Un modelo para armar.

Por Roberto De Vicenzo.

Con sus 85 años, el Maestro viene desempeñando un papel que no es tan habitual en él dentro del golf. Por estos días y durante dos meses estará a cargo de Sergio Acevedo, un jugador profesional de 29 años, bonaerense, que conquistó el Abierto de Misiones en agosto de 2007 y otros títulos locales.

-¿Qué tal marcha la experiencia con este jugador en el Ranelagh Golf Club?

-Estamos adaptándonos mutuamente. Durante estos últimos años Sergio no me creía, como tampoco algunos de los otros muchachos del club. Pero él se convenció de que lo puedo ayudar y ahora está más manso, más abierto a recibir instrucciones. Trabaja duro día a día y me da la sensación de que tiene posibilidades de mejorar y de lograr éxitos.

-¿Cómo surgió este vínculo?

-Se fue dando en conversaciones en el club. Uno a veces dice cosas que parecerían tener algún efecto en el otro. Se ve que Sergio sintió algo que habré dicho y desde hace un tiempo se puso a mi disposición. Su papá es jardinero en la zona de Ranelagh y él se desenvolvió en el club como caddie, pero en su momento le conseguí un permiso ante las autoridades para que lo dejaran practicar durante la semana. Desde ese entonces progresó bastante y ganó algunos títulos, pero fue algo pasajero. Confié en él porque se advierte que tiene pasta para mucho más.

-¿Por dónde se empieza a aconsejar a un profesional que ya tiene una considerable experiencia, pero que necesita cambios para hacer un clic?

-Hay que buscarlo por el lado de la sensibilidad. No se trata de modificar el swing por completo, sino de hurgar en lo que siente el jugador por dentro al momento del impacto y encontrar caminos alternativos. El tema es muy psicológico, pero la meta final es que el jugador tenga un mejor dominio de la pelota frente a las diferentes circunstancias que le propone cualquier cancha. También, en este caso, intento que Sergio corrija algunas cuestiones de postura, aunque eso es algo más técnico.

-¿Usted se considera un instructor paciente?

-Me atrae dirigir jugadores, pero también me gusta que me escuchen. Si intento explicar algo y noto que mi alumno no me presta atención, que no existe un ida y vuelta, entonces prefiero desistir, porque no soy insistente cuando no me escuchan. Quiero que las cosas fluyan naturalmente.

-¿Cuál es el régimen diario en la cancha?

-Acevedo practica en el campo del Ranelagh entre 8 y 10 horas por jornada; no puede ser menos tiempo si es que se pretende lograr algo importante en un futuro. En general utiliza sólo tres palos: dos para el juego corto y el putter. El secreto de la práctica no está en la fuerza, sino en la habilidad alrededor del green, que es donde se sacan verdaderas diferencias en los torneos. Lógicamente que no estoy todo el tiempo al lado de él, pero lo vigilo; de repente aparezco en algún sector del campo y lo miro sin que se dé cuenta. Y si no hace lo que le digo, nos ponemos a discutir.

-¿A qué aspira con Acevedo?

-A que con el tiempo se convierta en el mejor jugador argentino. Hasta ahora, Sergio ha sido muy saltarín; capaz que hoy gana y mañana sale último. Lo fundamental es que siga comprometido con la meta que quiere perseguir. Estoy seguro de que puede ser mejor.

-¿Es una carrera contra el tiempo, teniendo en cuenta que su dirigido está cerca de los 30 años?

-Es cierto que Sergio ya no es un chico, pero el golf es el único deporte que le da al profesional una vida más prolongada. No espero que logre éxitos dentro de 15 días; tardará un tiempo largo hasta que madure. Pero siempre hay que tener fe.

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