Los motivos del faltazo de Obama

Washington quiere que los europeos envíen mayor cantidad de tropas a Afganistán, que respalden las políticas propuestas por la administración demócrata hacia Irán y que comprometan mayores recursos a la lucha contra el terrorismo.
La decisión de Obama de no asistir a la próxima cumbre en Madrid provocó confusión en Europa y dudas sobre quién está al mando de la Unión. La noticia cayó como un balde de agua fría para la administración del presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, actualmente al frente de la presidencia rotativa del bloque. Rápido de reflejos, Zapatero viajó a Washington para participar hoy del Desayuno de la Oración, ocasión en la que se volverán a reunir los jefes de Estado.

Zapatero esperaba que la cumbre europea fuera uno de los momentos cúlmine de su presidencia y que sirviera para acercar posiciones entre la Unión y los Estados Unidos. La ausencia de Barack Obama rompió el calendario programado por la presidencia española de la UE, obligando a suspender in extremis la cumbre con EE.UU. prevista entre el 24 y el 25 de mayo. Según un portavoz de la Casa Blanca, la razón oficial para explicar la ausencia de Obama es que el presidente estadounidense ya estuvo en Europa "varias veces el año pasado".

En Bruselas, sin embargo, la decisión de Obama fue interpretada como un rechazo al intento de España por dominar la agenda de la política exterior europea. Estados Unidos desea que la UE tenga una política exterior más coherente y unificada, la cual le permita a Casa Blanca utilizar a la Unión como un aliado.

Washington quiere que los europeos envíen mayor cantidad de tropas a Afganistán, que respalden las políticas propuestas por la administración demócrata hacia Irán y que comprometan mayores recursos a la lucha contra el terrorismo. En la anterior cumbre celebrada en Praga, Obama no pudo convencer a los europeos sobre dichos temas. Ahora, se toma su revancha al no asistir a la próxima reunión.

De acuerdo con las recientes reformas establecidas por el Tratado de Lisboa, la política exterior de la UE debería ser conducida por el presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, y por la alta representante, Catherine Ashton.

La reforma tenía el objetivo de suceder al sistema anterior basado en presidencias rotativas, en donde cada país miembro estaba al frente de la Unión por un período de seis meses. La innovación debía facilitar la coherencia de las políticas europeas particularmente en política exterior.

Actualmente, a pesar de que la rotación de la presidencia continúa, los países al frente de la Unión tienen menos poderes que antes y deben –al menos en teoría– dejar la conducción de la política exterior en manos de Van Rompuy y Ashton.

Sin embargo, la administración de Zapatero desde que asumió, a principios de año, ha intentado marcar la agenda, ignorando los nuevos poderes del presidente y la alta representante. La razón, según fuentes diplomáticas españolas, es que Van Rompuy y Ashton aún no se han asentado en sus nuevos puestos, lo cual justificaría el rol proactivo de Madrid.

La estrategia española ha generado enfrentamientos diplomáticos con las nuevas autoridades en Bruselas. La reunión en mayo "fue preparada por los españoles. El señor Van Rompuy nunca ha estado involucrado", sostuvo un portavoz del belga, remarcando el choque de intereses entre el nuevo presidente permanente del Consejo y Madrid.

En Washington la intromisión de Madrid tampoco cayó bien, ya que fue interpretada como una vuelta al antiguo sistema de la UE. Años atrás, el entonces secretario de estado estadounidense Henry Kissinger se quejó de que cuando quería comunicarse con Europea no existía "un número de teléfono a quien llamar", en relación con la falta de unidad en la política exterior europea.

Durante el largo proceso que llevó la aprobación del Tratado de Lisboa, la Casa Blanca mantuvo un ojo expectante para ver si finalmente la UE conseguía crear la mentada "línea directa con Europa". El deseo de Madrid de comunicarse directamente con Washington parece haber ido en contra de las expectativas de los norteamericanos.

Mientras tanto, Van Rompuy utilizó la negativa de Obama para afirmarse en su cargo. "El tratado es claro: en el futuro, nosotros organizaremos las cumbres en Bruselas". Por su parte, fuentes del gobierno español dijeron que era improbable que la cumbre se celebrara en Madrid.

En Bruselas, mientras tanto, el rechazo de Obama es visto como una demostración de que la Unión Europea ha perdido se relación de privilegio con Washington. La discusión ahora ronda en cómo Europa puede volverse "útil" a los Estados Unidos, para recuperar el favor perdido.

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