Moccero no soportó la presión y debió ceder ante los trabajadores

Según el Intendente, los empleados municipales tienen garantizado el 30%. Tendrán un 10% de aumento en octubre, un 10% en noviembre y otro 10% cuando se consigan los fondos en la provincia o con el aumento de la coparticipación, aunque el Intendente garantizó su voluntad política de otorgarlo.
Además, no habrá descuentos, se levantarán las sanciones y se mediará en las causas judiciales. Hasta que se consiga los fondos para el último 10% el paro continúa. Fuerte repulsa para Rogelio Urízar y Francisco Franco

"El aumento del 30% está garantizado, existe la voluntad política de otorgarlo", dijo utilizando el megáfono del Sindicato el intendente Ricardo Moccero a los 250 trabajadores municipales que desde las 9:30 hacían guardia en el Palacio Municipal a la espera de una definición para el conflicto que los enfrenta con el Departamento Ejecutivo desde hace 74 días.

Esa decisión, fuertemente ovacionada por los trabajadores, estaría poniendo fin al conflicto más largo que se recuerda en la ciudad, pero también al más extraño que se pueda conocer, ya que pese a los 74 días los huelguistas no provocaron ni un solo hecho de violencia explícita durante su duración y los más onerosos para la sociedad en su conjunto fue tener que ver la plaza principal tapizada de carpas y a partir del día 51 un camión atravesado frente al portón de ingreso del corralón municipal.

Por eso puede afirmarse que la historia de Coronel Suárez escribió ayer una página que quedará en el recuerdo como aquella en la que la unidad y la firmeza de un reclamo justo y necesario fueron mucho más fuertes que la obcecación y el capricho.

Once horas duraron las negociaciones ? y todo lo que sucedió entre tanto ? pero el intendente Moccero, luego de mucho tiempo de persistir en su obstinación comprendió que era absolutamente necesario ceder, que la situación ya no daba para más y que no tenía salida ni escapatoria.

Para que esto sucediera resultó necesario que hasta algunos de sus propios concejales le insistiera hasta el cansancio que la cuerda ya está muy tensa y que era cuestión de segundos que se cortase, que si no existían los fondos tenía que hacer cirugía mayor y cancelar muchos de los contratos de trabajo firmados con punteros o amigos. Y si no cortar algunas salidas de dinero poco indispensables que, además, causan escozor e indignación entre los trabajadores, quienes saben que esos sueldos son muy superiores a los propios y que están destinados a personal absolutamente poco necesario para la marcha del municipio.

La tensión en el ambiente era notable y se percibía que cualquier acto fuera de lugar podía desembocar en un hecho no deseado ya que los trabajadores habían colmado su capacidad de paciencia, y no sólo los acostumbrados a los trabajos rudos sino también los administrativos, los trabajadores sociales o las enfermeras, por citar algunos de aquellos que decían a viva voz "de acá no nos movemos hasta que haya un arreglo".

Al mediodía se reunieron en el salón de Usos Múltiples el intendente Moccero, acompañado por Carlos Gañán y Ernesto Palenzona, el delegado regional del Ministerio de Trabajo, Eduardo Cataldi, el abogado del organismo, Rodolfo Frers y por otro lado la mesa directiva de Sindicato de Trabajadores Municipales encabezados por sus secretarios general y adjunta, Rubén Allende y María José Lacoste.

La reunión fue por demás extensa y también participaron las responsables de área de Personal del municipio, Elba Cingolani y Susana Pailman. Es importante comentar que este área, muy sensible para la marcha del municipio, no había adherido a la medida de fuerza, pero que finalmente lo hizo a partir del jueves, muestra clara de que la indefinición de la situación, lejos de jugar a favor del jefe comunal lo estaba haciendo a favor de los trabajadores, ya que al conocerse la noticia de adhesión al paro del sector Personal se sumaron varios administrativos del edificio concentrador de Obras Públicas, con lo cual el paro casi se totalizó.

Luego de largas idas y venidas, con más de un centenar de empleados esperando en el patio del municipio, surgieron dos propuestas para que fuesen consideradas por la asamblea de trabajadores, la primera era exactamente igual a la de fin de semana anterior (ver Crónica de una tarde?) y la nueva otorgaba un 20% a partir de noviembre (se cobraría en diciembre) y otro 10 quedaba atado a un aumento de la coparticipación.

Los dirigentes sindicales sortearon la valla de 15 policías que custodiaban al jefe comunal y se dirigieron hacia el interior del Palacio para considerar las propuestas, llevando además la promesa de Ricardo Moccero de esperar en su despacho la decisión de la asamblea.

Pero la asamblea no pudo culminar ya que Moccero intentó salir del edificio municipal en su camioneta, no respetando lo pactado y entonces ardió Troya. (Ver Crónica?)

Angustia incontrolable

Luego de los sucesos que bien pudieron derivar en una tragedia de límites insospechados, la angustia hizo presa de los trabajadores, muchos de los cuales comenzaron a ser presas de súbitos ataques de llanto y hasta algunos desmayos, precio que le pasaba en el cuerpo a los trabajadores por tantos días de tensión y por los dramáticos sucesos de ayer a la tarde.

Al estado angustioso se sumó que por la mañana una trabajadora se desvaneció en la plaza y según se denunció, fue literalmente tratada con desgano en el Hospital por ser una huelguista. Sus familiares y varios compañeros de trabajo increparon duramente al secretario de Salud, Rogelio Urizar, por la actitud mostrada frente a una enferma y debió terciar un profesional de la medicina, quien convocó a otro colega, especialista en la cuestión, para que finalmente, y muchas horas después, la paciente fuese convenientemente tratada y medicada, inclusive con varios puntos de sutura en su cabeza. Posteriormente se le practicó una tomografía computada. Según se nos anticipó, los familiares de la trabajadora habrían presentado una denuncia por abandono de persona en la comisaría local.

Mientras esto sucedía en el Palacio Municipal, en las oficinas del intendente y en otras cercanas a ésta las reuniones se sucedían sin solución de continuidad, participando concejales, representantes gremiales, miembros del Departamento Ejecutivo y del Ministerio de Trabajo.

Las rondas de mates se hacían interminables, los rumores, inclusive los más disparatados, incontenibles y las especulaciones iban desde obtener el 30% sin más hasta ?tener que romper todo? si era necesario.

Más de uno intuía que pasaría la noche sobre el piso, ya que la convicción era notable: "de acá no nos vamos hasta que no tengamos el 30% asegurado". "Y que agradezca que no le estamos pidiendo ya el 45%", advertían los mas combativos.

El rumor de que llegarían fuerzas policiales de otros distritos para desalojar el Palacio fue el rumor más escuchado, pero ni uno solo de los trabajadores se movió ante esa posibilidad y quedó demostrado que la pelea era a todo o nada, pasase lo que pasase.

A eso de las 19:00 comenzaron a llegar algunos funcionarios y concejales oficialistas, largamente abucheados todos ellos y algunos, como Abel Ochoteco o Juan Luis Britos, agredidos de palabra y ?enviados? a recolectar basura.

Al despacho del Intendente, momentos antes había ingresado la enfermera Raquel Ceballos, una de las más firmes adherentes al paro, para atender al intendente Moccero, quien al ver tan de cerca la furia e indignación que sus actitudes habían provocado en los trabajadores, tuvo un alza en su presión, que llegó hasta 18.9ª. Paradojas del destino, al intendente que no quiere dar un aumento a sus empleados, lo tuvo que atender una de las huelguistas, tan castigadas y desconsideradas por las autoridades de Salud. Un mensaje al que el jefe comunal debería prestarle la debida atención.

La definición

Los concejales de la oposición presentes, Héctor Dalmau, Augusto Berg, Guillermo Sol, Carolina Radice y Nancy Augusto, actuaban de tranquilizadores de los trabajadores, que ya hacía más de dos horas que se debatían en la incertidumbre y operaba conteniendo a los empleados o tratando de lograr que Moccero dejase de lado su actitud y se decidiese a negociar seriamente para encontrar una solución a un conflicto que estaba absolutamente desmadrado y que ya no daba para más.

Pocos minutos después de las 20:00 el hall del municipio era un hervidero, pero cuando se abrieron las huertas de la antesala del despacho del jefe comunal y éste apareció acompañado por algunos funcionarios y concejales oficialistas, además de por las autoridades sindicales, del Ministerio de Trabajo y concejales opositores, el silencio comenzó a hacerse sentir.

Rubén Allende dijo que "el 30% está asegurado por el Ejecutivo" y fue entonces que le pasó el megáfono a Moccero para que les explicase a los trabajadores la oferta final.

La expectativa creció y cuando el jefe comunal dijo "el aumento del 30% está garantizado, existe la voluntad política de otorgarlo", el ambiente se llenó de alivio, aunque la tensión volvió a subir cuando se interpretó erróneamente que el Intendente pedía el levantamiento del paro, cuando se hablaba de lo contrario, de que la medida no se levantaba hasta la solución definitiva del conflicto.

Se informó que e daría un 20% en noviembre, un 10% en diciembre como suma fija y que se harían gestiones conjuntas en La lata para conseguir fondos que asegurase un 10% para diciembre. Si esto no se lograse, el aumento sería automático a partir el 1º de enero en la medida que la coparticipación provincial exceda la suma proyectada en el presente ejercicio contable, algo sumamente probable.

La propuesta fue bien aceptada, aunque se exigió que el 20% no fuese a partir del 1º de noviembre sino que se desdoblase en un 10% a octubre y otro 10% a noviembre, pedido al que Moccero accedió casi de inmediato.

Por otra parte, fueron saludadas con exclamaciones de júbilo las noticias de que no se descontaría ningún día a los trabajadores, que las suspensiones impuestas a dos empleados quedaban sin efecto y que el propio Intendente se comprometía a acompañar a los trabajadores procesados para iniciar un proceso de mediación que terminase con la absolución de los mismos.

Cuando todos tuvieron claro que el 30% estaba casi asegurado y que de última, las medidas de fuerza no cesaban hasta tener la seguridad de que así fuese, la carga de los trabajadores fue contra algunos funcionarios, especialmente contra el secretario de Obras Públicas, Francisco Franco, quien mostró una absoluta falta de prudencia a lo largo de todo el conflicto, y contra el Secretario de Salud, cuya renuncia fue largamente pedida a coro por todos los presentes. Si bien hubo pedidos para que sean cesanteados otros funcionarios, las cargas más duras, sostenidas y nacidos desde lo más íntimo fueron contra Franco y Urízar.

Si bien Mocero no dijo ni una palabra ante estos pedidos, le quedó bien claro que resultará casi imposible recomponer la relación entre los trabajadores y estos funcionarios y si quiere que su administración marche sobre rieles deberá reconsiderar con la mayor amplitud mental que pueda estos pedidos.

Y entonces sí, cuando todo quedó claro, las escenas de júbilo fueron inimaginables y sólo quien ha compartido horas y horas junto a los municipales está en condiciones de interpretar cuál era su sentir, porque fluyeron tantas emociones en forma de risa, de llanto, de abrazos, de puteadas al aire, de vítores.

Quedan en las retinas las imágenes de Rubén Allende paseado en andas, las lágrimas de hombres duros y curtidos, los abrazos de las esposas con sus esposos, los gritos de los hijos que se escuchan y sonaban diciendo ?ganamos mamá?, los aplausos para Julio Zaballa y la marcha, con orgullo, alrededor de la plaza con la larga bandera argentina, mientras tibiamente al principio, y con más ganas después, comenzaban a sumarse las bocinas de los autos.

Mientras tanto, Moccero, acompañado por algunos funcionarios, abría la ventana de su despacho y no tenía más remedio que ver la alegría de sus trabajadores marchando con la misma dignidad con la que habían luchado.

Anoche, la mayoría de ellos en sus hogares y algunos en las carpas de la plaza o en el corralón, volverían a dormirse después de 74 días, con la satisfacción de haber sido protagonistas de la lucha más íntegra, más racional y con mayor unidad de la historia suarense. Esos hombres y mujeres, los mismos que barren nuestras calles, juntan nuestra basura, arreglan nuestras veredas o atienden nuestras necesidades en el Hospital, en Acción Social o en el Hogar de Ancianos, apoyaron su cabeza en la almohada sabiendo que sólo la unidad y la firmeza en las convicciones les habían permitido triunfar. Seguro que anoche durmieron sabiendo que habían hecho lo que correspondía, que sus hijos se iban a sentir orgullosos de saber que sus padres y madres les habían dado una hermosa e inolvidable lección de civilidad.

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