El modelo político está en terapia

Por Adrián Ventura

El Gobierno no organizó una elección, sino un simulacro, una campaña viciada en su origen, en su desarrollo y en su ejecución. Y esto sólo es posible porque las instituciones argentinas virtualmente implosionaron y están profundamente enfermas, sin fuerza ni interés para reaccionar.

Por eso, en estas elecciones, los ciudadanos deberían preguntarse no por el éxito del modelo económico -como propone Néstor Kirchner-, sino por el fracaso de nuestro modelo político.

En el origen, el Gobierno adelantó las elecciones y alteró unilateralmente el cronograma electoral. En un segundo impulso político, inventó las candidaturas testimoniales. Y, apenas se agotó este conflicto, Néstor Kirchner y un juez funcional, Federico Faggionato Márquez, intentan convertir al adversario Francisco De Narváez en un peligroso narcotraficante.

Uno tras otro, fueron tres artilugios del poder, para intentar mantener el poder a cualquier precio.

Pero esa viciada estrategia no hubiera sido posible si, a esta altura, las instituciones no estuviesen profundamente deterioradas.

Todos son cómplices

El Congreso y los partidos no tuvieron ningún peso para frenar el adelantamiento de los comicios. El capricho de un único hombre, Kirchner, y el silencio cómplice de su mujer, la presidente Cristina Kirchner, pudieron más que la dignidad de diputados y senadores y, por eso, el ex mandatario se aprovechó de la pérdida de credibilidad de esas dos instituciones para salirse con la suya.

La Cámara Nacional Electoral también se equivocó, dejando pasar las testimoniales: desperdició una valiosa oportunidad para sanear la política y dar el puntapié inicial a una transformadora reforma.

Y la embestida contra De Narváez sólo es posible con la complicidad de un juez, Faggionato Márquez, que no dudó en convertir su juzgado en una herramienta política del kirchnerismo. Cabe esperar, ahora, que la Cámara Federal muestre que puede corregir el rumbo.

También fracasó el Consejo de la Magistratura, organismo sobre el cual el Gobierno, a partir de 2006, profundizó su control político, en medio del desinterés generalizado de la sociedad -que tiene su cuota de responsabilidad cívica- por esta maniobra. Ese dominio oficialista sobre el Consejo es lo que explica que las denuncias contra el juez Faggionato Márquez se vengan acumulando, una sobre otra, desde 2005, sin que hasta ahora ese juez haya sido suspendido y destituido o, si es inocente, sobreseído.

Ayer, la diputada kirchnerista e integrante del Consejo, dijo creer que el juez Faggionato deberá tener algunos indicios ciertos contra De Narváez, porque de otro modo no se hubiera atrevido a citarlo, y sugirió que De Narváez debería renunciar a sus fueros. Justamente, ocurre lo contrario: Faggionato Márquez citó a De Narváez porque, al hacerlo, se congracia con la mayoría política, que es la que tiene la llave para no investigar las acusaciones y salvarlo de la destitución.

Modelo contra modelo

El ex presidente Néstor Kirchner, en sus discursos, opone "su" modelo económico, al "modelo de los otros". Los números económicos dirán si uno u otro modelo es mejor o peor para distribuir la riqueza, aunque la distribución de la riqueza, en la Argentina, no está mejor que en 1998.

Pero mucho más importante que el modelo económico es el modelo político: nuestras instituciones, una tras otra colapsan o se corrompen o se vuelven inermes: la Presidencia abnegó de gobernar; el Congreso, rifó su peso político; algunos jueces olvidaron su tarea de control y el Consejo dejó dominar su alma por la mayoría política.

Esa es la verdadera reforma pendiente.

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