Mirando por la ventana que da al Brasil

Por Fernando Gonzalez

No hay encuestas al respecto pero uno tiene la sensación de que la mayoría de los argentinos se alegraron por la decisión de darle la organización de los Juegos Olímpicos de 2016 a Río de Janeiro. Felízmente, aquella tensión cimentada en la histórica rivalidad futbolística y en una absurda pulseada geopolítica por ver quién era el verdadero líder regional parece haber quedado atrás.

Sobre aquella puja de las décadas pasadas, crece en muchos argentinos una sana envidia por el nacionalismo sin retórica; la autonomía industrial; la apertura hacia el mundo; la capacidad de consenso político y la diplomacia de largo plazo que hace de Brasil un país más próspero, confiable y respetado a nivel mundial que la Argentina.

No es que no tengan problemas. Brasil sigue teniendo inseguridad, narcotráfico y niveles de desigualdad social que le cuesta muchísimo superar. Pero desde la restauración democrática impera en ese país un marco de racionalidad política y económica que les ayuda a superar las crisis y salir más fortalecidos de ellas.

Para quienes aborrecen de los espejos que para la Argentina puedan representar los países más desarrollados de Norteamérica y Europa, el ejemplo de Brasil es una ventana que nos muestra a un vecino regional, por la que entra una brisa de aire fresco y absolutamente renovador.

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