El "monstruo de Amstetten" admitió ser culpable de incesto y violación

Negó los cargos de asesinato y esclavitud. "Tuve una infancia muy dura", se justificó.
Josef Fritzl, un austríaco de 73 años, se enfrenta desde ayer a la Justicia por asesinato, violación, esclavitud, amenazas y secuestro. Su caso dio la vuelta al mundo cuando el 26 de abril pasado fue detenido por haber secuestrado y violado a su hija, en el sótano de su casa, durante 24 años.

De aquellas violaciones nacieron siete niños. Durante aquellos años engañó a todos -o eso decían los vecinos cuando Clarín visitó Amstetten el año pasado-, y tres de aquellos niños nunca salieron del sótano. Un tribunal de Sankt Polten, al oeste de Viena, lo juzga ahora por aquellos crímenes.

Ayer, en el inicio del juicio, Fritzl describió su infancia "difícil" junto a su madre soltera, que no lo quería y le pegaba. "Tuve una infancia muy dura", dijo el acusado a los tres jueces que le pidieron que contara su vida. "Mi madre no quiso tenerme, ya tenía 42 años, ella no quería niños y fui tratado en consecuencia", relató Fritzl, quien añadió que a partir de los 12 años "fui un Satán para ella". Fritzl reconoció que, cuando su madre ya era anciana, le tapió las ventanas para que no viera la luz del sol. Su padre no hacía más que "apariciones esporádicas".

Este relato es previsiblemente el intento de Fritzl de justificar sus crímenes con el maltrato recibido en su infancia, pero los especialistas ya han dado su visto bueno para que sea juzgado y no aprecian que tenga las capacidades mentales dañadas y que eso justifique sus crímenes.

Ante la pregunta del Tribunal, Fritzl se declaró culpable de los cargos de incesto, violación, amenazas y secuestro, pero rechazó los de asesinato y esclavitud de los que se le acusa por haber encerrado a su hija en el sótano 24 años. Uno de los niños nacidos de aquellas violaciones murió al poco de nacer. Ese es el asesinato del que se le acusa, porque según la acusación, Fritzl lo dejó morir por no haberle dado los cuidados necesarios. El propio acusado reconoció el año pasado a la Policía que había quemado el cuerpo en la caldera de la calefacción.

Vestido de gris e intentando ocultar su rostro tras una carpeta azul, Fritzl rechazó contestar a las preguntas de la televisión austríaca cuando llegó al edificio.

Fritzl parecía tranquilo. No tanto cuando la fiscal, Christiane Burkheiser, enseñó a los miembros del jurado objetos guardados en el sótano "sin ventanas y sin ventilación, en una atmósfera mórbida donde Fritzl metió a su hija como un objeto de su propiedad".

Tres jueces y ocho jurados deberán decidir esta misma semana la culpabilidad o inocencia de Fritzl. La acumulación de penas no está prevista en la legislación austríaca, por lo que Fritzl será condenado a la pena más grave aunque fuera encontrado culpable de varios delitos. Esa es una de las razones por las que Fritzl se declara inocente del cargo de asesinato, porque podría llevarle a recibir una cadena perpetua. Por los crímenes que reconoce podría ser condenado a un máximo de 15 años.

El abogado de Fritzl, Rudolf Mayer, intentó, en su turno, desmontar la acusación de "monstruo". Mayer dijo a jueces y jurados que Fritz no lo es: "un monstruo habría matado a todos y habría vivido una jubilación tranquila".

Mayer llegó a decir que lo que pretendía Fritzl con el secuestro era "constituirse una segunda familia y quedársela para él". El diario austríaco Kurier, que ha tenido acceso a los diarios de Elisabeth Fritzl, la hija violada, relataba ayer que en el sótano había ratas y que las violaciones se produjeron delante de sus hijos.

Elisabeth no tendrá que declarar ante el tribunal, pues los jueces aceptaron que su testimonio sean las 11 horas de interrogatorio a las que la sometió la policía.

El juicio ha despertado tal interés que las medidas de seguridad son draconianas. A los miembros del jurado se los vigila permanentemente para que no hablen con la prensa e incluso se ha cerrado en parte el espacio aéreo sobre la localidad donde se celebra el juicio.

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