Más de la mitad de los hogares recorta gastos de comida

Por la caída del empleo y el aumento de precios, se profundiza el deterioro de la situación social
Para más de la mitad de los hogares no es suficiente con dejar de lado algún gasto superfluo: el alza de precios, combinada con una caída de los ingresos familiares, obligó, durante el último año, a comprar menos comida o a resignar la calidad de los alimentos. Es la opción que tomó el 55% de las familias para hacer frente al deterioro de su situación. Según los resultados de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 44% de las familias dicen que no les alcanza el ingreso para mantener sus gastos. En 2008 ese índice era del 37%.

Los datos revelan también que, entre los consultados el año último, el 51% decía que el dinero obtenido era suficiente para sus consumos aunque no tenía capacidad de ahorro. Este año, el 43% respondió de esa manera. La porción de la torta en la que están los hogares con posibilidad de ahorrar casi no se modificó: pasó del 12 al 13%, lo que da la señal de que los mayores daños de la caída de la actividad son sufridos por los pobres o por quienes están en situación vulnerable.

La encuesta fue realizada en forma telefónica a 456 familias de la ciudad de Buenos Aires, el conurbano y los centros urbanos del interior con más de 200.000 habitantes: Gran Córdoba, Gran Salta, Gran Mendoza, Gran Rosario, Gran Resistencia, Paraná, Neuquén-Plottier y Bahía Blanca.

Otro dato revelador del deterioro es el incremento registrado en el índice de "riesgo alimentario": el porcentaje de la población total que se cree afectada subió del 5 al 7%, y en el estrato más bajo saltó del 12 al 22%. "El riesgo o la inseguridad alimentaria es la percepción de hambre, sufrida con cierta frecuencia por razones económicas; quienes están en el índice es porque en algún momento no pudieron garantizar la alimentación básica propia o de los miembros de su hogar y quedó en riesgo la salud o la vida", explicó a LA NACION el economista Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

Según el analista, la situación de los hogares tendría correlación con problemáticas laborales, sobre todo en sectores bajos y medios bajos. Donde hay ingresos más altos influirían más los precios. No es que la inflación no pese en los sectores vulnerables, sino que allí tiene mucha fuerza el efecto de la pérdida de ingresos, porque suele tratarse de familias que dependen de la economía informal y de ocupaciones precarias afectadas fácilmente por la recesión.

Más temores

Salvia destacó la fuerte influencia de las expectativas: entre 2008 y este año creció del 24 al 30% la proporción de personas con temor a perder su empleo, y pasó del 13 al 19% el índice de quienes tienen miedo de perder su vivienda por no poder pagar un crédito o por estar ocupándola en forma irregular.

Además de que el 55% declaró que compra menos comida, dos tercios de las familias dijeron haber abandonado actividades recreativas y el 49% resignó comprar ropa. En cuatro de cada diez hogares se dejó de ir al médico o al dentista -otro dato sensible- y casi un tercio dejó de adquirir medicamentos.

El informe final de deuda social de la UCA, que se presentará en los próximos días, revelará un alza de la tasa de pobreza, a un nivel de entre 35 y 39% a mayo último, contra el 34% estimado en 2008. Pese a esos datos y a los de otros estudios privados, el Gobierno persiste, con los datos del cuestionado Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en ignorar el deterioro social, lo que lo lleva a no dar prioridad al tema de la pobreza en la agenda de discusión de políticas.

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