Morir y vivir en Haití: La mujer que vivió 72 horas bajo los escombros

Una mujer nigeriana, que trabaja para el Comando de la Minustah, se salvó a último momento por pura casualidad.
Escuchó los pasos de alguien por encima del montón de escombros que la tapaban y con la escasa fuerza que le quedaba pidió auxilio. La suerte la acompañó: quién la escuchó era un rescatista dominicano. Minutos después, y con la ayuda de colegas que estaban en las cercanías, el hombre logró sacarla del pozo en el que yacía por debajo del entramado de vigas torcidas y bloques de cemento.

La nigeriana, a la que esta enviada pudo ver cuando entraba en el hospital argentino, ya por la noche tarde, se encontraba en el segundo piso del edificio del Comando cuando ocurrió el temblor. Durante las 72 horas que permaneció bajo tierra absorbió gran cantidad de polvo. Y antes de ayer por la noche, cuando entró en el hospital, le practicaron un drenaje para eliminar la "basura". "Era impresionante lo que tenía adentro. Por suerte, es una mujer de contextura muy fuerte y eso le permitió sobrevivir", dijeron los médicos.

Desde el hospital la mandaron a Santo Domingo a una clínica a donde son derivados estos casos extremos. Su cuerpo estaba inflamado cuando salió hacia la ambulancia que la aguardaba. "Es un edema general que se produce en estos casos", comentó un médico. Nadie sabe cuál era el nombre.

Médicos y enfermeras, como también los militares y las militares que sirven de apoyo -en su mayoría de Fuerza Aérea- admiten que todavía no cayeron en la cuenta de lo que pasa. "El trabajo nos exige mucha sangre fría y no podemos pensar en nuestras situaciones personales". Pero ayer, una joven bioquímica -teniente primero de la Fuerza Aérea- relató a Clarín su propia experiencia que ahora la despierta por la noche: "Estaba en el supermercado junto con otros 5 colegas. De pronto escuchamos una explosión y vimos caer una viga. Enseguida empezó a formarse una densa columna de polvo. Corrí para la puerta, pero en ese momento vino la onda de propagación y ya no me pude mantener en pie. Fue lo peor de todo. Caí sobre un changuito y muchos pasaron por encima de mí. Tal vez eso empujó el carrito hacia el exterior, donde me vi de pronto sin saber muy bien cómo había salido. Solo tuve algunos golpes y lastimaduras pequeñas". Lo mismo ocurrió con sus compañeros. Todos ellos se subieron en el vehículo de la ONU y fueron al hospital: "En el camino la gente nos golpeaba la ventanilla pidiéndonos que los lleváramos al hospital"

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