De Morenos y Maradonas

Por: Osvaldo Pepe.

Hay una Argentina anhelante y anhelada, casi siempre conjetural. Circula en la palabra y en los discursos formales, pero en la praxis cotidiana asoma muy de tanto en tanto y se desvanece pronto, barrida por las urgencias sin nobleza.

Lo permanente es una Argentina literal, brutal y prepotente, fanfarrona y patotera. Esa Argentina ha hecho del conflicto una militancia cotidiana y de la discordia una razón estratégica. Nadie pretende un país donde el consenso sea una caravana de ángeles que entonan villancicos navideños, pero tampoco un metafórico camposanto donde se caven a diario trincheras de exterminio ni con la impunidad de las delaciones obsecuentes del aparato estatal ni donde se disfrace la corrupción de ideología y principismos, cuando sólo se trata de acumular poder y dinero para alinear voluntades.

Hoy Clarín muestra un capítulo más sobre los subsidios truchos de la ONCCA, el organismo kirchnerista que controla la actividad del campo y que terminó armando una red perversa que entregaba dineros públicos a personas de pocos o ningún recurso, aunque en verdad sólo tenían por destino alimentar la caja del poder (Los subsidios truchos de la ONCCA se armaron en dos oficinas y un bar). Desde su derrota en las urnas, el Gobierno practica ante la oposición y la sociedad la más reciente "doctrina Maradona": sin decirlo, todos los días dice lo que Maradona vomitó en la rueda de prensa de Montevideo. Un ejemplo: Moreno con sus brutales chicanas y amenazas nunca negadas.

Estamos en el reino de los Morenos y los Maradonas. Muy distinto al de la bella poética de Sabina, que le cantó a los "Dieguitos y Mafaldas". Diego era entonces el genio del fútbol y Mafalda, el cómic entrañable y tierno del alma argentina. Mafalda no cambió. Al técnico Maradona se lo ve hoy más afin al escatológico Moreno, un funcionario que sólo es la marioneta más triste de un titiritero en las sombras, patético y apenas vulgar.

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