Monseñor Aguer: "la Corte perdió el sentido de lo que es justo"

El arzobispo de La Plata y presidente de la Comisión de Educación Católica del Episcopado, monseñor Héctor Aguer, afirmó ayer que los jueces de la Corte Suprema de la Nación perdieron "el sentido de lo que es justo", en referencia a la despenalización del aborto.
Los dichos de Aguer llegaron un día después de que la ministra de la Corte Suprema de Justicia Carmen Argibay reabrió la polémica sobre la despenalización del aborto al promover un cambio legislativo en torno a la interrupción del embarazo, por lo que cosechó un inmediato repudio de la Iglesia Católica, que considera esa práctica "moralmente inaceptable".

"Desgraciadamente hemos escuchado hace unos días la opinión de una jueza de la Corte (por Argibay) que afirmó que el feto no es persona y por tanto no puede ser tutelado jurídicamente hasta el momento de nacer, porque no es independiente de la madre. ¡Como si el bebé ya se independizara de la mamá cuando cortan el cordón umbilical! Lo que está sugiriendo es que el niño por nacer es un objeto, un pedazo del cuerpo de su madre", tronó Aguer.

En este sentido, el arzobispo afirmó que "es grave que alguien que quizá tenga que decidir –en virtud a su cargo– sobre este tema prejuzgue sobre la cuestión y lo haga ignorando que existen tratados internacionales que tutelan la vida humana desde el instante de la concepción".

Por su parte, Argibay, que exhortó a los legisladores a tratar los proyectos de despenalización del aborto, afirmó que éste "es un problema de mujeres jóvenes, pobres e ignorantes" que no acceden a la educación ni a los métodos anticonceptivos.

La magistrada negó ser abortista, pero calificó como "una tragedia" que miles de mujeres pobres mueran como consecuencia de prácticas clandestinas, y cuestionó que los proyectos, algunos con sanción de Diputados, no se traten por "una cantidad de influencias terribles", en alusión a la Iglesia.

La polémica se reavivó además porque Argibay se hizo eco de los resultados de las consultas telefónicas a una línea gratuita creada por una ONG para dar información sobre la interrupción farmacológica del embarazo. Experiencia que reveló que "cada 30 minutos una mujer llama" para saber cómo abortar.

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