La moda de viajar a Cuba

Por Andres Oppenheimer

MIAMI.- La súbita oleada de visitas de presidentes latinoamericanos a Cuba, que rompe décadas de ostracismo diplomático del régimen cubano, me lleva a preguntarme si somos testigos de un abandono total del compromiso con la democracia de la región o -por el contrario- un esfuerzo colectivo para lograr una apertura política en la isla.

La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y la mandataria chilena, Michelle Bachelet, viajarán a La Habana en estas semanas, poco después de visitas similares realizadas por los jefes de Estado de Ecuador, Panamá y Brasil. El presidente mexicano, Felipe Calderón, tiene previsto un viaje a la isla en el transcurso del año.

A juzgar por lo que escuché en entrevistas con funcionarios latinoamericanos y líderes de la oposición en la isla, éstas son algunas de las razones que motivan esas visitas:

* El factor Obama: el régimen cubano ha convencido a varios gobiernos latinoamericanos de que el presidente electo Barack Obama se aprestaría a levantar el embargo comercial estadounidense sobre Cuba. Y les está diciendo que quedarían muy mal ante sus propios pueblos si Washington normalizara sus relaciones con la isla antes que los propios países latinoamericanos.

En rigor, Obama ha afirmado reiteradamente que levantará las medidas adoptadas por el presidente George W. Bush en 2004, que reforzaban las restricciones a los viajes y envíos de dinero a la isla, pero que no levantará el embargo comercial a Cuba.

* El factor Chávez: el presidente narcisista-leninista de Venezuela, Hugo Chávez, que financia a muchos países latinoamericanos por medio de subsidios petroleros y compras de bonos, es un viajero frecuente a Cuba y, desde hace mucho, les pide a sus colegas de la región que vayan a La Habana y le den una victoria propagandística al régimen cubano.

* El factor interno: muchos de los líderes visitantes hacen estos viajes por razones domésticas y usan como excusa el nombramiento de Raúl Castro, hermano de Fidel, nuevo presidente cubano.

Cristina Kirchner pasa parte de su tiempo en el exterior en un esfuerzo destinado a distraer la atención doméstica de la creciente impopularidad de su gobierno. Durante los dos próximos meses, además de visitar Cuba, tiene programado visitar Venezuela, España, Portugal, la India y Corea del Sur.

Calderón, que fue un entusiasta defensor de la democracia y de los derechos humanos antes de asumir la presidencia, cede cada vez más a las exigencias del régimen cubano, en un esfuerzo por apaciguar a la oposición en el Congreso mexicano.

Bachelet quiere convertirse en la primera jefa de Estado chileno en visitar a Cuba en varias décadas. Ostensiblemente hará ese viaje para inaugurar la feria del libro de La Habana, que este año estará dedicada a Chile.

Un alto funcionario chileno me dijo que, aunque Bachelet aprovechará la oportunidad para intentar "abrir espacios" en Cuba, no se reunirá con miembros de la oposición cubana. Cuando le pregunté por qué, me dijo que hay muchas maneras en las que los países ejercen presiones para lograr cambios democráticos y que entrevistarse con los disidentes en esta visita oficial no sería la actuación adecuada para alcanzarlos.

Ironía y contradicción

Los opositores pacíficos cubanos, sin embargo, señalan que cuando Fidel Castro o su hermano visitaron otros países, siempre se reunieron con líderes de la oposición. ¿Por qué los presidentes latinoamericanos no pueden hacer lo mismo en Cuba?, preguntan.

¿Y no es irónico que Bachelet inaugure una feria del libro en la que miles de libros -incluidos los de muchos de escritores de su país, como Jorge Edwards- están prohibidos?, interrogan.

Lo que es peor aún, la policía cubana detuvo la semana pasada por lo menos a cuatro miembros de la Agenda Para la Transición, un grupo pacífico que había solicitado reunirse con Cristina Kirchner y con Bachelet, según denunció el grupo.

"La presidenta argentina debería recordar que ha dicho que es una defensora de los derechos humanos´´, me dijo en un diálogo telefónica desde La Habana Vladimiro Roque, uno de los líderes del grupo. "Lo único que hacen estas visitas es ayudar a legitimar una dictadura."

Mi opinión: No estoy en contra de que los presidentes latinoamericanos -o de cualquier otra parte- visiten un país totalitario como Cuba. Por el contrario, deberían ir, y hacer lo que se supone que deben hacer: reunirse con el gobierno y con la sociedad civil, incluidos los líderes de la oposición pacífica, tal como lo hacen los presidentes democráticos en todo el mundo.

No hacerlo, y legitimar una dictadura militar, deja sentado un precedente terrible en la región. Hoy, se está abandonando la defensa colectiva de la democracia en Cuba. Mañana, le puede tocar a cualquiera de los países cuyos presidentes están dándole la espalda al pueblo cubano.

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