Acá, Moreno activa las alarmas

Por Francisco Olivera

Las peores pesadillas, los augurios empresariales más tenebrosos surgieron, en realidad, algunas horas antes de las recientes estatizaciones anunciadas por el presidente venezolano, Hugo Chávez.

Fue la semana pasada, con los trascendidos de una aleccionadora reunión que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, tuvo con productores del complejo avícola AVEX. Estaba, entre otros, Roberto Domenech, vocal de la Unión Industrial Argentina (UIA). Moreno dijo ese día que la incursión gubernamental en la papelera Massuh, rebautizada Papelera Quilmes, sería un caso testigo para demostrar que la gestión estatal, en la Argentina, podía ser más eficiente que la privada.

La medida de Chávez redobló entonces el espanto. Por una razón primaria: los empresarios están convencidos de que Moreno tendrá éxito como director o gerente de la papelera. No parece tan difícil, en realidad: ya consiguió rápidamente la normalización del servicio eléctrico; le pidió alambre a Arturo Acevedo, de Acindar; obtuvo materia prima (pasta) de otros proveedores, y habló personalmente con la jueza del concurso, María Cristina O´Reilly, para frenar los 14 pedidos de quiebra.

Si lo sabrá un gerente de Massuh, que conoció de un golpe crudo el estilo del secretario el día en que Moreno le preguntó con quién hablaba en Carrefour para colocar los productos escolares de Della Penna, marca del grupo. "Con el gerente de Compras", fue la respuesta. Moreno no habría sido Moreno si no le hubiera contestado con un insulto irreproducible seguido de un consejo: que llamara, de su parte, a los Nº 1 de todas las posibles compradoras.

La papelera no tiene todavía productos escolares para entregar pero recibió, a las pocas horas, un cheque anticipado de la multinacional francesa. Habría sido de 500.000 pesos.

Nadie puede decir además que el secretario, dueño de la Distribuidora América, una ferretería mayorista, no es un buen negociador. Ya lo advertían hace un año sus pares empresarios, al ver que Distribuidora América recibía de sus proveedores, por esas conmovedoras atenciones del mundo de la construcción, los precios más bajos del mercado. Un talento de vendedor inigualable, tan efectivo como el que exhibía meses atrás Roberto Baratta, subsecretario del ministro Julio De Vido, para convencer a grandes grupos nacionales de comprarles los pasajes a Aerolíneas Argentinas.

Así, el rotundo éxito de Papelera Quilmes podría ser homologado esta semana con una visita de Néstor Kirchner a la planta para abrazarse entrañablemente con los empleados. Un festejo que será, como casi todo en el planeta Moreno, gestual y simbólico: no hay, hasta ahora, un solo papel firmado que acredite que el Estado es el gestor de la papelera y que ésta tiene la obligación de pagar un canon, aunque efectivamente se cumplan ambas cosas. Algo parecido a lo que pasa con Marsans, todavía dueña de Aerolíneas Argentinas pese a las epopeyas estatistas.

Todas estas inquietudes desencadenaron el alerta empresarial anteayer, cuando varias cámaras emitieron comunicados repudiando los pasos bolivarianos. Fue una iniciativa conjunta, más allá de los esfuerzos por mostrar espontaneidad. "De la Vega no mandó, pero ya va a mandar", contaba en voz baja, el viernes por la noche, un empresario que nada tiene que ver con la Cámara Argentina de Comercio que conduce Carlos De la Vega. De lo contrario, los devotos de las casualidades deberán entonces explicar por qué el periodismo argentino tuvo anteayer el honor de conocerle la voz al esquivo Sebastián Eskenazi, del grupo Petersen e YPF, otro de los que alertó sobre el resguardo de la propiedad privada en Venezuela.

¿Quién podría creer, por otra parte, que Chávez estuvo en El Calafate guardando el secreto para sorprender, horas después, a sus anfitriones Kirchner desde Caracas con estatizaciones de empresas argentinas?, se preguntan en varias compañías.

La sospecha se suma a un sugestivo cambio de tendencia en la relación bilateral: mientras hace dos o tres años los hombres de negocios argentinos eran invitados por el Gobierno para participar de joint ventures con firmas venezolanas, desde hace unas semanas las convocatorias son al mismo destino, pero sólo para ofrecer know how a las firmas estatizadas o públicas caribeñas.

"Manotear lo que puedan"

No hace falta entrar en ninguna conspiración para advertir que, a estas alturas, salvo contadas excepciones, son muy pocos los empresarios argentinos que quieren un triunfo del Gobierno en las próximas elecciones. Eso sólo se percibe hablando con ellos. Pero el temor los invade cuando imaginan un Néstor Kirchner perdedor de la mayoría legislativa y con cinco meses de gracia antes del recambio en las cámaras. "Van a aprovechar para manotear todo lo que puedan", se estremeció ayer ante este diario el propietario de una firma nacional. La preocupación incluye a los banqueros.

Hay que decir, con todo, que pocos sectores han hecho tanto por el avance del Gobierno en las empresas como los propios hombres de negocios. La imagen del ex presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) Juan Carlos Lascurain, el 22 de octubre pasado, aplaudiendo en el acto en que la presidenta Cristina Kirchner anunciaba la estatización del sistema previsional contrasta con las múltiples quejas que la misma entidad fabril hace ahora en voz baja sobre los nombramientos de los directores estatales en compañías privadas. Gracias a las acciones que estaban en poder de las AFJP, el Estado tiene ya directores en unas 15 compañías.

La proyección de la vida después del kirchnerismo da para todo. Kirchner desconfía incluso de los empresarios que buscan resguardarse. Le molestó hasta la irritación, por ejemplo, haberse enterado de una reunión de hace un mes entre los propietarios del grupo Petersen y Carlos Reutemann. En los hechos, los Eskenazi controlan YPF con sólo un 15% de las acciones, pero ninguna continuidad está garantizada con otros vientos políticos. En ese conflicto habría residido el reciente enojo de la familia constructora y un rumor que circuló en las últimas semanas en YPF: Kirchner dio ante los españoles de Repsol señales de querer a otro grupo en la petrolera. ¿Intereses en Venezuela? Consultados por LA NACION, en Pdvsa, la petrolera estatal bolivariana, lo negaron enérgicamente.

La vuelta del Estado empresario

EL PRIMER CASO

Correo Argentino

* Fue la primera estatización del gobierno de Néstor Kirchner y se hizo con la promesa de volver a privatizar la empresa. Se concretó en 2003 luego de que se le quitó la concesión al grupo Macri.

EL TURNO DE LOS EXTRANJEROS

AySA

* En 2006, luego de acusar a Aguas Argentinas (la filial local del grupo francés Suez) de incumplir el contrato de concesión, el Gobierno tomó el servicio y creó Aguas y Saneamiento Argentinos (AySA).

EXPROPIACION

Aerolíneas Argentinas

* En 2008, para evitar la quiebra y el cierre de las empresas, el Gobierno expropió Aerolíneas Argentinas y Austral, del grupo español Marsans, que formalmente aún es el propietario.

LA ANSES AL RESCATE

Papelera Massuh

* Quebrada y a punto de cerrar, la papelera Massuh fue la primera empresa que fue rescatada por el Gobierno con fondos de la Anses. Se la rebautizó Papelera Quilmes y será gestionada por Guillermo Moreno.

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