Las miserias que deja expuestas la epidemia de dengue.

La epidemia del dengue causa problemas, eso está claro, pero sirve para que los catamarqueños comprobemos la capacidad de nuestros funcionarios: desde los que ordenan tirar chatarra y basura a metros de las zonas más comprometidas; ministros que crían caballos y atienden consultorios en plena crisis sanitaria o una clase política que no le importa el problema. Vergonzoso todo.

Lo que los catamarqueños nos enteramos todos los días de las acciones, y las omisiones, del Gobierno provincial para enfrentar la epidemia del dengue o para reducir los problemas de diverso tipo que ocasiona, alcanzan y sobran para explicar porque se temió un impacto electoral negativo el domingo 8 de marzo, lo que derivó en el ocultamiento de los primeros casos conocidos de personas infectadas.

La capacidad de daño del virus que transmite el mosquito Aedes Aegiptys afecta la salud de las personas de distintas maneras, algunas hasta causarles la muerte, eso quedó comprobado, pero la epidemia causa verdaderos estragos en la imagen de una gestión de Gobierno y la de sus hombres, quienes ciertamente no dan "pie con bola" para enfrentar la problemática.

La falta de profesionalidad, junto con la irresponsabilidad y la desidia de muchos hombres de esta pobre gestión de gobierno que encabeza Eduardo Brizuela del Moral, han quedado expuestas con toda crudeza ante todos quienes tengan la voluntad de someterse ante semejante espectáculo; solo quienes responden a intereses mezquinos, con origen en diferentes sectores económicos y sociales, fácil identificarlos porque todos hacen negocios con el oficialismo, entre los cuales pueden incluirse a medios de comunicación y a la siempre funcional oposición variopinta, se animan a ocultar tantos desastres seriales transfiriendo toda la responsabilidad a la población. La idea estrafalaria de la funcionaria municipal Silvia Fedelli de "escrachar" a los vecinos que sacan sus basuras y chatarras a la calle tiene la misma lógica de las consideraciones hechas por el obispo Luis Urbanc quien hace recaer toda la responsabilidad de la solución en las acciones de los vecinos.

Contrasta tanto celo que ponen algunos, incluido Urbanc, Fedelli y mucha prensa complaciente claro, en recalcar la responsabilidad que le cabe a la población en la solución de la problemática del dengue con la casi nula mención que se hizo ante semejantes actos de irresponsabilidad de muchos figurones del Gobierno provincial, empezando por Eduardo Brizuela del Moral, que demoró dos meses en organizar una reunión de gabinete para tratar a fondo la problemática y tomar algunas medidas que después no se cumplieron acabadamente; de ahí para abajo cualquier cosa, las autoridades de Salud minimizando y ocultando todo, y hasta la misma Catalina Krapp aprovechando la oportunidad para embestir nuevamente contra el sector empresario, al que detesta como se sabe.

Pero a pesar de tantos males que trajo el dengue, sirvió para que los catamarqueños volvamos a comprobar la irresponsabilidad, peligrosa en este caso, de la secretaria del Ambiente, le siempre defendida por Brizuela del Moral, Nora Martínez.

Ahora a Martínez se le ocurrió combatir las posibilidades de propagación del mosquito transmisor, tirando las chatarras y la basura que se recoge de los barrios, sin ningún tipo de procesamiento obvio, nada menos que en la zona de La Aguada en el norte de la Ciudad, a metros de donde habitan miles de personas.

Lo descubrimos y lo denunciamos en Catamarcactual, sino el hecho hubiera permanecido oculto, igual que aquella travesura que a nadie le importó nada, menos al Tribunal de Cuentas, de contratarse y pagarse así misma un informe de impacto ambiental que aseveraba que en el departamento de La Paz habitan camélidos como llamas o vicuñas. Aquello, la verdad, es un chiste tonto comparado con la peligrosidad de esta última ocurrencia de la funcionaria cordobesa que a pesar de todo Brizuela del Moral defiende conservándola en el puesto.

La irresponsabilidad de habilitar un nuevo descomunal basurero en el norte de la Ciudad, reiteramos: a metros de donde viven miles de personas, es solo comparable con la irresponsabilidad de hacer sacar a los vecinos las chatarras y basuras a las veredas de sus domicilios para luego demorar días y días en recolectarla con camiones.

Fue una de las medidas dispuestas en la histórica reunión de Gabinete ampliado que encabezó Eduardo Brizuela del Moral cuando se preocupó por el dengue, pero hoy hace falta recorrer cualquier barrio para ver que esa medida casi no se cumple, porque los acopios domiciliarios de chatarras y basuras en las veredas esperan que algún día lleguen los prometidos camiones para retirarlos. Claro, los días de espera sirven solo para que perros y chatarreros se hagan un festín con tanta chatarra y basura al alcance de cualquiera.

Sirvió también la epidemia del dengue para que los catamarqueños descubramos que el ministro de Salud Juan Carlos Ferreyra, además de dedicar gran tiempo a sus estupendos caballos de paso peruano, dedica también su tiempo a atender en su consultorio particular en el Sanatorio Pasteur; no todos los días, pero si varios días al mes, los que se suponen debiera destinar a coordinar medidas para erradicar definitivamente la epidemia. Como él mismo diría: "Era una idea, no una obligación", o si, una obligación moral.

Sirvió para que toda la clase política se muestre tan distante como siempre de los problemas que afectan a los ciudadanos comunes. El caso del diputado Genaro Collantes es la mejor demostración. Tan dispuesto él a firmar proyecto generalmente intrascendentes como los pedidos de informes por los dichos de funcionarios del Gobierno nacional que cuestionan al catamarqueño o los que declaran día de tal o cual cosa a los que coinciden con los triunfos o conmemoraciones radicales, la epidemia del dengue no sirvió para que se luciera con algún proyecto decente.

Podría por caso haber elaborado un proyecto como lo hizo el legislador nacional demócrata Antonio Spezia, quien firmó un proyecto para solicitarle al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, para que fije un precio accesible en los repelentes e insecticidas, tal como se hace con otros elementos de la canasta básica.

La idea de Spezia es simple, teniendo en cuenta los intereses de una población y no los de un grupo político, se propone acabar la "viveza criolla" de los comerciantes que aprovechan esta situación lamentable del dengue para sacar una ventaja económica. No lo hizo Collantes, y tampoco ningún legislador de Catamarca.

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