La misma queja que suena en los oídos de Kirchner

El paralelo entre los problemas del Gobierno y los de la CGT es evidente, aún para los pingüinos más furiosos. "A Hugo (Moyano) le pasa lo mismo que a nosotros ¿reconoció ayer ante Clarín un secretario de Estado¿. Ahora va a tener que abrirse más, dialogar, consensuar".
Cerca de uno de los ministros que más contacto tiene con los gremialistas, hacían una evaluación sobre la manera de ejercer el poder del camionero: "Siempre se ocupó más de los suyos, de los camioneros, que de la CGT. Es lógico que ahora tenga que abrir el juego si quiere seguir al comando", explicaban.

No parece extraño, en todo caso, que si Néstor Kirchner y Hugo Moyano ataron su destino en los años de gloria, los aqueje ahora el mismo síndrome postelectoral tras la derrota del 28 de junio. A ambos les toca pagar facturas políticas.

Las quejas que hoy se oyen en la interna gremial contra Hugo Moyano son de un tenor muy similar a las que los peronistas le hacen a Kirchner y la oposición al Gobierno: una conducción individualista, sin diálogo, más interesada en el beneficio personal que en el del conjunto.

Kirchner se anticipó a los reclamos que sobrevendrían al cachetazo electoral y apuró su renuncia al justicialismo.

Moyano, en cambio, parecería querer resistir y seguir conduciendo la CGT del mismo modo, como si nada hubiera pasado. Por esa misma obstinación es que las críticas del resto del gremialismo van aumentando en decibles.

Era esperable que Luis Barrionuevo saliera desde su CGT disidente, apenas decretada la derrota kirchnerista, a reclamar la renuncia de Moyano a la secretaria general. Los "Gordos" e "independientes", en cambio, que comparten con el camionero la central obrera, esperaban gestos de contención que llevaran a la apertura de una nueva etapa. Nada de eso ocurrió. Y la tensión fue creciendo, hasta los amagues de ruptura de ayer.

Conscientes de que ni el poder propio ni el de Moyano es el mismo, en el Gobierno se encargaban de resaltar, ayer mismo, la buena relación que tienen "con todo el gremialismo".

"Nos vamos a encargar de que todos los sectores estén representados en el Consejo Económico y Social", afirmó un ministro a Clarín.

El problema es que también aquí, como ocurre con el diálogo político, hay muchos gestos contradictorios.

La semana pasada, que Cristina Fernández compartió con empresarios y sindicalistas en la Casa Rosada sólo hubo representantes del moyanismo.

Y si bien ayer, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, se reunió con la CTA para invitarla a sumarse al Consejo Económico y Social, hoy, cuando se reúnan los equipos técnicos para darle las puntadas finales al proyecto, los únicos gremialistas serán José Luis Lingeri y Juan Carlos Schmid, dos fieles al camionero.

Entre contradicciones y un futuro de apertura forzadas, Kirchner y Moyano resisten como pueden los vientos que ahora soplan en contra.

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