En la mira

Con un inquietante pasado de hechos de violencia, un comerciante fue detenido tras dispararle a un peatón, por una simple cuestión de tránsito. Miembro activo de los Foros de Seguridad, se constituye en un protegido evidente: detenido en Balcarce para que esté "cuidado".
"Allá afuera todo el mundo va armado" dice Andrés Calamaro, que no vive en esta ciudad, pero podría. Días atrás, un escándalo vino a redondear el clima alterado que se vive en las arterias céntricas, cuando un comerciante de la zona dobló velozmente la esquina de Rivadavia y Corrientes, y no estuvo dispuesto a escuchar que el peatón damnificado por la maniobra le dirigiera un insulto. En el acto, se detuvo y extrajo de su vehículo un arma de puño calibre 40, catalogada como arma de guerra, y simplemente le disparó, aunque algunos dicen que antes le había aplicado un culatazo. La suerte estaba aquel día del lado del joven Alfredo Pernía, la víctima, que atravesaba la calle rumbo a su primer día de trabajo en una casa de ropa de la zona. Porque el proyectil atravesó solamente su oreja, y luego hizo lo mismo con la vidriera de la confitería Jockey Club que se encuentra en esa esquina. Como la buenaventura seguía del lado de todos los presentes a esa hora en el local comercial, la bala siguió su recorrido sin lesionar a nadie -porque en la zona no había mesas ocupadas- y vino a incrustarse en la puerta del baño de hombres.

El agresor, Rubén Alberto Delatore no estuvo conforme con los resultados, cuando ya el joven Pernía -que había entendido la violencia de la situación- estaba en cuclillas contra un auto. Por eso volvió a ponerse en posición de tiro dispuesto a darle el disparo definitivo. En ese momento, un prefecto de civil que se encontraba en la zona lo redujo, logró desarmarlo, y lo detuvo.

Como corresponde por la ubicación del incidente, Delatore fue conducido a la Comisaría 1ª, y fuentes confiables aportan datos precisos acerca de la encendida discusión que pudo verificarse en el lugar. Se dice que el jefe distrital, el comisionado Osvaldo Castelli -el mismo que acaba de anunciar que el delito en la ciudad ha disminuido en un 33%-, consideró oportuno que el autor de los disparos fuera mantenido en un cuarto, y no en el calabozo. Por su lado, las autoridades de la policía, es decir los comisarios, opinaron que el comerciante debía de ser tratado como cualquier otro ciudadano, y preservado en las dependencias previstas para los detenidos. De allí que finalmente, y para partir las diferencias, el feliz poseedor de un arma de guerra y una camioneta Toyota Hilux haya terminado detenido en Balcarce, donde al parecer podían garantizar su bienestar.

Patoteros

Delatore no es en realidad un vecino cualquiera. Es el propietario de un local gastronómico situado en las calles San Martín y Buenos Aires, que se llama Lord Sandwich, y ya ha dado lugar a numerosos incidentes. Algunos vecinos y comerciantes cercanos han indicado que allí se vende bebida alcohólica durante toda la noche, lo cual está expresamente prohibido por la ley, y algunos afirman que además se expenden sustancias ilegales.

No está de más agregar que en este momento, la Comisaría 1ª está a cargo de José Luis Sánchez, quien en entrevista exclusiva con la 99.9 fue sumamente impreciso acerca de la situación de este detenido de 49 años. Dijo que Delatore se encontraba en la vecina ciudad, porque allí "había cupo", lo cual parece un argumento bastante endeble para justificar el traslado. Y que no podía aseverar que los rumores acerca de antecedentes de violencia fueran ciertos, ya que aún no le habían llegado las fichas verificadas desde La Plata.

Sánchez afirmó que el comerciante efectivamente contaba con un permiso para la tenencia del arma utilizada, y que además estaba autorizado a su portación. Inmediatamente especificó que, aunque se tratara de un arma de guerra, podía registrarse cumpliendo los requisitos, pero no era tan sencillo estar habilitado para desplazarse por la ciudad armado. Este medio realizó su propia requisitoria, y está en condiciones de poner en duda las palabras del comisario Sánchez: Delatore no tenía permiso de portación para un arma de altísimo nivel de peligrosidad.

¿Quién es entonces Rubén Delatore para tener semejantes privilegios? ¿Un forista más, altamente protegido por cierto sector de las fuerzas de seguridad?

Por más que sus antecedentes no hayan salido a la luz oficialmente, una investigación periodística permite demostrar que ya en 2003, su nombre estuvo registrado al menos una vez en la Comisaría Casino, y por una denuncia que pasó por las manos del fiscal Oscar Deniro.

Sucedió que en una noche de diciembre, dos agentes del entonces vigente Comando Radioeléctrico que se encontraban en la zona céntrica pudieron percibir que en el local Lord Sandwich se estaba llevando a cabo una pelea, y se apersonaron allí. Verificaron que un grupo de personas salía corriendo del sitio, y su propietario esgrimía en la mano una campera Nike como incitándolos a la pelea. En ese momento, los policías se situaron en la puerta para evitar un encuentro entre los protagonistas del pleito, cuando el mismo dueño los sorprendió echándoles gas paralizante en la cara, lo que los dejó sin visión y le causó -a uno de ellos- una hemorragia de la conjuntiva que fue oportunamente certificada por el médico de la policía. Ambos tuvieron problemas respiratorios y de estabilidad general.

En el acto llegaron allí otros efectivos al mando del subcomisario Gabriel Mario Fiszbein, quien se reunió a dialogar con Delatore. "Quiero que les hagas una causa por incumplimiento de los deberes de funcionario público", dijo en la oportunidad el dueño refiriéndose a los dos policías que estaban en ese momento fuera de toda acción por los efectos del gas, Miguel Morganti y Pedro Barz. Fiszbein inmediatamente los enfrentó pidiéndoles sus datos, y agregó: "Ustedes dos están pintados, deberían haber intervenido". Ellos procedieron a radicar la denuncia.

Otos agentes que intervenían en el mismo procedimiento pudieron ver que, en ese momento, un grupo de personas consumía cervezas en el hall del edificio lindero, por lo que intentaron disuadirlos. "No me espanten la clientela", les dijo entonces Delatore, ante lo cual la misma policía tuvo que comenzar por rendir explicaciones acerca de lo que estaba permitido hacer en la vía pública y lo que no. De todas maneras, él ordenó que se detuviera a un cliente que se encontraba allí comiendo un sándwich, aduciendo que le había pegado.

El dueño de todo

No debería entonces sorprender que en 2009, Delatore se mueva con impunidad como si fuera un sheriff del Far West. Cuando acontecieron los hechos de 2003, él ya había participado en dos episodios anteriores vinculados con lesiones, y protagonizaría otro en 2004.

Pero esto tampoco es todo. Auque el marco de silencio que rodea la situación parece infranqueable, se ha podido dar forma al rumor que indica que agredió a un cuidacoches a principios de este año.

No es la primera vez que se ponen en foco las consecuencias de honda raigambre política que rodean el funcionamiento de los llamados Foros de Seguridad, organizaciones civiles que procuraron fiscalizar el funcionamiento de la policía. Pero quizá sea la hora de discutir cuáles son las cargas de poner en cualquier ciudadano semejante poder, que lo hará constituirse en eslabón central de alianzas y enfrentamientos internos entre los sectores que deciden -siempre a medias- sobre las medidas para mantener el orden. Lo que sí es seguro es que nadie necesita que los comerciantes se desplacen a su antojo imponiendo su propia actitud violenta, cuando alguien los avala para empuñar armas de guerra sin autorización legal. O acribillando peatones en plena calle, cuando sólo queda, para salvarles la vida, un coletazo del buen destino.

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