Morder el anzuelo una vez más

"Era todo pregunté, soy un iluso. No nos dimos nada mas, solo un buen gesto". Nada mejor que citar al indio Carlos Solari cuando lideraba los Redondos para intentar descifrar la relación percibida entre Ejecutivo y el Sindicato de los municipales, y la sensación que reinó en los trabajadores. No hubo ningún héroe en este lío y todo el rocanrrol obrero se metió bajo el pulso de una negociación tan complicada como indescifrable, que se jugó hasta últimas horas para hacer cambiar una historia que parecía escrita.

Por Guillermo Liggerini

En el medio, el vecino, que mordió el anzuelo una vez más, fue un iluso. Aunque ya la estrella se agotó y era el lujo que algunos podían todavía ostentar.

Finalmente, con una ajustada mayoría el Sindicato hizo prevalecer su intención de aceptar la última propuesta que bajo cuerda y sobre la hora de la asamblea el lunghismo jugó para allanar una salida que minutos antes resultaba imposible de sostener.

Sobre los alcances del acuerdo, habrá lecturas varias a la hora de interpretar si era necesario llegar a esta instancia, a seis días de paro, para que los obreros que más necesitan de un incremento, los de menor rango en la escala salarial, perciban en cuenta gotas unos 40 pesos de bolsillo.

Las partes tendrá sus razonables razones. Razonamientos que no necesariamente deben digerir los vecinos, quienes sufrieron la precariedad de los servicios por el cual tributa religiosamente a pesar de la mismas contingencias económicas que desnudó el trabajador municipal.

Aquí merece abrirse un interrogante. Teniendo en cuenta que el disconformismo es generalizado, más temprano que tarde devendrán nuevos planteos salariales. Ha sido muy ajustado el voto que permitió destrabar el conflicto, pero es sólo un parche, y así lo denotaron cada uno de los trabajadores a la hora de aceptar a regañadientes el convite radical. Ni que hablar de los que no aceptaron, que, si se suman a los profesionales del Hospital, resultaron la voluntad mayoritaria.

RESCANDO LO POSITIVO

Como lecturas positivas, podría rescatarse la comunión lograda entre la conducción gremial. A pesar de la complejidad del asunto a resolver y contener, la cúpula del Sindicato y de la Asociación de Profesionales (folclóricamente distanciados) con sus intereses a cuestas mantuvieron su convivencia que inquietó al Ejecutivo.

Otro dato alentador y que indefectiblemente el lunghismo lo padecerá tiene que ver con la figura del secretario de Gobierno, Marcos Nicolini, cuyo perfil y moderado discurso resultó un interolocutor válido que siempre se encargan de rescatar hasta los propios sindicalistas.

Si bien seguirá formando parte del proyecto de gobierno, factiblemente resultó su último protagónico al frente de una negociación de esta naturaleza, habida cuenta del futuro rol que le tocará emprender desde diciembre desde el legislativo.

Ya se ha concebido que nadie es imprescindible, pero se ha hecho notar que será todo un desafío para el Gobierno ya no contar con dos pilares como Carlos Fernández y Julio Elicichiribehety, y encima Nicolini, quien volvió a mostrar su capacidad para demostrarle al resto de sus correligionarios que ha sido el único capaz de mantener un diálogo respetuoso con los municipales, más allá de la folclórica pirotecnia verbal que de tanto en tanto funcionarios y sindicalistas se encargan de parodiar.

Despojado de la soberbia que otros pares ostentan sin disimulo, el concejal electo fue en persona a la sede gremial a entregar una propuesta mejor, gesto que supo contemplar el sindicato. Nada que ver con aquello de cerrar las puertas del palacio municipal e imponer uniformados cual provocación peligrosa.

Para varios, el proceso interno liderado por Martínez Lastra también resulta una brisa de aire fresco. Con aquello de consultar a las bases antes de resolver el entuerto, es considerado como un gesto democrático diametralmente opuesto a lo que la cúpula sindical nacional sabe demostrar.

Será interesante seguir de cerca dicha actitud, para poder descifrar si tiene que ver con una fuerte vocación democrática o simplemente se trató de una estrategia política sindical para contrarrestar una debilidad propia de alguien que lleva muchos años atornillado a la conducción y que podría estar frente a un desgaste natural.

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