólares cada 15 minutos de trabajo sobre el terreno. Por lo general, los rescates duran entre 5 y 10 horas.

Los rescatistas que comienzan a trabajar ahora en Haití utilizarán un método obvio para la identificación de los restos que vienen a buscar. Al remover las ruinas, discriminarán los cuerpos blancos de los otros. Los cadáveres negros podrán esperar.

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