Muchas incógnitas y pocas certezas

Por Néstor O. Scibona

El paisaje político y económico de la Argentina se pobló de voces. La derrota electoral del 28 de junio hizo que, de pronto, el péndulo pasara del monólogo kirchnerista a una obligada superposición de diálogos, por ahora desarticulados entre sí. La falta de gimnasia en esta práctica casi olvidada durante seis años, en los cuales el discurso único sirvió de frontera entre aliados y enemigos, obliga a unos y a otros a hacer camino al andar. También se traduce en una mezcla de esperanza y desconfianza, que aporta más incógnitas que certezas a la economía.

Por detrás de las palabras están los hechos. Y aquí, el Ejecutivo no aportó nada que pudiera alimentar la ilusión de un mayor realismo y previsibilidad en el manejo de la política económica. Lo poco de nuevo es más de lo mismo. Amado Boudou osciló en estos días entre lo que quisiera y lo que podría efectivamente hacer. Incluso debió demorar la conformación de su módico equipo por la negativa de algunos candidatos a cubrir vacantes y el veto de otros por interferencias políticas internas. Su llamativa ausencia en la reunión preparatoria del Consejo Económico y Social también contribuyó a desdibujar su imagen y hasta alimentó prematuros rumores de renuncia, que debió negar elípticamente a menos de diez días de haber asumido. Guillermo Moreno, en cambio, ganó aún más poder. Tras su virtual ratificación en el elenco oficial, reforzó con tropa propia la cúpula técnica del Indec y amplió el radio de acción de la Oncca, que se extiende ahora a la distribución de la cuota Hilton entre los frigoríficos.

En medio de estos reacomodamientos, no surgió de los despachos oficiales ninguna precisión sobre la agenda macroeconómica, que preocupa por igual a economistas heterodoxos y ortodoxos, e influye en las expectativas de las empresas.

A tres semanas de su derrota electoral, el kirchnerismo sigue sin dar pistas concretas sobre lo que piensa hacer con el Indec; la persistente fuga de capitales; el déficit fiscal provocado por el aumento del gasto electoral; las retenciones; el acceso a financiamiento voluntario; los subsidios estatales, la política salarial o los problemas de caja de varias provincias, comenzando por Buenos Aires. Los pocos funcionarios que se atrevieron a hablar vagamente sobre algunos de estos temas terminaron por desmentirse a sí mismos, luego del cónclave del matrimonio K en el próspero emporio inmobiliario de El Calafate. Toda esta incertidumbre afecta la actividad, repercute en el mercado cambiario y le agrega presión al dólar; justo en el mes previo al pago de cupones de Boden 2012 por 2300 millones de dólares. Para atender este vencimiento, el Tesoro deberá transferir pesos para comprarle divisas al Banco Central, cuyo stock de reservas genuinas bajará en agosto.

Sin mostrar un plan B ante el nuevo escenario político y la progresiva estrechez fiscal, es difícil saber si el kirchnerismo está ganando tiempo con la convocatoria al diálogo, o si lo está perdiendo en términos de cambiar expectativas para que la actividad económica salga de la actual meseta. A diferencia de lo que muestran las estadísticas del Indec, la evolución del PBI se asemeja gráficamente a un ángulo de 120 grados (o al perfil de una silla con el respaldo ligeramente reclinado). Un repunte depende más de factores externos (precios de la soja, depreciación del dólar frente al euro y el real, recuperación de Brasil), que de sus acotados márgenes de maniobra internos para salir de una crisis superable y que es más política que económica. Para colmo, la epidemia de gripe A está afectando los niveles de ausentismo en las empresas y de consumo en varios sectores que se defendían de la estanflación. La apertura dialoguista ayuda a desviar la atención sobre estos temas de fondo.

Diálogo en tres niveles

De los tres niveles de diálogo que se han abierto en los últimos días, el mejor encaminado es el que se desarrolla en el Congreso. Los avances entre el bloque oficialista y las bancadas opositoras contribuyen a la gobernabilidad de los próximos meses y reducen el riesgo de leyes imprevisibles, durante el período que el propio diputado Agustín Rossi define ahora como de "mayoría circunstancial" para el kirchnerismo. La cuenta regresiva de las facultades legislativas delegadas al Poder Ejecutivo, cuyo tope es el 24 de agosto, se ha convertido en el disparador para negociar la distribución menos asimétrica de la caja fiscal entre la Nación y las provincias. A esta negociación se sumarán próximamente los gobernadores y el costo recaerá sobre los fondos que maneja discrecionalmente la Casa Rosada, que tendrá superpoderes acotados para redistribuirlos. Aun así, la casi segura rebaja de las retenciones al trigo y el maíz, y una probable escala descendente para la soja, plantean la incógnita sobre cómo se compensarán en el corto plazo los menores ingresos. ¿Nuevos impuestos? ¿Mayor ritmo devaluatorio? ¿Ajuste de gastos? ¿Financiamiento voluntario o forzoso? Nadie hasta ahora ha aportado respuestas, y faltan meses para discutir el presupuesto 2010: por lo menos tres, con los legisladores salientes, o seis con los entrantes, si se convoca a sesiones extraordinarias.

El diálogo político en la Casa Rosada se presenta más resbaladizo frente a la pretensión del Gobierno de acotarlo a las internas abiertas obligatorias (que bien podría discutir el "nuevo" Congreso, a instancias del Poder Ejecutivo) y de la oposición de abrir la agenda a otras prioridades económicas y sociales.

También este debate condicionará el diálogo con dirigentes empresarios y sindicales en el superpoblado Consejo Económico y Social que proyecta el Gobierno a semejanza del que funciona en España, con 90 integrantes de los tres sectores y participaciones aún difusas de dirigentes agropecuarios y del gremialismo no cegetista. Incluso podría sumar representantes de los partidos políticos, si prospera el pedido del Acuerdo Cívico. En este caso, y aunque las recomendaciones no serán vinculantes, será complicado establecer los límites entre el diálogo institucional, político y económico.

Por ahora, reabrir el diálogo después de seis años de monólogo se asemeja a una invitación a destapar ollas y levantar la alfombra bajo la cual se barrieron problemas sin resolver, camuflados por las estadísticas oficiales y el discurso autocrático del kirchnerismo. Cómo hacerlo sin complicar más la situación socioeconómica ni el tránsito hasta diciembre de 2011 será un desafío impensado para buena parte de la dirigencia argentina, más habituada a razonar en términos tácticos que estratégicos.

Comentá la nota