“Hay que mirar el mundo, ver las necesidades”

El historiador afirma que Argentina no debe aislarse y debe aprender de cómo salió de la crisis del ’30 más rápido que Estados Unidos. Plantea que el gobierno debe apoyar a los privados.
El historiador José Ignacio García Hamilton, un representante del pensamiento liberal argentino, afirma que Argentina debería aplicar en la actual crisis una receta como la que le permitió, en la del ‘30, salir más rápido que Estados Unidos de los problemas: “En 1853 éramos el país más pobre y menos poblado de la región y en 60 años pasamos a ser los más ricos y la octava economía del mundo. Fue porque nos acoplamos, nos globalizamos y miramos al mundo, vimos qué necesitaba. Eso hay que hacer ahora”.

En diálogo con LA MAÑANA repasa la coyuntura y los parecidos con otras crisis e insiste en que en la Argentina tienen mucho peso las cuestiones culturales y, fundamentalmente, algunos paradigmas que se generaron con la reforma educativa de 1908. Está convencido de que en su libro «Por qué crecen los países», donde analiza las causas que ayudan a que las naciones se desarrollen económicamente, hay varias reflexiones aplicables a la actualidad.

“Los pueblos que se victimizan se convierten en abúlicos. Piensan que si alguien los ha sacado de la situación de felicidad en que estaban es ese mismo quien debe volver a llevarlos a ese paraíso en el que vivían. Así se convierte al fracaso en mérito, a la mendicidad en un derecho y a la violencia en un recurso contra la supuesta injusticia del sistema”, subraya.

Durante la charla, indica que la falta de respeto por las normas y las instituciones continúa siendo un problema sin solución: «Sigue el orgullo argentino por no cumplir la ley. La Constitución garantiza el derecho de tránsito y el Código Penal sanciona duramente al que corta un camino, pero para el 95% de los argentinos interrumpir una ruta es ejercer el derecho de peticionar. Entonces se termina imponiendo la costumbre en vez de la ley».

Sostiene que los gobiernos estables, que garantizan el respeto por la vida, los derechos y la propiedad de los habitantes son los que permiten desarrollos sustentables. “Esa es la clave, no se trata de dónde nacimos sino de qué valores generamos”, agrega.

Apunta que el gobierno debe apoyar a los privados y “no sacarles plata como hizo con la estatización de las AFJP. El Estado debe ayudar, pero yo también debo poner mi parte, colaborar, gastar menos y producir más”.

-Periodista: ¿Qué enseña la historia sobre una crisis como la actual?

-José Ignacio García Hamilton: Sin dudas hay que mirar la del ‘30 y no olvidar algunas cosas que a veces se confunden. Por ejemplo, el presidente Franklin Roosvelt llegó después de dos años del pico de los problemas y John Keynes recién llegó tres años después con su plan de intervención del Estado para motorizar la economía. Las mayores regulaciones, la necesidad de vender más, de ampliar los mercados llegaron después de que Estados Unidos se desbarrancara.

-P.: ¿Argentina tiene para aprender de lo que hizo entonces?

-J.I.G.H.: Sí. En 1853 éramos el país más pobre y menos poblado y en 60 años pasamos a ser los más ricos y la octava economía en el mundo. Crecimos porque nos acoplamos, nos globalizamos. Vimos lo que el mundo necesitaba y avanzamos. Así hay que actuar ahora, mirar al mundo. Además, el gobierno debe apoyar a los productores privados, no sacarle plata como hizo con la estatización de la Afjp Al contrario, debe devolverle recursos para que cuando la crisis se acabe -porque todas se acaban- salgamos más fuertes. De la del ‘30 Estados Unidos salió y salió más fuerte

-P.: ¿Qué tomaron los estadounidenses de lo que hicieron en esa década’

-J.I.G.H.: Ahora se debatió muy poco la intervención del Estado en la economía. Es que está en la memoria lo que ocurrió en el ‘30. Quedó por el cine, por la pintura y no quieren volver a repetirlo. Ahora, en cuanto llegó la recesión, la intervención fue más fuerte y más rápida. No se perdieron meses viendo si el Estado debía entrar o no.

-P.: ¿Cree que Argentina está volviendo a tomar la figura de la víctima, de la que habla en su libro?

-J.I.G.H.: En buena medida el crecimiento de los países depende de los valores. Se basa en gobiernos limitados que respeten los derechos, las propiedades y la vida de la gente. Hace un siglo se quiso homogeneizar a los inmigrantes y nació el mito de la víctima que anonada, que elimina la responsabilidad persona En Estados Unidos eso también pasó. Los pueblos que se victimizan piensan que si alguien los ha sacado de la situación de felicidad en que estaban es ese mismo quien debe volver a llevarlos a ese paraíso en el que vivían. Así se convierte al fracaso en mérito, a la mendicidad en un derecho y a la violencia en un recurso contra la supuesta injusticia del sistema n parte. El Estado tiene que ayudar, pero debo colaborar, gastar menos y producir más.

-P.: Siempre vuelve a las figuras de Alberdi y Sarmiento, ¿también los rescata en esta coyuntura?

-J.I.G.H.: Representa la libertad y la productividad; cambiaron una cultura colonial de tres siglos, modificaron una sociedad en la que el Estado era más importante que el individuo, terminaron con el odio al extranjero. Demostraron que los valores culturales sirven para crecer, que hace falta mirar el mundo, ver cuáles son las necesidades. Con la gran crisis del ‘30 (Hipólito) Yrigoyen comenzó con los cambios. Puso control de cambios, eliminó la convertibilidad -no por razones ideológicas sino porque no había dinero-, creó el impuesto a las ganancias por única vez. Se puso en marcha el Banco Central y la Junta Nacional de Granos. Se firmó el controvertido pacto Roca-Runciman. En lo personal creo que ese acuerdo nos permitió vender lo que teníamos, acoplarnos al mundo. Veníamos del liberalismo pero el mundo cambió y en la Argentina empezó la dicotomía, la oposición de sectores nacionalistas a algunas medidas.

-P.: La sociedad argentina critica duramente a los políticos y establece una distancia con ellos, ¿tenemos los gobiernos que nos merecemos?

-J.I.G.H.: Pienso que sí. Es así en todos los países del mundo, salvo los casos de violencia o coacción. Aunque hasta las dictaduras suelen tener un basamento social. por ejemplo, Mussolini llegó por la fuerza con la marcha sobre Roma, pero llamó a un plebiscito y lo ganó por más del 80% de los votos. Pienso que, en general, los países tenemos los gobiernos que elegimos. También es cierta esa frase de que «los pueblos tienen los gobiernos que se les parecen». La clase dirigente es parte del país.

-P.: Al ex presidente Duhalde le gustaba decir que «Argentina está condenada al éxito», ¿Cree que de persistir todas las características que critica, está condenada al fracaso?

-J.I.G.H.: No creo que estemos condenados a nada. Son frases arbitrarias. Los pueblos que trabajan y se esfuerzan llegan al éxito, lo mismo en el plano individual, salvo coacción externa. Pero los milagros, en el sentido religioso, no existen en el plano económico. Si se trabaja se obtienen resultados; fue el caso de la Argentina entre 1853 y 1920, y es el caso de pueblos como el irlandés, el español o el neocelandés. Hoy es más fácil crecer que no crecer. Hay que equivocarse mucho con las instituciones para que no haya desarrollo.

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