El monumento en una plaza que no pudo ver la luz

Si se hubiera seguido la idea original, hoy la plaza de la joroba tendría dos manzanas de extensión, estaría ubicada en Concepción, la calle Mendoza la atravesaría al medio por un túnel, y tendría una estatua de Juan Jufré y una cripta con cenizas de víctimas mortales del terremoto de 1944.
De esa manera, estaría erigida como monumento que recordara para siempre la tragedia del peor sismo que sufrió la provincia, hace exactamente 65 años. Pero ese proyecto, gestado por Vitálico Gnecco en 1944, no prosperó. Con los años, la idea fue reciclada y terminó convirtiéndose en la actual plaza de la lomita, llamada Hipólito Yrigoyen, que lo único que guarda en común con aquella propuesta es tener una loma hecha con escombros de la ciudad destruida.

Del proyecto de Gnecco, periodista, activista social y referente de la cultura sanjuanina en la primera mitad del siglo pasado, dan cuenta publicaciones periodísticas de aquella época y un trabajo de investigación de la UNSJ, escrito por Hugo Roberto Basualdo Miranda, Graciela Yolanda Gómez, Rosa del Valle Ferrer y Gladys Rosa Miranda. Precisamente esa publicación recoge datos de la revista cultural Sarmiento, de 1946, para describir la idea original.

Según reza la referencia, Gnecco quería que la plaza se llamara Mártir, pero al poco tiempo la gente ya había rebautizado el proyecto como plazoleta del sismo, cerrillo del sismo o colina de la civilización. El célebre pintor Santiago Paredes se encargó de ilustrar la idea, imagen que fue reproducida en la revista Sarmiento. Y hasta se hizo una encuesta para que los lectores opinaran sobre ese virtual monumento. De ahí se concluyó que todo el mundo estaba de acuerdo con hacer la plaza, pero no en Concepción, sino en Trinidad, donde estaba la entrada a la ciudad.

La plaza que pretendía Gnecco ocupaba en los planos dos manzanas, ubicadas entre las actuales calles General Acha, Entre Ríos, 25 de Mayo y Pedro Echagüe. El quería que estuviera en esa zona porque sus viviendas habían sido las más castigadas por el terremoto. Y planeaba que la calle Mendoza atravesara la plaza de Norte a Sur por un túnel, para no modificar su estructura integral, que consistía en una especie de pirámide con niveles, todos parquizados.

Para la cima de la plaza, el periodista proponía colocar un sarcófago de travertino sobre una cripta, que contuviera cenizas de cuerpos de víctimas. Y comparaba este homenaje con "el cerro San Cristóbal en Santiago de Chile".

Pero, por más que la idea tenía mucho apoyo popular, no sobrevivió. Gnecco, propietario del diario El Censor, se enfrentó con la Intervención nacional en San Juan, con el gobierno peronista y con casi todo el poder político, dado el estilo punzante y directo con que redactaba tanto su periódico como las proclamas públicas de los '40. Incluso, pese a que por su trayectoria había ocupado cargos públicos durante la reconstrucción de la ciudad, formó una comisión paralela a la oficial, integrada por vecinos, para planificar su propia reconstrucción.

Años después, con la provincia aún intervenida en su Gobernación, las topadoras amontonaban los adobes de la ciudad caída en la manzana rodeada por las calles Mendoza, Brasil, General Acha y 9 de Julio. Ese terreno había sido expropiado a las familias Valerio, Ramírez, un negocio de Rulemanes Bolaños y el almacén de ramos generales El Valenciano, entre otros, según reseña el trabajo de la UNSJ. Y ese lugar terminó convirtiéndose en la plaza que homenajea a las víctimas, intención que hoy no muchos conocen.

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