La muerte de un ayatollah desata protestas en Irán

El funeral de Montazeri, una demostración de fuerza de la oposición
TEHERAN.- Decenas de miles de opositores iraníes transformaron ayer el funeral de uno de los fundadores de la República Islámica y padre espiritual del movimiento reformista en una amplia protesta contra el gobierno, en la que desafiaron a las fuerzas de seguridad del régimen, que reprimió y detuvo a decenas de manifestantes.

Las fuerzas de seguridad y las milicias paramilitares basij blindaron ayer la ciudad sagrada de Qom, 125 kilómetros al sur de Teherán, donde miles de iraníes salieron a las calles para participar del funeral del gran ayatollah Hossein Ali Montazeri, que murió anteayer a los 87 años.

Designado sucesor del ayatollah Ruhollah Khomeini, el líder de la revolución, Montazeri cayó en desgracia meses antes de la muerte del guía supremo iraní, en 1989, tras condenar las ejecuciones de opositores.

Horas después de la muerte del gran ayatollah, los líderes opositores y ex candidatos presidenciales Mir Hossein Moussavi y Mehdi Karroubi convocaron a los iraníes a las honras fúnebres en Qom.

Moussavi y Karroubi, duros críticos del gobierno, ofrecieron sus condolencias en la casa de Montazeri, mientras en las calles aledañas las fuerzas de seguridad arrestaban a varios opositores, que previamente habían sido hostigados por los basij. "Debería darles vergüenza, hipócritas. ¡Abandonen Qom!", gritaban los milicianos leales al régimen, según la página web reformista Kaleme.

Durante la procesión en Qom, una ciudad con sitios sagrados y refugio del liderazgo espiritual iraní representado por los ayatollahs, la multitud, estimada en decenas de miles de personas, gritaba "¡Muerte al dictador!" y otros cánticos que mostraban su furia contra el régimen.

Los manifestantes sostenían retratos de Montazeri enmarcados en negro y banderas y pulseras verdes como muestra de apoyo al Movimiento Verde de Moussavi.

Mientras se golpeaba el pecho en señal de duelo, la marea humana acompañaba el cuerpo de Montazeri, que fue llevado varias veces alrededor del principal templo de la ciudad santa. También en Najafabad, la ciudad natal de Montazeri, miles de personas marcharon en su honor. Grupos de hombres coreaban: "Montazeri, oprimido, ahora estás con Dios". Las mujeres, todas con vestidos negros, gritaban: "¡Dictador, dictador! ¡Montazeri está vivo!".

Ataque a Moussavi

En tanto, una ceremonia en conmemoración del gran ayatollah en la mezquita de Azam, en Qom, fue interrumpida por cientos de seguidores del ex candidato presidencial Mohsen Rezai, político conservador y ex jefe de los Pasdaran, el brazo militar que sólo responde al guía supremo iraní, el ayatollah Ali Khamenei.

"Cerca de 2000 personas opositoras al reformista Montazeri llegaron a la mezquita Azam y pusieron fin a la conmemoración. Los atacantes rompieron afiches y la ceremonia fue suspendida", dijo el sitio Ayande.

Después del funeral, cuando Moussavi regresaba a Teherán, su auto fue atacado por "hombres vestidos de civil", que iban en motocicletas y que hirieron a un miembro de su comitiva.

Desde la victoria de Mahmoud Ahmadinejad en las elecciones de junio pasado, en las que la oposición denunció un fraude y protagonizó la mayor ola de protestas desde el triunfo de la revolución en 1979, el gobierno restringió los movimientos de la prensa internacional y prohibió la cobertura de actos como el de ayer.

A partir de ese momento, Montazeri, desde su arresto domiciliario, que llevaba 20 años, desafió tanto al gobierno como a la cúpula religiosa. En uno de sus últimos mensajes, convocó a sus pares a no permanecer "en silencio frente a la tiranía" y denunció una "crisis de legitimidad" de Khamenei. Dos semanas atrás, el ayatollah había cargado contra los basij al acusarlos de "haber abandonado el camino de Dios por el camino de Satán".

Pese a que la muerte de Montazeri es una pérdida para el movimiento opositor, los analistas coinciden en que su desaparición no implica un serio revés para los reformistas, ya que en los últimos años estuvo aislado y con mínimos contactos con los líderes del movimiento. Entre ellos, el gran ausente en las exequias de ayer, el poderoso ayatollah Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, que tuvo un papel clave en las protestas de junio.

Sin embargo, el gobierno teme que la muerte del clérigo y la proximidad de la Ashura -celebración que festeja el nacimiento del movimiento chiita- son una oportunidad para que los opositores reformistas organicen nuevas protestas contra el régimen.

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