Un modelo industrial con escaso perfil exportador Por Luis Dambra

Un país que quiera evolucionar debe tener una política industrial acorde con los tiempos que le toca vivir, que contemple el largo plazo, por ello debe ser una cuestión de Estado y no debe responder al poder de turno. Podrá variar en los matices, pero no en la esencia.
Lamentablemente en la Argentina esto lo hemos perdido hace ya más de 30 años, nuestro rumbo ha sido errático y caótico: de un industrialismo proteccionista en los 70 a un modelo liberal en los 90 que destruyó la industria, para volver ahora a un sistema neodesarrollista de base industrial. La falta de consenso en la dirigencia política nos ha hecho involucionar.

El modelo neodesarrollista de los Kirchner presenta signos alarmantes para la integridad de la Nación: la política industrial está subordinada al modelo de poder absoluto, donde desaparecen el federalismo y la república. ¿Por qué sostengo esto?

Primero: el origen de la demanda que el actual gobierno concibe es el mercado interno y en forma secundaria la exportación, orientada al Mercosur. Este comportamiento limita el desarrollo de la competitividad de nuestra industria.

Segundo: La oferta de bienes en mente de los gobernantes es la proveniente de productos diferenciados creados a partir de nuevas ventajas y que requieran alta tecnología. Gracias a Dios, el país cuenta con un sector agropecuario altamente competitivo que genera commodities que lamentablemente no entran conceptualmente en el esquema de poder.

Se olvida el Gobierno que la agroindustria emplea y desarrolla alta tecnología y permite exportar no sólo commodities sino maquinarias, y además hace desarrollar a los pueblos del interior frenando el éxodo al conurbano bonaerense. Además la industria nacional de alimentos cuenta con varias empresas muy grandes con proyección internacional y esto último configura el tercer argumento.

El esquema industrial funcional al poder K se basa en las pymes. Soy un defensor de la pyme argentina, pero no podemos obviar que en un sistema autoritario como el actual, una pyme no puede hacer mucho para defenderse y está a merced de los caprichos de los funcionarios de turno. El modelo K asigna un rol secundario a las empresas grandes argentinas y ahora comenzó a intervenir en sus directorios a partir de la confiscación de los fondos previsionales y, por otra parte, ignora a las transnacionales. Las empresas grandes son más difíciles de manejar en forma autoritaria y pueden hacer sombra a su esquema de poder absoluto cuasi monárquico.

El Gobierno está acelerando el modelo industrial que le permitirá construir un esquema de poder basado en el empobrecimiento del interior al desindustrializarlo, aumentando así el unitarismo en desmedro del federalismo, diciendo quién puede exportar y quién no, manejando las retenciones, subsidios, reembolsos, créditos y otras medidas discrecionales que no pasan por el Congreso, disminuyendo la acción republicana aplicada a un mallado industrial pyme fácil de manejar y controlar con la Secretaría de Comercio y la AFIP.

Alternativa

Un curso de acción alternativo: los políticos deben consensuar una política industrial de largo plazo (las próximas elecciones legislativas son una oportunidad) porque las empresas no pueden tomar decisiones de inversión cuando los gobiernos cambian todo diametralmente en períodos de 4 años.

* Debe considerarse a la exportación como un elemento clave y estratégico para desarrollar la sociedad.

* Debe integrarse la agroindustria/ alimentos con otro grupo de industrias con alta tecnología e innovación

* Deben articularse redes que integren las capacidades comercial, financiera y de gestión de las empresas grandes, la flexibilidad e innovación de la pyme, junto con la tecnología de las transnacionales en cada sector industrial.

El esquema industrial propuesto, donde la política industrial pasa a ser una cuestión de Estado a la cual adhiere el más amplio espectro político, no le es útil al actual gobierno que construye poder manejando la caja en forma unitaria.

Esto no es imposible. Brasil fijó políticas de Estado hace 30 años en la industria aeronáutica: hoy Embrear es una de la 5 empresas de aviones más importantes y competitivas del mundo; en los 60, importaba todo su petróleo, hoy son expertos en perforación offshore; todo eso sin olvidarse del campo: es el segundo productor de soja del mundo, lo que demuestra que se puede integrar. No es cuestión de enfrentar, hay que tener vocación y grandeza.

El autor dirige el Area Académica Dirección de Operaciones y Tecnología del IAE.

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