Moyano y Ocaña muestran una cara de la debilidad K

Por Fernando Gonzalez

Solo la cercanía de las elecciones del 28 de junio y la debilidad que produce la incertidumbre por el resultado permiten que Hugo Moyano y la ministra Graciela Ocaña jueguen a la guerra personal delante del matrimonio Kirchner sin que nadie atine a detenerlos.

El jefe de la CGT, experimentado en el arte de la extorsión política, le puso precio a la amabilidad que el gremialismo peronista exhibió con el Gobierno en el acto del 30 de abril en Plaza de Mayo, pese a los despidos y suspensiones entre los trabajadores.

Su hijo Pablo, en una entrevista sin desperdicio que publicó El Cronista, fue el encargado de pedir "un ministerio" para los muchachos. El ministerio, claro, es el de Salud que Ocaña lidera desde que asumió Cristina. Y allí reside la posibilidad de controlar el dinero de las obras sociales, la caja estratégica que desvela a los sindicalistas.

Por eso, Ocaña ha salido a torear a Moyano y se ha refugiado en la Presidenta. La ministra sabe bien que, si la echan ahora, su salida sería vista como otro pedazo de poder perdido por el kirchnerismo. El enigma se resolverá cuando se cuenten los votos y Kirchner se sienta tan fuerte como para eludir los reclamos. O se sienta tan débil como para entregarle a Moyano una hipoteca sobre su futuro.

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