Los mitos y la leyenda negra del periodismo

Por: Miguel Wiñazki

Un tribunal inquisitorial -tutelado por el matrimonio Kirchner- despliega blasfemias y maldice todo acto comunicacional que no sea oficialista.

No es posible dar cuentas veraces de la naturaleza actual del periodismo argentino, sin rasgar de antemano los velos de la leyenda negra con la que desde el poder político se ha intentado oscurecerlo. Un tribunal inquisitorial, tutelado por el matrimonio Kirchner y sostenido por un conjunto de amigos circunstanciales del poder (en el que no faltan "periodistas" subyugados por el dinero público) despliega blasfemias y maldice todo acto comunicacional masivo que no sea oficialista.

Desde que el ex presidente lanzó esa invocación provocativa -"¿Qué te pasa, Clarín?"- se desencadenó un vendaval de agresiones verbales contra los periodistas en general y contra los de Clarín en particular azuzada por los cibermilitantes pagos del kirchnerismo y otros empresarios especializados ahora en desplegar diatribas rudimentarias y grandilocuentes.

Los insultos y los agravios llegan a granel y con saña profesional a cada casilla de mensajes de los autores de cualquier nota que critique la gestión de gobierno. Son voces que operan como un muro. Pretenden bloquear todo escrutinio periodístico sobre la rapiña gubernamental y la consecuente megacorrupción.

En ese contexto, el Director de Editorial Perfil sostuvo una polémica con este cronista. Fue -sin embargo- un intercambio de mensajes civilizado, anclado en una añeja relación, aunque sustanciado en posiciones antagónicas. Fontevecchia, que dedicó la contratapa del domingo del diario Perfil a este debate, emitía un reproche básico. No fue Clarín la primera víctima del ánimo censor y cuestionador de los Kirchner hacia la prensa, sino Perfil, excluido de la publicidad oficial durante los primeros años de gobierno K. En términos cronológicos es así. Pero lo de los Kirchner fue una escalada. Perfil, La Nación y al fin y con apabullante contundencia, Clarín fueron el blanco de la Armada Brancaleone antiperiodística obsecuente y oficialista y en ese río revuelto se produjeron giros inesperados, y quienes eran críticos se volvieron concesivos con el Gobierno.

Fontevecchia sostiene una teoría que legitima esos giros. "Es mejor ser anticíclico que próciclico" enuncia con su reconocida jerga epistemológica y autoeticista. Quiere decir: es mero clientelismo periodístico criticar a Kirchner ahora que son tantos quienes lo critican. No es bueno ir en favor de una corriente de opinión dominante. Sería más efectivo avanzar más bien en contra de ella.

Esa es una lectura. Cabe otra: es mejor, para algunos empresarios periodísticos, no criticar al Gobierno ahora, porque es ahora, con Clarín bajo fuego, cuando sus competidores podrían beneficiarse con su eventual erosión. Es un cálculo errado y es una cruda especulación comercial. Y nada más.

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