Río moviliza 3.000 policías por la guerra de narcos

Cuando ayer anochecía, en el norte de la ciudad de Río de Janeiro volvió el pánico. Allí se concentran varias favelas, distribuidas en las típicas laderas serranas que salpican el paisaje carioca.
Durante la madrugada del domingo, en un nuevo enfrentamiento a pistolas, ametralladoras y bazucas, otras dos muertes se sumaron a las 12 víctimas del sábado que dejó un conflicto hasta ahora irresoluble entre traficantes de drogas y fuerzas de seguridad.

El gobernador fluminense Sergio Cabral ordenó desde bien temprano el desplazamiento de 3.000 hombres en la región del rebrote conflictivo. Se trata de un episodio en gran escala que tiene como trasfondo la seguridad de una capital que en 2014 será una de las sedes de la Copa Mundial de Futbol y en 2016 albergará nada menos que los Juegos Olímpicos. El presidente Lula da Silva y el gobernador fluminense, socios políticos en el escenario doméstico, juegan su prestigio en caso de no cumplir con el compromiso que asumieron ante la FIFA y ante el Comité Olímpico Internacional cuando dijeron que la seguridad en Río está garantizada.

Los hechos de ayer ponen un signo de interrogación sobre ese objetivo. Mientras policías militares (equivalentes a las provinciales argentinas) ocupaban el Morro dos Macacos, uno de los epicentros del conflicto, otras dos personas cayeron bajo la balacera. Para amenguar el impacto en número total de muertos en 36 horas, que asciende ahora a 14, las autoridades policiales prefirieron destacar el secuestro de dos pistolas y 300 kilogramos de marihuana. Los datos parecen una broma si se piensa que los dos bandos de narcotraficantes mantienen arsenales de fuerte calibre. Se habla de FAL 7,65 hasta obuses. Sólo esa "dotación" de armamentos explica que hayan bajado un helicóptero artillado de la Policía Militar.

En ese contexto resultan llamativa las declaraciones de ayer del secretario de Seguridad de Río de Janeiro, José Mariano Beltrame. Justificó que las fuerzas de seguridad provinciales no hubieran podido prevenir confrontaciones que sus propios organismos de inteligencia habían detectado con antelación. Para defender su puesto, el funcionario dijo durante una conferencia de prensa ofrecida ayer que el episodio no fue una falta de previsión sino una "desgracia" que obedece a la geografía de la favela de los Macacos. Los narcos "entraron a pie y en forma gradual. Invadieron el morro y derribaron el helicóptero policial". La banda que habría actuado al parecer con las técnicas sofisticadas de grupos guerrilleros, sería el célebre Comando Vermelho (o Comando Rojo, en español). Esa "facción" del tráfico de drogas pretendía conquistar Macacos como nuevo punto de venta de la droga.

Pero hay un hecho que de ser confirmado puede resultar doblemente aterrador. Ayer, en ese lenguaje típico de los jefes policiales, el comandante de la PM de Río, Mario Sergio Duarte, admitió que entre las 14 víctimas totales en dos días puede haber más civiles inocentes que delincuentes buscados. En un inicio, desde el gobernador Cabral hasta su secretario Beltrame habían anunciado serias bajas en los dos bandos de la droga: el Vermelho y el Amigo de los Amigos, conocido por su sigla ADA. Ayer, sin embargo, reconocieron que las víctimas calificadas de "delincuentes" podían ser "ciudadanos honestos".

Comentá la nota