El mito opositor y el poder del control

Se cree que hay una fuerza capaz de poner de rodillas al matrimonio presidencial. El acuerdo que hizo la oposición para imponer el nuevo esquema de gobierno parlamentario tiene pocas posibilidades de sostenerse en el tiempo. Damián Glanz.
La crónica sobre el poder construyó por estas horas un mito que permite crear la ilusión de que existe una fuerza capaz de poner de rodillas al matrimonio presidencial. Se dijo, por ejemplo, que "la oposición" le infligió una dura derrota al Gobierno. La simplificación, intencional o no, de la relación que lía a los partidos que se enfrentan a la Casa Rosada no es más que una representación que difícilmente se sostiene en la arena política.

A menos que la última contienda electoral haya sido una mera estafa publicitaria, poco deberían tener en común el Acuerdo Cívico y Social de la UCR y la Coalición Cívica, con el Proyecto Sur de Pino Solanas, la Unión- PRO de Felipe Solá, Francisco De Narváez y Mauricio Macri y Solidaridad e Igualdad de Eduardo Macaluse. Sí los une, aunque con poca claridad en algunos casos, la enemistad con Néstor Kirchner.

La reunión de votos alcanzada el jueves pasado para imponer, a disgusto de la Casa Rosada, el nuevo esquema de gobierno parlamentario tiene pocas posibilidades de sostenerse en el tiempo. Ocurrirá, por ejemplo, cuando esté en discusión un proyecto de corte progresista que incluya a los bloques que oficiarán de bisagra entre "el rejunte" y "los otros", como los definió el jefe de la bancada K, Agustín Rossi. La "oposición" podría imponer una modificación al ingreso universal para la niñez que implementó el Gobierno que restrinja el clientelismo político. El acuerdo opositor está condenado al fracaso si pretende modificar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La centroizquierda contribuyó a la creación del nuevo régimen.

Las chances de promulgación de los proyectos sancionados por la unión opositora (incluyendo la agenda republicana de los bloques mayoritarios que quiere cambios en el INDEC, el Consejo de la Magistratura, régimen de DNU) también chocarán contra el veto presidencial. El diseño institucional prevé límites para el Príncipe y también para la oposición que tiene poder pero no gobierna. Sólo el tarifario del costo político limitará el veto que ejercerá el diputado Kirchner si pretende explorar sus aspiraciones releccionistas en 2011.

Además del matrimonio presidencial, hay otro elemento capaz de aunar a los partidos de la oposición. El reparto de las comisiones de Diputados habilitó por primera vez en la era kirchnerista la posibilidad de que algunas herramientas de control salgan de la órbita del oficialismo. La Casa Rosada perdió la hegemonía que le permitía avalar sin tropiezos los decretos de necesidad y urgencia o los contratos que se renegocian con las empresas privatizadas. Los bloques opositores tendrán la oportunidad de mejorar la capacidad de investigación sobre las cuentas públicas a través de la Auditoría General de la Nación. A diferencia de la promesa de la sanción de leyes "correctivas", el ejercicio del control es el verdadero poder que ganaron los partidos de la oposición. Pero sólo podrán ejercerlo si mantienen el acuerdo de unidad y logran vencer la tentación de encubrir con silencio e impunidad las infracciones del presente a cambio de que el Gobierno les ofrezca la alternancia en el poder.

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