Las minorías violentas ganan solo si la mayoría cede

Reclamos virulentos pero minoritarios imponen sus metodologías, y a veces la dirigencia política cede. Generalmente, se perjudica directamente a los ciudadanos, que quedan sin servicios. Ejemplos prácticos de la política mal entendida.
Hay varios casos que han preocupado en los últimos tiempos en Neuquén, anticipando una reacción que no parece saludable para el ejercicio de una democracia plena.

El primero, ocurrió en Zapala hace unas semanas. El intendente, Edgardo Sapag, "resolvió" una toma del edificio comunal por parte de un grupo de manifestantes organizado por ATE, declarando directamente el asueto administrativo.

Lo mismo –o parecido- ocurrió en Andacollo. El lunes hubo asueto declarado por el intendente Daniel Muñoz, porque un grupo de sindicalistas protestó violentamente ante el despido (avalado por la Justicia) de un empleado.

En estas dos ciudades, el remedio para enfrentar la enfermedad fue enfermar al conjunto: la gente se quedó sin servicio no ya por el éxito de una protesta gremial, sino por la prevención de esa protesta decidida por el poder político.

En el barrio Confluencia de la capital neuquina, una acción de vandalismo incalificable destruyó y saqueó el edificio donde funcionaba una dependencia municipal del plan Comer en Casa.

La “solución” que encontró el Estado municipal fue abandonar el predio “coyunturalmente”, hasta que las cosas se calmaran.

Ahí está el edificio, sin vidrios en las ventanas y sin puertas, y sin nada adentro, obviamente.

El hecho ha causado tanta indignación en algunos políticos ahora de la oposición –como el concejal Marcelo Bermúdez- que están impulsando la “recuperación civil” del edificio. “Lo vamos a ocupar nosotros. Si es necesario poner seguridad privada, la pondremos”, aseguró, temerario, el concejal.

De seguir en este camino, la mejor manera para enfrentar una huelga docente sería cerrar las escuelas. Si paran los bancarios, cerramos los bancos. Y si hay paro en el hospital, pues no habrá hospital para nadie.

De última, cerramos también la provincia, así no tenemos más problemas sociales.

Rubén Boggi

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