Mueren unas 140 ballenas al quedar varadas en una isla al sur de Australia

Mueren unas 140 ballenas al quedar varadas en una isla al sur de Australia
Lograron salvar a 48 y a 6 delfines. Una situación de estrés pudo haberlas llevado hasta esas costas.
Unas 140 ballenas piloto murieron ayer al quedar varadas en la playa de Naracoopa, en la isla de King, al sur de Australia. Guardaparques y voluntarios lograron sin embargo salvar a 54 cetáceos y devolverlos al mar.

Ayer, la playa amaneció con la triste escena de unos 200 animales tumbados sobre la arena, con las aletas alzadas. Eran 194 ballenas piloto de aleta larga –también llamada calderón común–, un cetáceo de la familia de los delfínidos que mide entre 3 y 6 metros de largo, y que pesa entre 1,5 y 3 toneladas. Entre ellas también habían quedado varados siete delfines nariz de botella.

"Realmente se podía oír gritar a los animales", comentó John Nievaart, uno de los primeros voluntarios que se acercaron. "Había familias –padres, madres, abuelos–; todos ayudaron bajo la dirección de los guardaparques", contó Andrew Wardlaw, a cargo de la administración de la isla.

Los habitantes de la isla King, situada a mitad de camino entre Australia y la isla-estado de Tasmania, organizaron cadenas de agua con baldes y toallas para cubrir a los cetáceos y protegerlos del sol. Con la marea alta ayudaron también a llevar a otras ballenas hasta el agua, cavando canales en la arena. "Conseguimos arrastrar a 48 ballenas y seis delfines hasta aguas profundas. Les dimos las mejores condiciones posibles de supervivencia", señaló el vocero del servicio de guardaparques, Chris Arthur. Antes les colocaron transmisores, para poder ubicarlas hoy.

"Todavía hay un número importante de animales en el mar, arremolinándose a poca distancia de la playa", agregó Arthur.

Durante el verano austral es muy frecuente que estos cetáceos se pierdan y terminen varados. "Esa es una zona frecuente de varamientos, y también de cachalotes", señaló a Clarín la bióloga Laura Reyes, investigadora asociada del Centro Nacional Patagónico (Cenpat) del Conicet.

Fuera del agua pueden resistir apenas unas horas. "Empiezan a colapsar los mismos pulmones, por el peso –explicó Reyes–. Entretanto, representan un riesgo para las personas: la gente tiende a sacarlos, pero los animales están asustados y quizás empiezan a morder".

¿Por qué una manada completa de cetáceos se arriesga en aguas bajas y termina encallada en la arena? "Son animales que tienen una cohesión social muy alta; entonces, cualquier situación de estrés puede generar estas estampidas masivas, como las de los búfalos o los ñúes –describió la bióloga argentina–. A veces se da la suerte de que se alejan mar adentro; pero otras veces encaran para la costa y terminan de esta manera". Lo mismo ocurre con los cachalotes. "En general están tan estresados, que muchas veces los sacan, los llevan mar adentro, y vuelven a varar otra vez", agregó.

Varias circunstancias pueden desatar el pánico colectivo. "Tienen un sistema de ecolocalización, y utilizan más el sonar que la vista. Si hay mucha perturbación –que podría ser a causa de una tormenta muy fuerte, que genera muchas burbujas y turbulencia–, la recepción del sonido no es la misma", apuntó Reyes. También puede desorientarlos una explosión submarina, ya que ésa es una zona de exploración petrolera. O quizá se estresaron tras haber sido perseguidos por una manada de orcas, uno de los pocos predadores de los calderones.

Sin embargo, esa cohesión social los ayuda a protegerse de los predadores, por lo que tienen una mortalidad natural muy baja y son animales longevos. Reyes contó que en 1991 se descubrió un varamiento de unos 500 ejemplares de ballenas piloto, en el golfo San Jorge. Por el análisis de los dientes se encontró una hembra de 42 años.

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