Moyano tambalea en la CGT aunque Moreno sigue vigente en el INDEC

Por: Eduardo van der Kooy

El líder camionero imita el estilo de los Kirchner. Es también un defensor del discutido secretario.

Cristina y Néstor Kirchner parecen dispuestos en el tiempo poselectoral a aferrarse a dos hombres clave en el precario sistema que ha quedado en pie después de la derrota. Julio De Vido, el ministro de Planificación, tendrá hoy una ronda de consulta con los viejos "gordos" de la CGT que desataron una embestida contra Hugo Moyano. La estabilidad del líder camionero y jefe cegetista resulta, en estas instancias políticas temblorosas, una certeza indispensable para el Gobierno.

La defensa de Moyano, entre tantas cosas, no sólo encerraría el deseo de proteger a la economía de nuevas presiones sociales. Llevaría implícito, además, el apuntalamiento político de Guillermo Moreno. Moyano fue casi el único dirigente cercano al Gobierno que se animó a realizar una defensa pública del secretario de Comercio luego del derrumbe electoral de junio. La hizo también Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, aunque con ostensibles alambiques.

Quizá sin darse cuenta, ese excesivo apego de Moyano al oficialismo terminó detonando una crisis en la CGT que tiene una larga incubación. La misma que, progresivamente, fue apartando a los Kirchner del peronismo. Un distanciamiento que tuvo su expresión más contundente cuando Kirchner responsabilizó al PJ bonaerense por su caída. En esa estructura se había refugiado, haciendo sonar el látigo, para ofrecer la que fue, tal vez, su póstumo combate electoral.

El último apego de Moyano a los Kirchner no fue por solidaridad. El líder camionero recibió rápidos favores, políticos y económicos, no bien quedó consagrada la derrota. Desde una indisimulada consideración del matrimonio al confeccionar el Gabinete remozado hasta el acceso a fondos millonarios (obras sociales) siempre gratos al paladar sindical.

Moyano pudo haber sido una víctima, al fin, del síndrome de los Kirchner. La angurria por la acumulación de poder y la ausencia de una apertura indispensable, en especial, cuando se han dejado de transitar los caminos de la gloria. Unos y otros parecieron encerrarse en una parecida lógica.

También despreciaron otra cosa. La historia demuestra que los problemas en el peronismo tienen siempre correlato en el plano sindical. Los problemas de Kirchner con el peronismo han sido casi eternos, sólo disimulados por los vientos favorables que soplaron en los años en que, en las formas y los hechos, gobernó Kirchner.

"La cuestión no es sólo el personalismo de Moyano. La cuestión es también que Kirchner y Moyano están llevando al peronismo a la tumba", apuntó anoche uno de los tres "gordos" cegetistas más prominentes. "Los radicales ya tienen a Cobos (Julio), pero nuestro Cobos no aparece".

A la pregunta sobre quien podría ser el Cobos peronista sólo siguió un silencio hondo. Pero está claro: los remezones en el peronismo han acicateado la presente crisis sindical.

Los Kirchner tienen irresuelto su problema con el partido, preexistente a las elecciones. No hay soluciones a la vista sino, como en otros temas, sólo la impresión de emparches. Cristina empezó ayer con Jorge Capitanich, del Chaco, el contacto con gobernadores del PJ que continuará en días venideros.

Esos gobernadores no tienen nada especial en contra de Moyano. Sí lo tienen en contra de Moreno, más allá de las palabras que derramen delante de Cristina. La Presidenta hizo, en ese aspecto, su tarea en orden: primero ordenó a Amado Boudou difundir los anuncios y variantes en el INDEC. Como para disuadir cualquier reclamo o, al menos, amortiguarlos.

En verdad, aquellos mandatarios no tienen objeciones de índole personal contra Moreno. Simplemente lo consideran la cara visible de dos políticas fracasadas que tuvieron, a juicio de ellos, un importante impacto electoral: el conflicto con el campo y la inflación.

Ninguno de los cuatro cambios anunciados en torno al INDEC garantizarían alguna incidencia sobre aquel par de cuestiones. Pareció tratarse, sobre todo, de un gesto político intentando reflotar al ministro de Economía que en apenas dos semanas sintió cómo el agua le cubrió el cuello. ¿Qué otra explicación podría recibir el anuncio de que el INDEC pasará a depender del ministro de Economía? Siempre dependió de Economía en la formalidad. Pero desde hace más de dos años está la mano férrea de Moreno.

Aquella formalidad no alcanzaría para suponer un paso del secretario de Comercio a las sombras. Todo lo contrario: la designación de Norberto Izcovitch como nuevo director del organismo denunciaría el grado de vigencia política de Moreno. No podría haber ningún reparo personal ni técnico al ascendido funcionario. Pero tampoco podría permitirse una interpretación política de los cambios sólo guiada por la ingenuidad.

No existió tal ingenuidad en la cocina del poder. Moreno supo de todos los cambios al compás de las propuestas que hacía y deshacía Boudou. El nuevo ministro de Economía apenas pudo colar como novedad la consultoría informal de Mario Blejer, que el tiempo dirá si durará. Roberto Feletti, el vice, llegó de la mano de De Vido.

La creación de un Consejo Académico y de un Consejo Asesor para el INDEC podrían recibirse como buenos anuncios. Pero buenos anuncios hizo a granel el Gobierno, frustrados siempre por la obcecación política.

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