La muerte de Alfonsín puso en escena la bronca social

Por Hugo Haime Analista político. Titular de Haime & Asociados

Esas casi 100.000 personas que se volcaron a las calles no solo lloraban por el ex presidente sino que estaban a la vez expresando que querían un futuro mejor que el presente. No hay que perder de vista que es posible que estemos ante una ola social que busca todos los canales posibles para expresarse

La multitud que despidió los restos de Alfonsín sorprendió a todos, sobre todo a los dirigentes políticos y al Gobierno que no deberían pasar por alto los mensajes que la población vertía en forma permanente tanto in situ como a través de los medios de comunicación. Mientras dirigentes y militantes partidarios buscaban asimilar al ex presidente con Perón y con Irigoyen, la población lo asociaba con la democracia, el dialogo, la constitución, los derechos humanos y sobre todo con la honestidad. Esas casi 100.000 personas que se volcaron a las calles no sólo lloraban por Alfonsín sino que estaban a la vez expresando que querían un futuro mejor que el presente. No hay que perder de vista que es posible que estemos ante una ‘ola social’ que busca todos los canales que puede utilizar para expresarse y que utiliza todos los símbolos que puede para usar como armadura. Y que hoy para la resolución de los conflictos y lo problemas que nos aquejan se demanda diálogo y soluciones, y la mirada se deposita en gestos de control del poder. Por ello no debe extrañarnos tanto el agigantamiento de la imagen de un Alfonsín que hasta hace poco estaba devaluado, como la imagen positiva que en las encuestas cosechan dirigentes como Cobos, Michetti, De Narváez. Todos de escasa posibilidad de relato por parte de la población sobre sus trayectorias o sus acciones y de los cuales se valoran mas los gestos, o lo que opinión publica decide depositar en ellos y pretenden que simbolicen que sus historias políticas y o sus trayectorias. Es que cada tanto lo nuevo visto como renovación y esperanzas parece tener mayor pregnancia que las ideas políticas. Macri, Scioli y Reuteman años atrás simbolizaron algo similar y hasta el ex presidente Kirchner apareció en su momento como expresión de lo nuevo. Hace años ante datos de un relevamiento de opinión pública que mostraba a una población que se definía mayoritariamente desanimada, Graciela Fernández Meijide me decía que era muy difícil buscar liderar a la sociedad cuando expresaba tal estado de ánimo. Pero que se hacía mucho mas fácil cuando está expresaba bronca, rabia, deseos de cambio. Y esta es la situación que nos encontramos hoy. Un electorado cada vez mas pesimista en sus expectativas de futuro que autopercibe un clima social mayoritamente de bronca. Una bronca que va a expresarse en las urnas en menos de tres meses. Para ello aún es necesario que se complete la oferta electoral. Políticamente de la muerte de Alfonsín hay una clara resultante que es el fortalecimiento de Julio Cobos y de la UCR con su reingreso. Factores que le resuelven al vicepresidente dos cosas al mismo tiempo:

n Una base electoral nacional de la que hoy carecía que será contada como propia para poder pensar en 2011,

n La relación con Carrió, que ya no podrá ningunearlo y que tiene el riesgo de quedar debilitada luego del resultado electoral de junio.

El resto de las consecuencias son aun un enigma en relación a su modo de canalización electoral. Que Alfonsín halla sido el más importante dirigente de la UCR de los últimos treinta años no significa que automáticamente la población decida fortalecer a dicha fuerza política en todas las batallas y territorios. ¿En la Capital Federal esta situación atentará contra los votos de Michetti? No creemos. ¿En la Provincia la casi segura postulación de Ricardo Alfonsín como compañero de Margarita Stolbizer le restará votos al peronismo disidente? Tampoco está claro. Habrá que ver en los próximos meses si los vientos sociales que soplan son de fortalecimiento de opciones partidarias, búsqueda de seguridad institucional y de continuidad, o de búsqueda de cambio más allá de la identidad política de quién lo exprese y del nivel de conflictividad político institucional que pudiera generarse.

En general las sociedades en las elecciones parlamentarias premian a los gobiernos por lo hecho cuando a su vez su continuidad les supone garantía del futuro. Quien sea el candidato del oficialismo en la provincia de Buenos Aires tiene entonces el desafío de encarnar un mejor futuro, más que un buen pasado.

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