Mismas costumbres

Ha pasado el tiempo pero daría la sensación de que nada cambia. Una vez más se vive el truécano y retruécano del precio del boleto plano para el transporte público de pasajeros. Una vez más el Intendente hace de actor político interesado en la sociedad al anunciar que "este año no habrá aumento del boleto".
Usar a la sociedad como justificativo de las peores mañas de la política para llenar los bolsillos de los actores públicos de turno no es nada novedoso. Y adviértase aquí que no digo poderosos, sino actores públicos de turno, que es bien distinto.

La insistencia del Concejo Deliberante en imponer la tarjeta magnética de contacto, aduciendo que hace falta incorporar nueva tecnología y sin establecer el esquema de financiamiento para dicha inversión, más la persistencia en aseverar que dicho sistema debe contar cuando menos con trescientas bocas de recarga conforme al flujo de pasajeros, afecta ignorar que la crisis del sistema está hoy, entre otros ítems, en la pérdida permanente de puntos de recarga por razones de inseguridad. Cuanto más alejada de las áreas comerciales está la boca de recarga, más sencillo es que el lugar en cuestión -polirrubro, locutorio, mercado barrial, etc.- sea objeto de los delincuentes que pululan en la ciudad.

Creo que es pertinente preguntarse: ¿realmente ignoran la concejal Verónica Hourquebié y quienes bailan a su decir esta situación? Pienso que no. Del mismo modo que el intendente GAP no ignora que la documentación habilitante a la construcción de un edificio en propiedad horizontal en Güemes y la costa está en correctas condiciones técnicas, pese a lo cual se sigue hostigando a la empresa constructora y ejerciendo una presión indebida desde el Estado municipal.

En tanto, los vecinos se preguntan el por qué de tanta desidia generalizada: cavas a cielo abierto en las que se arroja basura para luego quemarla; las obras del Paseo Dávila, que nadie sabe cuándo se van a iniciar en tanto la comuna se muestra indiferente a la presentación de los concesionarios del sector, que ofrecen hacerse cargo de las reparaciones… El motivo de tanta indiferencia es poder contratar a último momento bajo razones de necesidad y urgencia, tal como lo testimonian los gastos que se realizaron para la Copa Davis el año pasado.

Está claro que hay desesperación por la "caja". Hace unos días, unos contertulios no salían de su sorpresa por el tono de la discusión entre un dirigente político de Acción Marplatense y el gerente de Transportes 9 de Julio, Daniel Cura, en el café "La Fonte D’Oro" de Alem. Allí Cura señalaba en un tono poco amigable: "por culpa de ustedes ni al Gallego le podemos pagar". Efectivamente, la comuna le debe a la empresa que mal recoge las basuras de nuestra ciudad $44.000.000. Para los conocedores, un auténtico botín. Digo botín porque cuando el Estado debe semejante suma a un proveedor, empieza a funcionar otra lógica, que más o menos se expresa del siguiente modo: ¿cuánto vale para vos cobrar lo que se te adeuda? ¿Un 5, 10, 20%? ¿Cuánto? Un memorioso me relataba, a raíz de lo revelado en este espacio sobre lo percibido años atrás por Gustavo Arnaldo Pulti por votarle el estacionamiento medido a Russak, que la moneda cobrada para llevar adelante el malhadado proyecto estuvo bajo la custodia de Ricardo Palacios. El ex edil y próximamente con banca por otros cuatro años guardó por aquel entonces parte del botín de aquella espuria historia, unos ciento cincuenta mil dólares, en su departamento de Carlos María de Alvear 253, 3º A. Es decir: sólo los años pasan, porque las costumbres siguen siendo las mismas. A no dudarlo, diría aquí Mario Roberto.

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