Mucho más que una batalla perdida

Por: Carlos Pagni.

Si la sentencia que dictó ayer la Cámara en lo Contencioso Administrativo fuera sólo el acta de defunción del Fondo del Bicentenario, el Gobierno habría tenido motivo para llorar una importante derrota. Pero el pronunciamiento de las doctoras Marta Herrera y Clara do Pico fue más que el veredicto que cierra una batalla.

El fallo estableció un límite muy claro a la utilización de las reservas del Banco Central para financiar el Tesoro. También fijó un impedimento preciso al Poder Ejecutivo para emitir decretos de necesidad y urgencia (DNU).

Los Kirchner pensaban servirse de los activos del Central para solventar el fabuloso gasto público e imaginaron que con los DNU eludirían a un Congreso en el que ellos quedaron en minoría. Esos dos caminos, tal vez, se hayan vuelto, desde ayer, intransitables. Dado que cuesta mucho imaginar a la pareja presidencial encarando un ajuste fiscal o invitando a la oposición a un acuerdo amplio, en la Argentina se acaba de instalar una incógnita perturbadora: cómo resolverá el Gobierno los dos principales problemas de su transición hacia 2011. Al cerrar, por lo menos de manera provisional, el capítulo del Fondo del Bicentenario, las doctoras Herrera y Do Pico abrieron otro, más delicado, sobre el destino del populismo.

Nunca antes la Justicia había marcado al actual elenco de poder una frontera tan clara. También, al fallar sobre la remoción de Martín Redrado, las juezas reivindicaron la participación del Congreso. Sin embargo, ese texto presenta algunas ambigüedades. Los abogados mismos de Redrado evaluaron ?y más tarde descartaron? pedir una aclaración sobre su alcance. El tribunal exhibió una gran prudencia política. Al poner a salvo las reservas, el papel de Redrado se relativizó. También los motivos oficiales de su exoneración, claro. Aun cuando fijaron criterios generales, Herrera y Do Pico dejaron que ese problema lo resuelvan la Casa Rosada y el Congreso. La oposición estaba, ayer,

eufórica. Tenía motivos. La derrota judicial del Gobierno se debió al impulso de pedidos de diputados radicales, de la Coalición Cívica (CC), de Pro y del peronismo disidente.

Pero la algarabía tiene una raíz más profunda. Las juezas le recordaron a la señora de Kirchner que para atribuirse facultades legislativas debe justificar mucho mejor las razones de necesidad y urgencia.

Fue una dolorosa advertencia para una presidenta que lamentó, en su momento, que nadie la felicitara por abstenerse de dictar DNU. También fue un delicado antecedente. Quienes se sientan afectados por ese tipo de decretos irán a los tribunales con alguna probabilidad de éxito.

Los números fiscales

El fallo sobre las reservas impactará también en la política fiscal. Al comienzo, el Fondo del Bicentenario iba a ser un blindaje destinado a dar más garantías a los bonistas. Los banqueros, agradecidos, exigieron la renuncia de Redrado desde Adeba.

Con los días, la criatura fue mutando. Los 6500 millones de dólares se destinarían a "garantizar el nivel de la demanda". Es decir, al gasto corriente. El embargo del juez neoyorquino Thomas Griesa complicó las cosas y obligó a los funcionarios a encontrar otras vías para el mismo objetivo: que el Central comprara letras al Tesoro, o que desembolsara los recursos con cuentagotas, para evitar la incautación de los "fondos buitre".

La sentencia, al fijar una posición universal sobre las reservas, sepultó el Fondo del Bicentenario, pero también esas ingenierías alternativas.

Los Kirchner, que habían pensado sustituir al otrora dadivoso Hugo Chávez por el Banco Central, deberán imaginar otra fuente de recursos. Si detecta alquimias del Banco Central en beneficio del Tesoro nacional, la oposición volverá a la Justicia con el fallo de ayer en la mano.

Detrás de la polémica monetaria hay otro duelo: ¿quién pondrá orden en las cuentas públicas? ¿El gobierno actual o el que viene?

El aparato de comunicación oficial intentó ayer ocultar estas inquietantes novedades discutiendo la situación de revista de Hernán Martín Pérez Redrado, como lo denomina Carlos Zannini en la papelería oficial.

El talibán Miguel Pichetto adelantó que si intenta sentarse en su sillón el lunes Redrado será sacado por la fuerza pública. Estuvo astuto Pichetto. Desde ayer Redrado ingresó en una especie de limbo. Las camaristas convalidaron que la jueza María José Sarmiento lo hubiera repuesto. Pero aclararon que ahora las circunstancias son otras: dado que la Presidenta se resignó a pedir al Congreso el consejo que prevé el ritual de la remoción, las deficiencias procesales que denunció Redrado, si no desaparecieron, han quedado "desdibujadas".

La solicitud de la señora de Kirchner fue indispensable para ese enfoque. Gracias a ella, las doctoras Herrera y Do Pico evitaron explicitar que Redrado sigue en su puesto. Por un lado, dijeron que su "permanencia o desplazamiento" están por resolverse. Por otro, le indicaron al Ejecutivo que no podrá designar a un sucesor con "carácter definitivo" (escrito en tipografía negrita).

La Cámara dejó el cargo de Redrado "en reserva". Una salida como la que, en su momento, sugirió el procurador del Tesoro, Osvaldo Guglielmino, a allegados al economista.

Decreto polémico

A partir de ahora la peripecia de Redrado será como los senderos que se bifurcan del poeta. No sólo el fallo es ambivalente. También lo fue Cristina Kirchner al pedir su "consejo previo no vinculante" para la destitución "por mala conducta y mal desempeño".

La comisión ad hoc, que por ahora integran Cobos, el kirchnerista Gustavo Marconato y Alfonso Prat-Gay (CC), podría notificar a la Presidenta que la recomendación sólo será previa si ella deroga el DNU de Redrado.

Debería preguntarle también las razones de la inconducta: la negativa a utilizar las reservas fue bendecida ayer por la Justicia. Si, en cambio, se trata de evaluar toda la gestión de Redrado, la oposición tal vez se haga un festín.

El presidente del Banco Central fue partícipe necesario de los principales vicios económicos del Gobierno: la alta inflación y la adulteración de las estadísticas para ocultarla.

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