Moviendo las rueditas.

Mucha emoción. El desfile de los ganadores fue en el picadero de La Rural. ¿Será hasta el año que viene?.
Si las ovaciones contaran para la clasificación, Marcos Patronelli y Robby Gordon serían los ganadores del Dakar Argentina Chile 2009. El carisma del estadounidense y la sencillez del argentino, segundo en la general de cuatriciclos, único local en haber ganado etapas en la historia de la travesía, tuvieron recompensa en la rampa instalada en el picadero de La Rural, poblado de invitados especiales, familiares y equipos. Sin espacio en el predio para tanto entusiasmo popular, la gente no tuvo ingreso a la ceremonia de coronación. Debió conformarse con ver el paseo de autos, motos, cuatriciclos y camiones por Avenida del Libertador hasta Sarmiento, donde se instaló el parque cerrado.

"Y encima me olvidé la bandera argentina", se lamentó temprano Eduardo Alan, mientras insistía para que su KTM de motor gastado arrancara rumbo a la premiación. Aún no habían aparecido las promotoras que repartieron banderitas de nylon y calcomanías. Fue el primer argentino en recibir su medalla por haber llegado a la meta; el premio mayor para quien estuvo 15 horas perdido en las dunas mendocinas de Nihuil y sufrió una dura caída en el enlace a Fiambalá, por nombrar sólo un par de las penurias que como primerizo sufrió en el Dakar. Más tarde, el ascenso de Marcelo Miti, Andrés Memi y el estoico Negro Junco arrancó más aplausos.

Los tres primeros del podio de cuatriciclos subieron casi juntos a la explanada. El veterano checo Josef Machacek, ganador, lideró al trío. El pibe Patronelli, que llegó rodeado por una turba de hermanos, amigos y equipo, "con la campera muletto" porque a la que usó siempre en carrera "para mantener la cábala ya no le cabía más tierra", se paró sobre el asiento del Can-Am y volaron los papelitos. "Les agradezco a todos los argentinos por tanto apoyo y cariño", dijo cuando el presentador francés le acercó el micrófono. Mientras Toto y Alejandro, dos de sus hermanos, agarraban el premio, Marcos bajó por la rampa con el cuatri y lo hizo derrapar en la arena de la pista principal. La banderita enganchada en el manillar casi se deshilachó en la voltereta. Se ganó otra ovación. Sus hermanos siguieron en el podio hasta que llegó la orden de desalojo.

El bramido del Hummer de Gordon se escuchó mucho antes de que su silueta apareciera en el picadero. El buggy con carcaza del gigante de General Motors fue el que más llamó la atención, aun desde antes del comienzo de la aventura. El desempeño de su piloto, extravagante al surcar las dunas, tercero en la general detrás del doblete de Volkswagen, lo ungió ídolo instantáneo. Varios conocen su prosapia en IndyCar y Nascar. Gordon no decepcionó. Se bajó del armatoste, habló en inglés y saludó, pidió espacio a los ocupantes de la tarima y volvió al volante. Dejó caer al Hummer marcha atrás, aceleró el motor naftero y remontó la rampa con furia. El coche saltó como en cualquier serie de acción y aterrizó en el otro borde del podio. Robby selló así su unión con la gente.

Hacía tiempo que todos los integrantes de Volkswagen esperaban el turno de los Touareg a un costado de la pista. Su momento fue cuando el sudafricano Giniel de Villiers trepó para ser coronado oficialmente como ganador del Dakar Argentina Chile 2009. Jamás un angloparlante había vencido en la travesía soñada por un francés, Thierry Sabine. Nunca antes un africano había triunfado en el clásico que por primera vez en 30 años no tocó ese continente. "La fiesta será muy grande cuando vuelva a casa, tanto como el orgullo que ahora siento", dijo De Villiers. Argentina tuvo su final de fiesta con la ilusión de que no haya sido la única.

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