"Morales, Carrió y Artime: La trilogía del Apocalipsis tiene sus oráculos"

Así se titula un texto enviado a la redacción de 0223.com.ar por el dirigente del Movimiento Libres del Sur, Juan Pablo Malagutti.

Sr. Director:

"MORALES, CARRIÓ Y ARTIME: LA TRILOGÍA DEL APOCALIPSIS TIENE SUS ORÁCULOS"

El primer "escándalo" ocurrió en Jujuy. El escrache al presidente de la UCR , Gerardo Morales, por parte de la organización Túpac Amaru, conducida por Milagros Sala.

El segundo fue el desafortunado y extraño episodio en el que se le encontró al hijo de Emilio Pérsico, responsable del Movimiento Evita, plantas de marihuana en una camioneta oficial que él conducía. Según su versión, no eran de él.

El tercer y último capítulo de la trilogía apocalíptica del piqueterismo nacional, ocurrió en Mar del Plata. La toma por parte de cooperativas de organizaciones sociales del Concejo Deliberante donde hubo golpes y se violentaron algunos muebles del recinto. Entre los dirigentes sociales se encontraban los hijos de Mario Puche, del movimiento Atahualpa.

Se cerró entonces el círculo en tres jornadas consecutivas. La conclusión estuvo a cargo de los nuevos oráculos apocalípticos: Morales, Carrió y Artime.

"Hay un plan para sembrar el caos y la violencia", "son grupos armados y violentos", "son sectores ideologizados y politizados", "recurren a métodos similares a los de los militares en la dictadura", son organizaciones "mafiosas", dispararon los gurúes de la democracia y la republicanidad.

¡La sociedad está acorralada por una multitud de bárbaros y violentos!

En su mayoría son de "izquierda" pero "usan métodos de la dictadura".

Son "financiados por el gobierno", aunque en realidad "generan el conflicto social" porque son "opositores al gobierno" o porque el gobierno "no cumple con sus demandas".

Podrían decir también que son de River, pero también de Boca. Cualquier concepto contradictorio cabría en el análisis del Apocalipsis, porque esa es la política del caos, la de generar, amplificar y unir intencionalmente un conjunto de hechos inconexos y presentarlos como un todo concentrado, a través de la batería de medios, de los que disponen a discrecionalidad.

Ahora sí, la sociedad puede identificar mejor a su enemigo público.

Ejemplo:

Negro, pobre, en el contexto de una marcha, hay banderas, hay bombos.

Resultado del escaneo: piquetero, violento, seguro porta armas de fuego, es peronista, o peor, peronista de izquierda o tal vez comunista, lo que no sería nada raro, o tal vez fascista pro Videla que quiere cercenar los derechos constitucionales. Quiere que llegue tarde al trabajo porque no sabe lo que es trabajar porque es vago, aunque está pidiendo trabajo. Va a destruir lo poco que queda de democracia definiendo todo en asamblea como lo hacen los piqueteros de Kraft. El gobierno le paga para que le haga quilombo al mismo gobierno que le está pagando.

De esta manera la sociedad entra en pánico y no comprende en lo más mínimo qué es lo que está ocurriendo. Así funciona la política del caos.

Y para que haya caos tiene que haber una fuerza incontrolable, irracional.

Aparece entonces el "eje del mal" encarnado en el ridículo e incoherente trinomio: Sala-Pérsico-Puche. Que podría haber sido Rodríguez-Martínez-Pérez. Daba lo mismo.

Así se construyó mediáticamente, en tres días, la demonización de los movimientos sociales con una trilogía enmarcada en tres hechos consecutivos. Inconexos territorial y políticamente, pero unidos por la necesidad de neutralizar cualquier interlocutor que no sean los referentes de la derecha y la iglesia, quienes ahora son los únicos autorizados para hablar de pobreza y reclamar al gobierno.

La derecha ve peligroso que el desgaste que le propinan al gobierno nacional, sea capitalizado por sectores consecuentes que quieren cambios profundos, más allá de los límites que pone el gobierno nacional. Y que además han logrado mostrar capacidad política para capitalizar los debates de las urgencias sociales: Pino Solanas, Martín Sabbatella, Jorge Ceballos, Claudio Lozano, Cecilia Merchán, Víctor De Gennaro, Carlos Raimundi, Victoria Donda. Ellos y ellas son expresión incipiente de estas representaciones, por citar sólo algunos referentes.

No es casualidad que esto ocurra justo en el momento que empiezan a pararse en la agenda legislativa las propuestas de estos referentes vinculadas a la asignación universal por hijo e hija.

Conociendo la íntima relación entre los movimientos sociales y los referentes políticos de la centro izquierda, Carrió y compañía ven amenazado su protagonismo oportunista.

Pero sobre todo, que el debate gire hacia la distribución de la riqueza para frenar la pobreza, tocando los intereses económicos de los sectores concentrados que Carrió y Morales representan.

Gracias a la demonización de los movimientos sociales, ahora son Morales y Carrió –junto al titular de la Pastoral Social , Jorge Casaretto, y al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio-, los que están autorizados a hablar de pobreza y acumular políticamente el reclamo al gobierno, sin que éste mute en un profundo debate sobre la desconcentración de la riqueza, que hoy está en pocas manos, para su distribución.

Como los actores sociales del 2008, que fueron los jinetes del Apocalipsis campestre (la mesa de enlace), los actores políticos de hoy son los oráculos del Apocalipsis. Su herramienta social, la Iglesia , la que redime para la salvación de este caos.

Lo de Artime es anecdótico, un peón más que aporta a la política del caos para justificar la falta de gestión municipal.

Hoy por hoy, cualquiera con un micrófono puede sumarse a la gesta apocalíptica de la derecha nacional.

APARTADO

Lo de Mar del Plata no tiene gollete. Más allá de las autocríticas necesarias que deberán hacer los movimientos sociales -en algunos casos públicas, en otros hacia adentro- es imposible pensar que no hay intencionalidad en los análisis y preponderancia mediática que se le han dado a los hechos, que opacaron, en esos tres días, aún a la misma inseguridad a la que los medios nos tienen acostumbrados.

Es increíble que la toma temporaria de un recinto público de Mar del Plata haya sido tapa de diarios nacionales. Es desproporcional la magnitud mediática respecto al hecho. Todos los medios radiales, televisivos y gráficos tomaron parte en un hecho doméstico, que en cualquier otro momento hubiera pasado desapercibido. Sólo la intencionalidad política puede responder a tal interés mediático nacional.

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