El momento de mayor crisis

Por Jorge Urien Berri

Además de haber ocurrido en el 15º aniversario del atentado en la AMIA, el ataque que ayer denunció Claudio Lifschitz coincide con el momento de mayor crisis en la investigación de la voladura.

Lo único que se investiga actualmente es lo que desde 2000 ha denunciado Lifschitz. Se trata de una serie de presuntos encubrimientos que podrían haber cometido nada menos que el ex presidente Carlos Menem, su hermano Munir; el ex jefe de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Hugo Anzorreguy, y el ex juez federal Juan José Galeano, entre otros.

En el centro de ese esquema se encuentra el papel del Estado durante el menemismo como posible encubridor del atentado. De ahí a la eventual participación de argentinos cercanos al Estado en la verdadera conexión local hay sólo un paso.

Lifschitz ha declarado que la SIDE menemista había infiltrado una célula iraní en Buenos Aires meses antes del atentado. En 2005, el gobierno de Néstor Kirchner reconoció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la responsabilidad del Estado en el encubrimiento "grave y deliberado" de la explosión.

Conexión local

También es preciso recordar que la conexión local que, según Galeano, los fiscales y las querellas de AMIA y DAIA, integraron el ex doblador de autos Carlos Telleldín y policías bonaerenses, fue absuelta durante el extenso juicio oral que terminó en 2004. Lifschitz fue uno de los principales responsables del derrumbe de esa línea y de los procesamientos de Galeano, Anzorreguy y otros ex funcionarios.

Hace dos meses, mediante un fallo que tiene más valor simbólico de lucha contra la impunidad que posibilidades de fructificar, la Corte Suprema confirmó los sobreseimientos de los policías y ordenó volver a investigar a Telleldín, quien ya fue exhaustivamente investigado.

Hoy, ni la Cámara de Casación ni el Tribunal Oral Federal Nº 3, que realizó el juicio, ni el juez federal Rodolfo Canicoba Corral, que investiga el atentado, han hecho algo al respecto.

Por eso no sería extraño que los ataques contra Lifschitz busquen quebrarlo y obligarlo a retirar sus denuncias. De ese modo, podría evaporarse el único tramo de la causa AMIA que, hoy por hoy, puede arrojar resultados, y muy comprometedores.

Comentá la nota