Moyano quiere un Día del Trabajo sin kirchneristas.

Moyano quiere un Día del Trabajo sin kirchneristas.
Enojado con el Gobierno, organiza un acto "netamente sindical".
Hugo Moyano y sus hombres de confianza criticaban sin disimulo al Gobierno, preocupados por el manejo de los fondos para las obras sociales y el estilo de gestión en la cima del poder. "El kirchnerismo no comparte nada", coincidían los jefes sindicales antes de la última sesión del Consejo Consultivo de la CGT, anteayer, en la sede gremial de la calle Azopardo.

Al final de la jornada, el malestar se tradujo en un acuerdo para "enviar un mensaje político". Según adelantaron a LA NACION fuentes gremiales, el próximo 30 de abril, por primera vez desde 2003, el sindicalismo ortodoxo festejará sin el kirchnerismo el Día del Trabajo.

"¡Tenemos que dar una clara muestra de poderío en la Plaza de Mayo!", ordenó anteayer Moyano, según una alta fuente sindical. Agregó una aclaración que la mayoría consideró esencial: "No quiero que haya un solo político".

Sus colaboradores entendieron el mensaje de inmediato: "sin políticos" significaba sin funcionarios del Gobierno. Moyano está disgustado con el oficialismo. Y decidió tomar distancia. Dice apoyar las políticas oficiales, pero entre sus íntimos critica la forma en que se toman las decisiones.

Sostiene, además, que la Casa Rosada debería darles "más protagonismo" a los líderes gremiales. Tiene un objetivo: gozar de injerencia en las principales decisiones del poder.

En el acto del 30 de abril -donde será el único orador-, Moyano hará público un reclamo histórico del sindicalismo: tener el 33 por ciento de las listas legislativas. Si eso no ocurre, algunos de sus hombres estudian formar una agrupación política peronista autónoma con base sindical.

La traición de Rinaldi

Pero el mayor disgusto de Moyano con el kirchnerismo es por el manejo de los fondos de las obras sociales, un tema que lo enfrentó con la ministra de Salud, Graciela Ocaña, y con el superintendente de Servicios de la Salud, Juan Rinaldi, un hombre que consideraba "un amigo" y que ahora siente que lo traicionó.

"Rinaldi está cumpliendo más el rol de funcionario que de amigo", confesó ayer un hombre que conoce bien el pensamiento de Moyano.

El gremialista tiene varias quejas. La primera: Rinaldi frenó una entrega a las obras sociales de 100 millones de pesos asignada por su antecesor, Héctor Capaccioli. La segunda: Ocaña y Rinaldi tienen en la mira la junta consultiva de la CGT en la Superintendencia. En la última reunión del Consejo, Moyano ordenó respaldar esa junta.

Otro reclamo sindical: aseguran que el Gobierno recauda de los aportes de los trabajadores unos 2200 millones de pesos para el fondo de redistribución en favor de las obras sociales, pero que en el presupuesto figuran sólo 1300 millones. "La diferencia se la queda el Gobierno", se quejó ayer con LA NACION un influyente jefe moyanista.

Hay más protestas. Los sindicalistas también se quejan por "la lentitud" en el reintegro de los aportes que hacen las obras sociales para casos de alta complejidad. En la reunión de anteayer, el jefe del gremio mercantil y secretario de Acción Social de la CGT, Armando Cavalieri, hizo un informe sobre esos "retrasos". Se le ordenó que volviera a hacer reclamos ante el Ministerio de Salud.

Algunas versiones señalaban que, en medio de las polémicas públicas, hace una semana, Moyano intentó convencer a Rinaldi de que debía beneficiarlo en el manejo de esos listados oficiales de reintegros. Algo que le hubiera permitido decidir cómo y cuándo administrar los fondos. La gestión no habría tenido éxito, ni siquiera después de una llamada especial a Kirchner.

Moyano endureció su posición desde entonces. Y ordenó ir a fondo con los mensajes de autonomía, que ya venía evaluando desde hacía varios meses. Aunque se formalizó anteayer, la marcha del 30 de abril se había empezado a organizar a principios de este mes.

"Es que uno va a hacer planteos y nunca encuentra soluciones de fondo", reclamó ayer un hombre fuerte de la CGT. "Necesitamos más participación en la toma de decisiones", pidió otro sindicalista, de trato habitual con Moyano. Cerca del líder gremial quieren demostrarle al Gobierno que el sindicalismo es la única fuerza movilizada que puede sostenerlo hasta 2011.

Pero, para eso, ponen condiciones. Mientras esperan, mañana irán a la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, que presidirá Cristina Kirchner, con delegaciones gremiales acotadas. Un líder sindical fue explícito: "Para movilizar en serio, tendrían que darnos algunas explicaciones".

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