Muchos acusados y pocos en el banquillo

En la segunda jornada del proceso por el contrabando de armas, de 18 acusados, solo seis escucharon la acusación fiscal. Menem sigue en La Rioja, donde fue revisado por médicos.
Sarlenga. Junto con el ex jefe de la Fuerza Aérea Juan Paulik, fue una de las presencias escasas en el juicio.

Once de los dieciocho imputados imitaron ayer la decisión de Carlos Menem y faltaron al segundo día de audiencia del juicio oral por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia. Los seis que sí asistieron escucharon la lectura de las acusaciones que deben completarse antes de que se avance en la etapa de declaración de testigos. En la Sala se escucharon los cargos contra el ex titular de Fabricaciones Militares, Luis Sarlenga; los ex directores de esa empresa Edberto González de la Vega y Carlos Franke y la ex jefa de abastecimiento de Cancillería Teresa Irañeta de Canterito.

En el recinto, también estuvieron el ex jefe de la Fuerza Aérea Juan Paulik y el director de Coordinación Empresaria del Ministerio de Defensa, Mauricio Muzi. Menem, en tanto, sigue recluido en La Rioja, donde fue revisado por dos médicos del cuerpo forense, quienes deben elevar un informe al tribunal que tiene a cargo el juicio.

El proceso que lleva el Tribunal Oral Penal Económico Nº 3 por el contrabando de armamento entre 1994 y 1995 se reanudó con la lectura del requerimiento de elevación a juicio contra cuatro imputados. Ante la gran cantidad de ausencias, apenas comenzó la audiencia el presidente del tribunal, Luis Imaz, recordó la obligatoriedad de los imputados de estar presentes cuando se les da a conocer la acusación de la fiscalía y las querellas. Y aclaró que los abogados sí deben asistir a cada una de las jornadas.

Entre las doce ausencias volvió a sobresalir la de Menem, quien algunas horas después de que el Tribunal pasara a un cuarto intermedio recibía en La Rioja a los médicos del Poder Judicial. Los profesionales fueron enviados por los jueces, que quieren confirmar si, como alegó la defensa, el ex presidente presenta un “cuadro de estrés con anemia severa, diabetes y alergia” que le impide concurrir al juicio.

El informe de los profesionales, que deberán entregar como máximo en cinco días, definirá si los magistrados ordenan el traslado de Menem a Buenos Aires o si serán ellos los que viajen a La Rioja para informarlo de la acusación que pesa en su contra.

A diferencia del primer día del juicio, ayer no sólo la silla de Menem estuvo vacía. Tampoco asistieron el ex ministro de Defensa Oscar Camilión, el cuñado y por entonces asesor presidencial Emir Yoma, ni el traficante de armas Diego Palleros.

Mientras afuera del edificio de Comodoro Py diluviaba, en el Salón de Usos Múltiples donde se desarrollan las audiencias, distintos inconvenientes con los micrófonos y equipos de audio postergaron el comienzo. Superados los obstáculos técnicos, el secretario del Tribunal Oral continuó leyendo los requerimientos contra cuatro de los acusados de “contrabando agravado por tratarse de material bélico”.

Recién después de la lectura de las dieciocho acusaciones y la posibilidad de prestar declaración indagatoria de los imputados, comenzarán a desfilar los más de cuatrocientos testigos propuestos por las partes, entre ellos los ex presidentes Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, el ex jefe del Ejército y actual embajador en Colombia, Martín Balza, y el ex embajador de los Estados Unidos James Cheek.

OPINIÓN

Las preguntas del juicio

Ricardo Monner Sans (Abogado. Denunciante en la causa por el contrabando de armas)

Cada uno de los dieciocho imputados deberá escuchar aquello que ya conoce por vía de su defensor. Al abrirse el juicio oral y público, el Código Procesal Penal sancionado en 1991 –con Carlos Menem como presidente y León Arslanian como ministro de Justicia– impone que el imputado debe oír el requerimiento del fiscal y de la querella. ¿Qué requieren? Condena. ¿Por qué? Por los delitos que se le imputan a cada uno, que tienen que ser claramente expuestos sobre cada uno de los que llegan en calidad de procesados al juicio oral y público. ¿Se podía ahorrar esto o –por mejor decir– para qué se repite lo que ya ocurrió en la etapa de instrucción? Como tantas otras críticas que se le puede hacer al Código entonces sancionado, ésta es una de ellas. Pero se puede rebatir el cuestionamiento: el juicio es público para que el pueblo sepa de qué se trata.

En el fondo, la Argentina oficial es hipócrita: quiere hacerle conocer al pueblo aquello que poco le interesa porque se le ha hecho carne que “los de primera” eluden toda condena mientras se le ocultan temas de central importancia para su supervivencia.

¿Carlos Saúl? O está presente cuando tiene que escuchar o el tribunal, la fiscalía y la querella se trasladan, si hay imposibilidad física. ¿Puede ser condenado? Sí, si así lo considera el tribunal. ¿Cumple la condena? No, hasta que termine de ser senador. Salvo que el Senado lo excluya y entonces deje de tener lo que se llama inmunidad de prisión.

De aquel Código digamos lo elemental, mientras nos aburrimos con lo que en esta etapa está sucediendo, con el esfuerzo de intentar no caer en lenguaje cerrado. Sobre todo, porque siempre flotan preguntas como por qué se tarda tanto en los procesos, por qué los hombres del poder no llegan a juicio oral y público (el caso de las armas es una excepción y alguna vez contaré lo que explica esta excepción), por qué tantas causas se mueren en el camino, con agravio al principio republicano, con desprecio al principio de igualdad ante la ley.

Digamos, por ahora, que luego de las semanas de lectura de lo ya conocido por los protagonistas y por sus defensores, vendrá lo que bautizaremos como la etapa dinámica: la auténtica oralidad. El imputado podrá hablar, salvo que no quiera hacerlo, y su silencio no lo perjudica. ¿Una vez? Todas las que considere oportunas, siempre que se refieran a su defensa. ¿Puede hablar con el defensor durante la audiencia? Sí, pero eso no suspende la audiencia. Pero no lo puede hacer mientras declara o antes de responder a alguna pregunta que se le formule.

Nadie le puede sugerir respuestas. Y, para mantener la atención, va un compromiso para la próxima oportunidad: ¿por qué hicieron volar la Fábrica Militar de Río Tercero?

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