Moreno se aferró a los penes de toro

Esa menudencia no está en "la mesa de los argentinos" pero las sumó a la lista de restricciones. Los frigoríficos están abarrotados. China espera.
Guillermo Moreno los reconoce: “Ahí vienen los muchachos de los penes de toro”, dice apenas los ve venir. “Los muchachos” son exportadores de penes de toro, precisamente, que abruman al secretario de Comercio con sus reclamos y penurias. Le explican que en ciertos casos, como el de ellos mismos, la exigencia de un encaje de stock y un permiso administrativo para poder vender al extranjero no tienen ningún sentido. Le repiten que los penes de toro no están incluidos en “la mesa de los argentinos”. Que acá, entre nosotros, nadie se anima a comer la parte del novillo de setenta centímetros de largo por dos centímetros de diámetro, que es el más habitual de los penes. Y aún menos el de un toro adulto, que llega a medir un metro y veinte centímetros por siete centímetros de diámetro. Los treinta empresarios argentinos que se dedican a este comercio le dicen a Moreno que sólo los chinos los consumen. Y le piden clemencia. Pero consiguen poco y nada.

El triste presente del comercio de los penes de toro tiene a los clientes en Hong Kong esperando en vano su mercadería afrodisíaca para sazonarla con picante. Y a los empresarios locales chillando por la tozudez de Moreno. Varios de ellos, en diálogo con este diario, se quejaron con amargura de que las vísceras se acumulan sin sentido en las cámaras frigoríficas, que ya están saturadas por las exigencias de la política oficial.

Esa realidad es consecuencia de las restricciones comerciales que impuso el Gobierno para tratar de pisar el precio de la carne.

Primero se instalaron los registros de operaciones de exportación (ROE). Hay rojo, para carne; blancos, para lácteos, y verdes para oleaginosas y cereales. Al trámite para conseguir el ROE –que llegó a tener demoras de 90 días y que hoy día todavía tarda más de 20 jugando al límite con la vida útil de ciertos cortes no congelados– se le sumó una nueva exigencia: el encaje. En las carnes de exportación se debe tener un stock de 75% de su almacenamiento para vender el 25% restante. En las menudencias, hasta hace 60 días era de 50% de stock para poder vender el otro 50, y ahora la exigencia del stock es del 20 por ciento.

El caso de los penes de toro es el más ilustrativo. La faena de un animal deja también otros cortes que en la Argentina no se usan ni se consumen o que superan las necesidades del mercado interno y que, agrupados en las planillas de exportación como menudencias, significaron entre enero y octubre de 2008 un comercio de 93.570 toneladas.

Aorta, cuajo, librillo, lengua, hígado, corazón, mondongo, tendón y hasta los cartílagos nasales viajan a Hong Kong, la Federación Rusa, el Congo, Ghana, Angola y Perú.

La Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario, hasta hace poco encabezada por Ricardo Echegaray y ahora conducida por Emilio Eyras, es la encargada de exigir los encajes. Los empleados de la Secretaría de Comercio hacen el seguimiento. Moreno es quien define a quién y cuándo se le dan los permisos para exportar. Este diario quiso consultarle al funcionario de confianza de Néstor Kirchner por el caso de los penes de toro y por las dificultades de la exportación de menudencias. Pero el secretario de Comercio Interior, de aparente buen humor, evitó enfrentar la temática. “Te agradezco”, dijo. Y cerró la polémica. A su manera.

Comentá la nota