El modelo K es el obstáculo.

Por Carlos Saúl Menem.

La crisis argentina se inicia antes que el cataclismo mundial y tiene causas propias, motorizadas principalmente por el estilo y la orientación del Gobierno del matrimonio Kirchner.

Si hoy el planeta vive una crisis histórica, que determinará cambios profundos en el sistema mundial, la Argentina no podría estar al margen de ella. Hay, en nuestro caso, un factor adicional y significativo: la crisis argentina se inicia antes que el cataclismo mundial y tiene causas propias, motorizadas principalmente por el estilo y la orientación del Gobierno del matrimonio Kirchner.

Ese estilo y esa orientación siguen teniendo como signos de identidad el aislamiento del país en el mundo, y del propio Gobierno en relación con los ciudadanos y la confrontación con todos los sectores sociales e instituciones de la Nación y que no parece tener otro límite que el aplastamiento del interlocutor, considerado como un enemigo.

En lo internacional el Gobierno del matrimonio Kirchner ha sido una verdadera máquina de crear conflictos. Estamos peleados con casi todo el mundo. En lo interno, se ha desacoplado de la gran mayoría de los argentinos y está cosechando hoy lo que sembró con su gestión: se dedicó a extremar la confrontación política y social a tal punto que parece decidido a transformar nuestro país en la Venezuela de Chávez. Es impotente para conservar el orden y la seguridad. El delito y el narcotráfico se adueñan de las calles en todas las ciudades argentinas y especialmente en el conurbano bonaerense. Esto sucede ante la absoluta pasividad de las autoridades responsables, que, en vez de enfrentar a la delincuencia, hostigan y degradan a las fuerzas de seguridad.

A todo ello se suma la corrupción. El Caso Skanska, los gigantescos sobreprecios en las obras públicas, el escándalo de la bolsa descubierta en el baño de la ex ministra de Economía, la valija repleta de dólares interceptada en el Aeroparque son apenas algunos episodios. Dije, repito y me hago cargo de las consecuencias: éste es el Gobierno más corrupto de toda la historia argentina.

La reciente iniciativa oficial de promover el adelantamiento de la convocatoria electoral es una nueva y acabada demostración del absoluto desprecio que este Gobierno tiene por las instituciones de la República. La intención de modificar arbitrariamente las reglas de juego y de ajustar las leyes vigentes a sus necesidades proselitistas es un nuevo atentado contra la vigencia del sistema democrático de parte de los Kirchner, pero hay otro dato relevante: el gesto políticamente desesperado del Gobierno notifica a los argentinos de que no se siente en condiciones de conducir el país hasta octubre sin la certeza de sufrir una tremenda paliza electoral, que será la justa respuesta de nuestro pueblo a la absoluta incapacidad gubernamental para responder a los gravísimos problemas que afronta la Argentina y que nos acerca peligrosamente cada vez más a una nueva crisis de gobernabilidad.

El crecimiento de la pobreza y la indigencia, las medidas que asfixian a la producción agraria y a toda la Argentina interior y la inoperancia de los Kirchner para gobernar colocan al país al borde de un estallido social, de esa alteración de la paz que la Iglesia ha mencionado con alarma. A eso se suma la inseguridad, que el Gobierno niega en lugar de enfrentarla declarando la emergencia, como han hecho con energía y prudencia Brasil, Colombia o México, que llamaron a las Fuerzas Armadas para que custodiaran las calles, persiguieran a las bandas criminales y saturaran las zonas más conflictivas. Este Gobierno se ha dedicado irresponsablemente a erosionar valores e instituciones y hoy no se encuentra en situación de apelar a todos los instrumentos de orden con los que debe contar el Estado.

Hoy más que nunca, enfrentados al desafío de una crisis de grandes proporciones que requiere decisión y lucidez, el país necesita gobernabilidad y unión, no desorden y confrontación estéril. Es preciso trabajar con la mira en la reconciliación nacional. Hay que terminar para siempre con la agresión y la difamación permanente contra los adversarios políticos y el ataque sistemático a las instituciones fundamentales y fundacionales de la Nación, como son la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas. No se puede gobernar un país mirando permanentemente hacia atrás, manejando con el espejo retrovisor.

Hoy los argentinos no tienen la misma agenda que el Gobierno, que sólo parece preocupado por los comicios legislativos. Hoy los argentinos quieren vivir en paz. Hay que cambiar en forma urgente las leyes para que haya seguridad para todos los argentinos. Y hay que resolver de una buena vez el conflicto con el campo y la Argentina interior, escuchando el reclamo de los pueblos y los productores. Los Kirchner no quieren hacerse cargo de esa agenda; más bien al contrario, en lugar de asumirla y resolverla, usan su poder como un obstáculo.

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