Moreno levanta un muro para contener la fuga de verdes.

El secretario les anticipó la medida a empresarios y a las cadenas de electrodomésticos. Es para mantener el superávit comercial y aventar una corrida cambiaria. "Si no les conviene, tráiganme las llaves de las empresas", advirtió.
"Si no les conviene, tráiganme las llaves de la empresa que yo me hago cargo de la gente. En la papelera Massuh me va bárbaro". Desafiante, cerca de las ocho y media de la noche del último viernes Guillermo Moreno insinuaba el final de la reunión que, durante una hora y media, había mantenido con un centenar de empresarios de primera línea de compañías de diversos rubros. Los había convocado para advertirles que, a partir de ahora, no los va a dejar importar más productos a menos que también exporten por el mismo monto. Es decir: por cada dólar que demanden para adquirir bienes en el extranjero, deberán generar otro. Moreno pronunció la frase del comienzo de esta crónica cuando los empresarios le señalaron que no fabrican nada en la Argentina, y que por lo tanto se les dificultaba la posibilidad de exportar. Pero más allá de la pulseada entre el Gobierno y esas compañías, lo que desnuda el reclamo del secretario de Comercio es la escasez de divisas por la que atraviesa el país, en medio de la fuga de capitales y el corte del financiamiento en un contexto de crisis global.

El funcionario, de hecho, les recomendó a los hombres de negocios la lectura de un libro de Guido Di Tella sobre "los ciclos económicos argentinos". "Di Tella no es santo de mi devoción, pero ahí explica que las crisis argentinas se generan cuando el país se queda sin dólares", comentó. Y agregó: "Las exportaciones caen 20% pero gracias a la regulación del comercio exterior mantenemos el superávit. El objetivo es que ustedes, los importadores, se larguen también a exportar". Junto a Moreno se encontraba Fernando Fraguío, secretario de Industria. Una señal de que la iniciativa cuenta con el aval de todo el Gobierno, según aclaró.

Anteayer, Cristina Fernández adelantó que el superávit comercial de mayo había crecido 120%, a unos 2.280 millones de dólares. Ese incremento, en un contexto de retroceso de exportaciones, se explica por el desplome de las importaciones. Las compras en el exterior cayeron 43% interanual, según los últimos datos oficiales. La caída refleja un menor consumo interno, un freno en las inversiones empresarias, pero también en medidas tomadas por el Gobierno para detener las compras en el exterior.

En la heterogénea platea del Salón Federal de la secretaría de Industria y Comercio, a Moreno lo escuchaban los primeras líneas de empresas de electrónicos (como Samsung y Panasonic), línea blanca, juguetes, equipos de gas, informática y cadenas de comercios como Garbarino, Frávega, Coto y Carrefour. El común denominador entre ellos era que importan productos que para ingresar al país deben pedir una licencia. La autorización oficial puede demorarse hasta 60 días. En los últimos meses, el Gobierno intensificó la regulación del comercio exterior, obligando a cada vez más sectores a reclamar permisos para traer mercadería desde el extranjero. Frente a la escasez de divisas, esta estrategia de comercio regulado sirve para cuidar cada dólar que entra al país.

–Yo no tengo nada para exportar, ¿qué hago? –cuestionó un representante de una cadena de artículos electrónicos. –No sé cómo será tu negocio. Pero los convoqué un viernes a la tarde para que tengan todo el fin de semana en pensar cómo seguir.

Después, Moreno agregó: "Llegó el momento en que cada empresa debe estar intrabalanceada en términos cambiarios. Si importan, hay que exportar por un monto similar. Y si no les conviene, tráiganme las llaves de la empresa que yo me hago cargo de la gente". Durante 90 minutos, el secretario dio una clase sobre el funcionamiento de la economía. "Imagínense que hay dos bolsas, de una salen dólares para comprar importados pero, de ahora en más, a la otra deben entrar los dólares que se gastan", graficó. "Como empresarios, ustedes tienen un deber patriótico", completó.

–¿Podemos unirnos varios y exportar soja? –preguntó uno.

–Ni se les ocurra. Con la soja no se metan –remató Moreno.

Otro ejecutivo insinuó que la imposición del funcionario era ilegal. Que nadie estaba obligado a cambiar de rubro. Moreno fue tajante. Se acercó el micrófono a la boca y respondió: "Guarda con buscarse un abogado. Ni se les ocurra. Esto que les estoy anunciando es netamente comercial", sugirió.

Al mismo tiempo, les informó a las empresas que tienen retenida mercadería en la Aduana, a la espera del otorgamiento de la licencia para ingresar al mercado interno, que tendrán que entregarle una declaración jurada en la que se comprometan a exportar mercadería por un monto similar al ingresado, en el plazo máximo de un año.

También dio el ejemplo de la multinacional Nike, que negoció con el Gobierno la exportación de cueros para compensar sus importaciones.

En los últimos dos años, la salida de capitales desde la Argentina alcanzó la friolera de 40 mil millones de dólares. Sin miras de que ese escenario vaya a modificarse en el corto plazo, el Gobierno echa mano a medidas restrictivas como ésta, que apuntan a crear un muro.

OPINIÓN

El amague de Moreno

Alejandro Bercovich

Discretamente, desde hace dos meses, las cadenas de supermercados empezaron a importar menos para que la caída del consumo por la crisis no golpee sólo a las fábricas argentinas. Claro que no lo hicieron por solidarios sino porque se los reclamó la ministra de la Producción, Débora Giorgi. Si no acordaban, la opción oficial era limitar el ingreso de los productos más "sensibles" exigiendo permisos o imponiendo cupos, como los que ya rigen en varios rubros.

Moreno, virtual ministro de Economía, ahora fue más allá con su advertencia de cerrar con llave las fronteras para cuidar los dólares. Pero como hizo con los fracasados acuerdos de precios que pactó con los mayores pulpos de la economía dejando afuera a las pymes, coqueteó con el ridículo al exigirles a empresas como Sony o Carrefour que empiecen ya mismo a exportar por el mismo monto que compran al exterior. ¿Acaso cree que de la noche a la mañana se van a empezar a fabricar reproductores de MP3 en La Matanza? ¿O sobreactuó el "vivir con lo nuestro" de Aldo Ferrer para que después lo gasten los ultraliberales?

Devoto católico y peronista ortodoxo, el guardián de los precios ubica a Hugo Chávez en la "zurda loca", como suele definirla Juan Belén, el número dos de la CGT. Su Biblia es La comunidad organizada, del Perón del 49. No quiere nacionalizar sectores estratégicos de la economía en manos privadas como sí proponen Pino Solanas, Luis Zamora o incluso tímidamente Carlos Heller, acaso el último vestigio de la transversalidad kirchnerista.

Como con la movilidad jubilatoria trucha que aprobó el año pasado, el ala derecha del Gobierno se apropia de banderas de la izquierda y las bastardea. Así asfalta el camino para que el recambio de 2011 tome un color cada vez más parecido al del menemismo.

Moreno se promociona como un bombero imbatible. Pero se negó a reconstruir el cuerpo de inspectores y planificadores estatales desmantelado en los 90. Y si el Estado se caricaturiza, el mercado vuelve a lucir serio para el electorado. Incluso aunque su reinado omnímodo haya llevado a la peor crisis mundial desde 1930.

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