La mitad de los evacuados ya retornó a sus hogares.

Damnificados limpian sus viviendas, que quedaron con barro y agua. Otros esperan una nueva construcción.
Después de la lluvia salió el sol y sopló viento. El clima ayudó a que algunas de las personas que habían pasado la noche en un centro de evacuados pudieran volver a sus casas.

Según las estimaciones oficiales, más de la mitad de las aproximadamente 500 personas que debieron pasar la noche del miércoles en algún centro asistencial retornó a sus hogares. Claro que esa tarea no será sencilla y continuarán con la necesidad de asistencia.

De los centros habilitados, ayer por la tarde sólo se mantienen la Sala Mayo, la comisión vecinal Libertad y el Centro de Integración Comunitario de La Floresta.

En tanto, según informó la secretaria de Gobierno, Rosario Romero, ya volvieron a sus casas los evacuados que se habían hospedado en Argentino Juniors, Toma Vieja y la Dirección de Acción Social.

En los centros de evacuados, ayer se repetía la imagen desoladora que la ciudad sufrió con las inundaciones de 2007.

La mayoría perdió todo y ya no tiene cómo retornar. Otros sólo se retiraron del centro de asistencia para empezar a limpiar sus casas, inundadas por agua y barro. Estiman que la tarea de recomponer el hogar tardará entre dos y tres días y recién allí podrán volver para empezar, otra vez con lo poco que tienen y la ayuda que se promete desde los organismos oficiales.

En cada uno de los centros se podía apreciar que la mayor cantidad de personas tiene menos de 14 años. Son niños que tienen que volver a la escuela y necesitan contención.

UNO visitó el albergue de evacuados más grande que existe en la ciudad. Allí la cantidad de gente no disminuyó, sino que aumentó. Ocurre que trasladaron a quienes estaban en la Toma Vieja y en el Puerto Viejo, hasta ese lugar para garantizar mejores condiciones. Según contó el coordinador del centro, Eduardo Correa, son 80 personas, de las cuales 45 son niños, 17 adultos varones y 18 mujeres permanecen en ese lugar. Entre esta población hay siete familias de Puerto Viejo que atraviesan una situación crítica. No pueden volver a sus casas porque la gran casona donde viven está en peligro de derrumbe. Esto significa que deberán permanecer en la Sala Mayo hasta que el gobierno los ayude con una nueva vivienda.

Apoyo. La secretaria de Gobierno de la comuna informó a UNO que estas familias recibirán un terreno municipal y la Provincia aportará materiales.

“Será por autoconstrucción, como se hace con las viviendas de Cáritas. Cada beneficiario tendrá que construir su casa”, dijo la funcionaria, pero no pudo precisar una fecha concreta para el inicio de esa tarea.

Pura solidaridad. El centro de evacuados de la Sala Mayo es por ahora el mejor refugio para quienes perdieron todo. Allí las familias están asistidas, comieron bien durante la noche del miércoles y recibieron un sustancioso desayuno el jueves. Por ahora todos están conformes.

Pero también todos quieren volver a su casa. Los que la tienen, están limpiándola durante el día. El resto aguarda poder iniciar una nueva construcción.

Ayer a la mañana, mientras los chicos de distintos barrios se conocían a través de los juegos y las corridas por el salón, los grandes esperaban sentados en los colchones o sobre precarias sillas, que el gobierno comunique cuándo llegará la ayuda para irse.

“Estamos esperando que alguien nos diga qué podemos hacer. Nosotros no queremos volver a nuestra casa porque la vereda de mi techo linda con el arroyo La Santiagueña. Entonces si llueve otro poquito me vuelve a pasar lo mismo”, dijo Cristina Rosales, madre de cinco hijos.

Contó que logró salir la noche del martes como pudo. “Uno de mis hijos lo prendí del pecho y el otro sobre los hombros. La más grande salió cargando algunas cosas, se resbaló y casi se cae al agua, pero logramos salir mientras gritábamos pidiendo auxilio”, dijo Rosales, quien ayer permanecía con su mamá.

Julio Lazzarini y Alejandra Benítez viven juntos en una casa que construyeron en la zona del Puerto. Tienen dos hijos, uno de 7 y otro de 2 años. Ellos dicen haber recuperado varias cosas porque saben cómo se hace cuando llueve. “Nosotros estamos baqueanos. Sabíamos que teníamos que subir las cosas porque se venía la tormenta”, graficó Julio, acostumbrado a los desbordes de La Santiagueña.

Coordinación de un duro trabajo

Eduardo Correa, coordinador del centro, dijo a UNO que las direcciones de Defensa Civil, Desarrollo Social y Secretaría de Salud de la Municipalidad y la Provincia trabajan en conjunto para brindar asistencia.

“Vacunamos a todos los chicos. Aplicamos el refuerzo de la Doble para los que no la tenían. También todas las otras vacunas que no tenían en el calendario de vacunación”, manifestó.

Además agregó que la Dirección de Dragado del Puerto es el lugar donde cocinan para 80 personas. La tarea no es sencilla, requiere de muchas manos solidarias y voluntarios.

Familias en crítica situación

Elena Bootz es una de las vecinas de Puerto Viejo que no quiere volver a la casona. “Tengo cinco hijos de 10 a 23 años y a ese lugar no vuelvo porque en cualquier momento se cae”, dijo, y contó que perdió todo lo que tenía, desde los muebles hasta la ropa. Consultada sobre cómo son asistidos en el centro destacó la solidaridad de la gente que donó ropa, la atención del gobierno con los colchones y las frazadas. “Anoche comimos milanesas y gaseosa y hoy nos dieron un buen desayuno”, dijo la mujer.

María Candiotti es otra vecina de Puerto Viejo. Tiene 31 años y es madre de cuatro niños. “A la heladera la logró juntar uno de mis hijos en la mitad de la calle. Pero ahora está llena de barro”, dijo la mujer con los ojos llenos de lágrimas. “Perdimos todo, no tenemos nada y a ese lugar yo no voy a volver”. Juana Romero también pidió ayuda. La mujer, que ya crió a todos sus hijos y ahora vela por sus nietos destacó la asistencia que recibieron y pidió ayuda para continuar.

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