Las mismas cuentas pendientes un año después

ESTAMBUL (De un enviado especial).- Hace un año, otro ministro de Economía y el mismo presidente del Banco Central viajaban a Estados Unidos para ratificar en la asamblea del FMI que la Argentina pagaría su deuda al Club de París y a los bonistas en default.
Luego de la caída del banco Lehman Brothers y antes de nacionalizar las AFJP, el gobierno de Cristina Kirchner enfrentaba entonces su primer examen multilateral ante un FMI que recuperaba poder en pleno auge de la crisis global.

Y aunque el debate se haya trasladado de Washington a Estambul, las asignaturas pendientes no se modificaron para el Gobierno en estos 12 meses.

Aquel callado Carlos Fernández ratificaba entonces "la decisión política adoptada por el Gobierno de cancelar la deuda que Argentina mantiene con el Club de París", tal como lo había anunciado la presidenta Cristina Kirchner. Ya no afirmaba que se haría en un pago con reservas, como prometió la Presidenta, provocando nervios hasta entre sus más fieles funcionarios.

Acompañado por Martín Redrado, Fernández también buscaba cómo avanzar en el anuncio formulado el 22 de septiembre de 2008 por la presidenta de resolver la situación de los holdouts a partir de una oferta de tres bancos que hoy siguen buscando ese negocio.

Mientras tanto, el FMI señalaba que la inflación sería del 9,1%, pero advertía que "analistas creen que la inflación actual de la Argentina es considerablemente mayor que la cifra oficial". De este modo, incluía el dato del Indec, pese a la queja de los bonistas, aunque con ciertas reservas.

En ese momento, las estimaciones privadas de inflación rondaban el 22% anual, pero una visita de la cuestionada cúpula del Indec había logrado suavizar el reclamo del organismo multilateral, que también pronosticó que en 2009 la Argentina crecería el 3,6 por ciento.

En esta ocasión, le tocará a Amado Boudou, un ministro más locuaz que su predecesor, explicar la sinuosa estrategia de sinceramiento de las cifras del Indec. También reiterará su intención de saldar las deudas pendientes, como se hizo hace un año. A su lado, Redrado se prepara para exhibir con orgullo que, pese a la abundante salida de capitales del último año, el sistema financiero resistió "con solidez" la crisis, sin que fuera necesario apelar a una gran devaluación del peso.

Así, el presidente del BCRA que ya convivió en el poder con seis ministros de Economía, remarcará que desde enero la depreciación fue de un 25%, sin tanto ruido, como pedían los industriales.

En el inicio del último año de su mandato, Redrado buscará demostrar que, aún con sus limitaciones institucionales, la Argentina puede mantener cierta estabilidad monetaria, pese a que la confianza de sus ahorristas e inversores no haya crecido demasiado desde el triste período del 2001-2002.

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