La morosidad en la ciudad superó ya los niveles de la crisis de 2001

El índice trepó al 16,71% frente al 12,81% de igual mes de 2008 y al 12,40% de 2007. Es el máximo alcanzado en los últimos ocho años en Río Cuarto. El poder adquisitivo, cada vez más comprometido

El nivel de morosidad registrado en los comercios de la ciudad sigue en un camino de ascenso sin pausa.

En junio, la cantidad de documentos afectados -personas que tienen crédito en los comercios con cuotas atrasadas- creció un 42,3 por ciento con respecto a agosto de 2001, cuando el país se encausaba hacia la crisis económica, política y social más profunda de su historia. Mientras que el índice de morosidad, que se extrae del total de personas con crédito sobre los afectados, es del 16,71% frente al 16% de aquel mes.

Los registros que lleva adelante la Cámara Mercantil e Informes Comerciales muestran un notable quiebre en la tendencia a partir de marzo del año pasado, cuando se inició el conflicto agropecuario y la economía ingresó lentamente en un proceso de desaceleración.

Hasta ese momento el índice marcaba una estabilidad con leve tendencia alcista. En enero de 2007 registró un nivel del 12,10%, mientras que un año más tarde alcanzó un 12,51%. A partir de allí inició el ascenso hasta lograr el récord de junio.

En total, hay 28 mil documentos afectados en Río Cuarto sobre un total de cuentas corrientes de 167.534.

Entre los comerciantes sólo encuentran una razón a la escapada de la mora: el freno de la actividad agropecuaria, el motor de la economía regional. Las ventas en general comenzaron a amesetarse y en algunos rubros se inició una caída.

Junto con esto, las tarjetas de crédito recortaron los planes largos y dejaron sólo tres cuotas sin interés en el mejor de los casos. Esto imposibilitó a los consumidores tener financiamiento y entonces el poder de compra se limitó fuertemente. El margen de las tarjetas se colmó rápidamente y los comercios sintieron a diario la superación de los límites de parte de los clientes. "Llegamos a pasar dos y tres tarjetas para pagar un pantalón porque en cada una el cliente tenía unos pesos de margen y entre todas alcanzaba el valor de la compra", explicó un comerciante de una casa de ropa céntrica a PUNTAL.

Las tarjetas

Esto derivó en atraso en el pago de las tarjetas y luego también en las cuentas corrientes abiertas en los negocios. Se formó así un círculo vicioso en un sector de los consumidores que aún está lejos de revertirse.

A esto luego le llegó la crisis financiera internacional que afectó a muchos sectores de trabajadores que vieron reducidos sus jornales, y muchos contratados perdieron sus empleos. Esto también restó circulante.

Frente a esto, existieron a favor las recomposiciones salariales que en algunos casos superaron el 20%, lo que trajo alivio a esos sectores.

"A este panorama poco alentador hay que sumarle que ahora se incrementaron los servicios como el gas, que llegó con subas altísimas y que eso en definitiva lleva a comprometer más los ingresos de las familias que pierden otra vez poder de compra", destacó el comerciante.

Lo cierto es que la situación además no tiene una fecha de vencimiento, según estiman los mismos comerciantes. Por el momento, sólo estiman que una recuperación del campo puede sacarlos del largo letargo que vienen soportando desde hace más de un año.

El aguinaldo, a pagar las cuentas pendientes

Desde fines de junio y comienzos de julio, los principales comercios de la ciudad advierten una tendencia: mucha gente se acercó a cancelar al menos parte de la deuda que venía arrastrando de los últimos meses.

Fue el indicador de que el sueldo anual complementario liquidado desde fines del mes pasado fue en buena parte a pagar deuda.

"Ya no se destina a cuestiones excepcionales como ocurría frecuentemente. Ese gasto que esperaba hasta julio o diciembre y se afrontaba con el aguinaldo. Ahora, el destino de esa extra ya se lo conoce con anterioridad porque se utiliza para las cuentas pendientes", explicaron desde la Cámara Mercantil.

Esto permitió a algunos ganar margen para recuperar poder de compra. Para otros, significa tiempo ganado para volver a endeudarse y esperar sólo que llegue diciembre para intentar equilibrar las cuentas.

En el comercio existe, por este motivo, gran preocupación porque advierten que no hay un horizonte alentador en cuanto a la reactivación del consumo.

Esto también tiene que ver con el adelantamiento de las liquidaciones en los rubros vinculados a la vestimenta. Un proceso que comienza cada vez más anticipado.

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